Los fugitivos, Alejo Carpentier y lo real maravilloso

Antes de que el Realismo mágico de García Márquez o Vargas Llosa explotase en todo el mundo, otros autores habían sentado sus bases. Uno de los más importantes en este sentido fue el cubano Alejo Carpentier, que, en ‘Los fugitivos’, plantea un cuento simbólico sobre la libertad desaprovechada.

Aunque en Europa eclosionó de forma repentina, el Realismo mágico hispanoamericano no nació por generación espontánea. Muy al contrario, antes de que, en los años sesenta, García Márquez o Mario Vargas Llosa adquiriesen su estilo característico, otros novelistas habían sentado las bases para ello desde mucho tiempo atrás. Muy importante en este sentido es la llamada “novela indigenista” de principios del siglo XX.

Pero mayor relevancia aún reviste la labor de algunos escritores que, en la década de los cuarenta de esa centuria, otorgan en sus textos gran importancia a la idiosincrasia hispanoamericana y a las peculiaridades históricas que el subcontinente atravesó. Entre ellos, es fundamental el trabajo del guatemalteco Miguel Ángel Asturias o del peruano José María Arguedas.

Alejo Carpentier nació en La Habana (en la foto)

Alejo Carpentier nació en La Habana. En la foto, el Capitolio de dicha ciudad.

Pero más importante aún lo es la del cubano Alejo Carpentier (La Habana, 1904-1980), que acuñó el concepto de “lo real maravilloso” en el prólogo a su novela ‘El reino de este mundo’. Esta obra se desarrolla en el Haití del siglo XIX, en el que conviven algunos principios racionalistas traídos por la Revolución Francesa –entonces era colonia gala- con las más atávicas e irracionales creencias mágicas. Y es que ese pequeño país simboliza a la perfección la simbiosis entre lo maravilloso primitivo y las tesis llegadas desde Europa que constituye la cultura hispanoamericana.

En la esclavitud, que ha influido de forma poderosa en la conformación de la idiosincrasia del subcontinente, se basa el cuento titulado ‘Los fugitivos’. El protagonista es Cimarrón, un esclavo negro que, harto de sufrir malos tratos, se escapa del ingenio donde trabaja. Al darse cuenta, los capataces sueltan los perros para darle caza pero uno de ellos -al que Carpentier denomina simplemente Perro y convierte en una persona más del relato– opta por convertirse en fugado al lado de Cimarrón. Sin embargo, éste comienza a comportarse de forma brutal, desperdiciando así la libertad recién adquirida y ello disgusta a Perro.

Finalmente y tras varias vicisitudes, Perro, que a fin de cuentas es un animal, obedecerá a sus instintos. Se trata, en suma, de un relato simbólico sobre la libertad desperdiciada y la fuerza de lo instintivo. En sus últimas obras, Carpentier se desligó un tanto de lo maravilloso para caer en una escritura barroca. Pero su contribución al desarrollo del Realismo mágico ya estaba realizada y el escritor quedará, además de como un gran novelista, como uno de los autores que más aportó a la conformación esta importante tendencia literaria.

Fuente: Fundación Alejo Carpentier.

Foto: Pablo/T.

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