Paco Roca y ‘El invierno del dibujante’

Juan Bruguera dirigía la editorial El Gato Negro desde que la fundó en 1910. En 1933 murió, haciéndose cargo de la misma a sus hijos, Pantaleón y Francisco Bruguera. Estos, en 1940, cambiaron el nombre a la editorial, pasando a decir Editorial Bruguera. Los hermanos Bruguera consiguieron que la editorial, como es sabido, con sede en Barcelona, ​​se convirtiera en un referente ineludible del mundo de la historieta, no sólo en España, sino también en Europa, gracias en parte a la revista de historietas Pulgarcito, lo vio nacer, entre otros, en Las hermanas Gilda, Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, Don Pío, Carioca y El reportero Tribulete.

Paco Roca nos acerca los dibujantes en la dictadura de Franco

Paco Roca y su novela gráficaEl invierno del dibujante‘ (Astiberri, 2010), nos lleva a finales de la década de los cincuenta, cuando cinco de los autores más importantes de Pulgarcito fundaron Tío Vivo, siendo esta la primera revista de historietas dirigida por sus creadores. Una empresa como Bruguera veía como algunos de los autores más destacados querían apropiarse de sus personajes, y dirigir su propia revista, mostrando una clara voluntad de romper con la vida de dibujante al estilo del clásico oficinista que vivían en Bruguera.

Pulgarcito era una de las puntas de lanza de la editorial. Primero con Gato Negro, de 1921 a 1939, y una vez volvió a salir a la calle, en 1947, editada por Bruguera, vio nacer algunos de los nombres míticos del cómic español. Josep Escobar, Francisco Ibáñez, José Peñarroya, Carlo Conti y Guillermo Cigré, cansados ​​de la rutina y de las exigencias (bien pagadas) de Bruguera, sobre todo la que obligaba a ceder los derechos de los personajes, fundan Tío Vivo en 1957. DER (Dibujantes y Editores Reunidos) era la editorial, fundada por ellos mismos. Los jefes de Bruguera no aceptaron esta decisión.

Si hoy en día, iniciar un proyecto propio es bastante complicado, nos podemos imaginar como lo deberían pasar los cinco dibujantes. La valentía para iniciar un sueño era bastante admirable. Que fuera bien, no dependía sólo de él. El proyecto era inadmisible a ojos de Bruguera, la editorial del cómic por antonomasia no estaba dispuesto a aceptar ni que se demostrara que los autores podían llegar a ser independientes ni la competencia de otra revista creada y editada por cinco de sus grandes asalariados. Escobar y Ibañez encabezaban a una serie de autores de historietas que a través de la viñeta conseguían olvidarse del mundo sin desconectar de la realidad, ofreciendo unas tiras cómicas con las que se reían de todo y ofrecían en todo el país un espacio para la palabra sentido: sentido del humor, sentido común, e incluso, sentido a la vida.

Con rigurosidad y realismo, Paco Roca nos acerca a unos años donde todo parecía imposible, donde el mundo parecía, más que nunca, haber perdido el norte. Aunque posiblemente es una sensación que día a día no parece marchar nunca, ser un artista como lo eran los citados dibujantes, y vivir, sentir y sufrir un panorama en todos los niveles tan desolador como es el impuesto por un dictador, es una vivencia que quizás sólo puede explicar quien lo vivió. Sin embargo, Roca lo hace y nos adentra de lleno en unos años donde también habían personas que soñaban, y que a pesar de estar en las alcantarillas como todo el mundo, tenían la audacia, espíritu y fuerza de mirar hacia las estrellas. Y seguramente, este fue su triunfo.

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