Lo que el viento se llevó, un clásico sureño

La novela de Margaret Mitchelles uno de los clásicos que se han llegado a convertir en Best-Seller. La autora, ganadora de un Premio Pulitzer, nos cuenta con romanticismo y nostalgia la historia de una familia sureña de Atlanta que sufre la Guerra de Secesión. Muchos temas se ponen de manifiesto, entre ellos el racismo, la esclavitud, el progreso, el rol de la mujer o las relaciones maritales. Una ingente obra que ya forma parte de la épica norteamericana.

Idealismo romántico y nostalgia hacia la vida sureña de antaño. Adaptación para el cine de Victor Fleming (1939).

Si algo tienen las grandes sagas son su permanencia. Lo que el viento se llevó, escrito por la norteamericana Margaret Mitchell no es sino una de las obras que ponen los pilares sobre los que se erige la civilización de los Estados Unidos. Una declaración de intenciones, vamos. De tradición puramente cristiano-calvinista, el apego a la tierra se torna el motivo principal de la novela. La roja tierra de Tara es la razón de las luchas y contradicciones de la protagonista principal, que pasará de ser una ingenua chiquilla a la jefa de un matriarcado. La novela empieza con una coqueta Escarlata O’Hara en la ciudad de Atlanta, protegida dentro de los marcos de la plantación paterna, durante los albores de la Guerra de Secesión. Los hombres son llamados al frente, entre ellos su adorado Ashley, del que estará enamorada durante toda la novela.

En 1937, Margaret Mitchell recibió un Premio Pulitzer por tal exaltación romántica de la “historia” de los Estados Unidos. Lo que el viento se llevó (Gone with the wind, en su versión inglesa) se convirtió rápidamente en un best-seller traducido a más de 30 lenguas. Podríamos hablar sin cansarnos de todas las cuestiones que la autora pone sobre la mesa con esta ingente novela, la primera y la última de Mitchell, que murió en un accidente de tráfico. Sin embargo hemos de centrarnos en las que creemos son las más importantes. Ya te hemos citado el apego a la tierra, hecho que dentro de la cultura norteamericana ostenta el pavellón principal de su conciencia colectiva. Una tierra que es necesario conquistar y domesticar. Al mismo tiempo, un apego a la naturaleza como única fuente de beneficios seguros. La tierra es la única que no puede darnos la espalda, por eso es tan valiosa.

Margaret Michell, la autora

El rol de Escarlata como mujer es manifiestamente independiente, si bien su amor por Ashley será su condena eterna. Una de las cosas más interesantes de este personaje es su irreverencia y su falta de perfección. Un ser extremadamente bello pero muy lejos de ser la encantadora jovencita llena de virtudes que se espera de una obra romántica. Escarlata es presumida, caprichosa y necia en ocasiones. Pero también es luchadora, apasionada y con determinación. Es precisamente este torbellino de indentidades superpuestas lo que espanta a Ashey (casado con la prima de Escarlata, Melania, un cúmulo de piedad y serenidad) y lo que atrae fatalmente a Rhett Butler, su marido.

La roja tierra de Tara, la base ideológica de la novela.

La novela fue un tanto escandalosa para las puritanas mentes de los años 30 y40, que no veian con buenos ojos una relación tan destructiva como la de Escarlata y Rhett. En concreto aquello que les molestaba era una escena de violación marital en la que ella finalmente claudica a los requerimientos sexuales de su marido cuando éste, en un alarde de animalidad testosterónica, la coge en brazos y la conduce a su alcoba. Pero, una vez más, Mitchell huye del estatuto victimista que se espera de una mujer y hace que, al amanecer, Escarlata se despierte de excelente humor. Aliviados sus bajos instintos, la mujer vuelve a sonreir.

A posteriori, temas como el racismo o el tratamiento épico de la historia americana han traido mucha cola. Lo que se le puede reprochar a Mitchell es el idealismo y la nostalgia con la que retrata el status quo de aquellos que eran esclavistas. Los negros, lejos de ser insultados en la novela, son tratados con un extremo paternalismo. Son retratados como seres nobles y virtuosos que, no obstante, son incapaces de ser libres. Como vemos, una reivindicación a ultranza de un viejo orden esclavista que ni siquiera contempla las atrocidades cometidas por los patrones contra sus esclavos. El Ku Kux Klan está retratado casi como una guerrilla de resistencia al asedio yanqui. Una visión totalmente partidista del devenir de la historia que no puede funcionar como decálogo objetivo per sí como el legado de un sentimiento de clase y una visión del mundo concreta y real.

Todavía hoy es interesante comprobar los mecanismos nostálgicos que operan en el recuerdo hacia un pasado mítico de la historia norteamericana.

Margaret Mitchell por Al Aumuller en Wikipedia

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