Rebelión en la granja de George Orwell

En la granja del señor Jones, los animales se rebelan contra la explotación a la que están sometidos. Planean salir de su miseria apoderándose de la granja, aprendiendo a leer y mejorando la forma de organización. Los cerdos lideran las mejoras, pero tras pasar la tormenta de la revuelta, el horizonte que asoma no era tan limpio.

Una llamada a la revolución

Una llamada a la revolución

En momentos en los que puede resultar complicado exponer abiertamente unas ideas, resulta interesante, e inteligente, recurrir a un disfraz de inocencia y sutilidad, con el que cubrir esas sentencias punzantes. Dicen que lo más entrañable e inofensivo son los niños y los animalitos, capaces de evocar sentimientos de ternura en casi todos los adultos.

George Orwell quiso, en su época, alzar una voz firme contra un modelo de sociedad que consideraba nefasto para el ser humano. Probablemente no fue por miedo a las represalias, sobre todo conociendo lo peculiar de la biografía del escritor inglés, pero convirtiendo en protagonistas de su novela a un montón de animales de granja, adornaba lo suficiente su denuncia como para hacerla accesible a todo tipo de lectores.

Su intención era realizar un llamamiento a la lucha, a la desconfianza, contra el socio soviético de las naciones de la Europa occidental. Desde su óptica no se podía callar ante el exterminio masivo que el gobierno de Stalin estaba llevando a cabo en su propio territorio y en los que mantenía ocupados en el este tras el reparto que siguió al fin de la segunda guerra mundial.

Rebelión en la granja recrea en sus páginas todos y cada uno de los hechos centrales de la historia soviética de la primera mitad del siglo XX. La revolución de octubre, la toma del poder por el grupo de Lenin, la posterior ascensión de Stalin, las grandes purgas y la derivación de un modelo comunista a uno dictatorial. Esa secuencia histórica se reproduce a escala en la granja, ocupando cada uno de los animales un papel en la historia.

Primero logran hacerse con el control de la granja, echando a los humanos que los explotaban a todos y cada uno de ellos. Sientan las bases de su nueva organización en una serie de asambleas, pero en seguida se ve que son los cerdos los que toman la dirección de la nueva situación. No hace falta entrar en mucho detalle sobre este simbolismotan claro elegido por Orwell.

Cada animal asume su rol para mantener la granja productiva, pero las cosas empiezan a cambiar. El poder comienza a corroer las bases de la revuelta que habían llevado a cabo. Surgen los enfrentamientos entre los propios cerdos y uno de ellos resulta perdedor, obligado al destierro y acusado de colaborador de los humanos. Con el paso de los días, resulta complicado saber cuándo estaban peor los sufridos animales, que contemplan, con tristeza, como los cerdos ocupan la mesa donde antes comían los humanos.

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