‘Cara de luna’, de Jack London

‘Cara de luna’, de Jack London es un cuento que opone los caracteres de un narrador envidioso y odioso frente a su vecino un granjero trabajador, simplón y bonachón. El trinufo del personaje odioso sobre el trabajador de buena actitud muestra que el trabajo sigue siendo un valor líder en la sociedad capitalista americana, mientras la envidia solo genera perjuicio para el bienestar colectivo.

Jack London

Jack London

Jack London (Estados Unidos, 1876-1916) fue conocido por obras sobre animales como ‘colmillo Blanco’ y ‘la llamada de lo salvaje’, sin embargo su cuento ‘Cara de luna’ es un relato sobre el odio malsano entre un hombre taimado y un hombre bonachón y feo, cuyo único error es reír abiertamente frente al otro. En este cuento, los animales son utilizados como medio para entristecer y matar al alegre y optimista John Claverhouse, con una perra amaestrada para correr que le distrae al momento de usar la dinamita.

El narrador lo odia tanto que mata a su perro, quema sus cosechas, arruina su hipoteca y finalmente le regala la perra que lo llevará a su muerte al pescar truchas con dinamita. El uso de los animales para la maldad recuerda el cuento ‘el Gato negro’ de Edgar Alan Poe, pero con mucho menos habilidad que el maestro del suspenso y terror. El narrador cuenta como se desespera al ver resplandecer la cara de Claverhouse como luna nueva, oír su estrepitosa carcajada y verlo feliz cada día a pesar de todo lo que le pasa.


La dinámica del odio

Jack London

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El odio del narrador por John Claverhouse es gratuito, pues este nunca le ha hecho ningún daño directo ni intencional. El odio tiene progresión en intensidad, primero por el aspecto feo de Claverhouse, su cara de luna, su chabacanería, el hecho de oírlo feliz por 20 años seguidos. Luego lo odia más por verlo feliz luego de cada conspiración que le dedica contra su buena fortuna. El odio se vuelve la obsesión por el crimen perfecto, el de amaestrar a la perra Belona para que corra y ponga en peligro a Claverhouse.

Lo que el narrador odia es el resplandor de felicidad y la configuración de luna que adquiere el rostro de Claverhouse. El odio al satélite recuerda el tópico literario de la envidia recreado por la metáfora del perro que ladra a la luna porque no la puede alcanzar. Claverhouse está descontaminado de toda mezquindad, pues su alma campechana y su aire ramplón no le dejan albergar sentimientos negativos hacia terceros, ni siquiera sospecha que su alegría pueda generar el odio del narrador.

El narrador duerme tranquilo desde que Claverhouse muere porque el juez dictamina “muerte accidental durante pesca ilegal”, sin sospechar que él lo planeó todo. No solo hay odio sino desprecio por el otro, al que juzga inferior por su fealdad, pero envidia por su espontánea alegría. Jack London fue un narrador de aceptable habilidad, si bien trata de imitar a Poe, lo que hace más es mostrar las acciones que decirlas, en cambio Poe sabía balancear el showing and telling para no saturar ni aburrir al lector.

La aceleración de la maldad
Jack London llena de acciones el desenlace como tratando de salir rápido de este cuento, para eso Claverhouse es un personaje pasivo que recibe todo lo que le cae sin oponer resistencia. Cuando más se acerca el final, se nota cierta precipitación en escribir lo que es una enumeración de maldades, aceleradas en intensidad. Las últimas acciones que vienen juntas parecen salidas de los Looney Tunes de Warner Bros, como una guerra entre el Coyote y el Correcaminos, o Silvestre y Tweety.

Aclaro que con este comentario no resto calidad ni a London ni a estos dibujos animados que han entretenido a tantas generaciones; solo hago el símil de cómo están presentados los atentados contra los bienes e integridad de Claverhouse con la forma en que se disponen las acciones de enfrentamiento de los personajes de estas series cómicas. El desenlace es predecible porque el narrador lleva a Claverhouse a una trampa mortal, donde de paso mata a la perra que compró para este hombre.

Este cuento recuerda otro relato sobre odio gratuito ‘Confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II’, de Charles Dickens, donde el narrador relata como mató a un niño que creía lo desafiaba con la mirada. Vale decir que el cuento de Dickens es mucho más intenso en presentar el aspecto larvado del odio que siente un militar retirado por su indefenso sobrino, donde el aire de emoción malsana se revela por la confesión, y la sanción del relato es consecuencia de las acciones cometidas.

El crecimiento de la envidia
El narrador personaje y John Claverhouse son vecinos por un tiempo de 20 años. En el relato se desconoce la ocupación del narrador, por como relata su hazaña de llevar a muerte a su vecino, parece que tenía suficiente tiempo libro para contemplarlo y estar pendiente de él. El narrador personaje no debía tener una posición muy ventajosa ni un puesto importante que ostentar. Claverhouse es granjero, antes de ser arruinado por el sabotaje vive de su ganado, los granos y las cosechas, que son su trabajo diario.

Claverhouse está retratado como el hombre común dedicado a la acumulación de capital, dispone de los elementos que generan su riqueza y la educación disciplinada para el trabajo de campo. El narrador podría ser un tipo ocioso, frustrado por no sobresalir en el mundo competitivo, sobre su envidia da el indicador de que a su vecino “todo le sale bien” y que ha llegado a odiar hasta el apellido de Claverhouse y la forma en que suena. De esta forma, la envidia y el odio crecen simultáneos en el relato.

La lectura del cuento sugiere una interpretación según el ensayo de Max Weber, ‘La ética protestante y el espíritu del capitalismo’, donde el sociólogo y economista alemán observa que en Estados Unidos de los colonos puritanos, se consideraba que el éxito en la actividad económica era señal de la salvación del alma, por creer en la predestinación de los bienaventurados. Considerando esta teoría, el envidioso y ocioso queda fuera de la sociedad capitalista, como un ser indeseable y perjudicial a ella.

Conclusión
En este cuento triunfa el odio contra la ingenuidad de un personaje campechano, sin embargo se deja sugerido la oposición de valores como el trabajo fuerte y la buena actitud con él, como no renegar jamás de las labores, y antivalores como la ociosidad del odioso que mira todo el día a su supuesto enemigo, engrosando su envidia. Este ser negativo puede triunfar contra el trabajador inocentón, pero al aniquilarlo, lo único que hace es diezmar la potencia de la sociedad capitalista americana.

Lectura del relato | ‘Cara de luna’, de Jack London en Librodot

Imágenes | JackLondonpark | Nndb

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