Cuentos en verso para niños perversos

Los cuentos infantiles tradicionales parten de la tradición oral y fueron recogidos en papel por el francés Charles Perrault. Roald Dahl revisita los géneros para transformar personajes y peripecias en algo moderno y sin contemplaciones, guardando toda la agresividad y violencia que esos cuentos contenían en su forma oral originaria. Los malos son menos malos… y los buenos, son también malísimos. Un libro apto para jóvenes y adultos.

<<¡Si ya nos la sabemos de
memoria!>>, diréis. Y, sin embargo, de
esta historia tenéis una versión
falsificada, rosada, tonta, cursi,
azucarada, que alguien con la mollera
un poco rancia consideró mejor para la
infancia…>> (La Cenicienta por Roald Dahl)

Portada del libro con ilustraciones de

Portada del libro con ilustraciones de Quentin Blake

Pese a la aparente beatificación de los cuentos populares por parte de la factoria Disney, no hace falta recordar la crueldad con la que se desarrolla cualquier cuento adaptado por Charles Perrault. Desde La Cenicienta hasta La Bella Durmiente, pasando por Barba Azul, Caperucita Roja o El Gato con Botas. En todos ellos, el protagonista es víctima de múltiples humillaciones y solo saldrá airoso si utiliza la astucia o el pillaje. No hay que olvidar que la mayoría de cuentos que hoy se le atribuyen al escritor francés no son más (ni menos) que adaptaciones en papel de los cuentos de tradición oral. Aunque una cosa está clara: los malos son muy malos y los buenos sufren demasiado.

Estos relatos orales que formaban parte del imaginario popular de la época, y que pasaron de generación en generación, eran mucho más violentos que su versión oficial en papel. Perrault se esforzó por dulcificar el carácter sórdido y picaresco de las historias. Sin embargo, en la base siguen siendo lo que son. Es en este punto cuando llegamos a la particular y moderna versión ofrecida por Roald Dahl en su libro Cuentos en verso para niños perversos. Lo que hace el autor no es sino ser consecuente con esta tradición oral, volviendo a la perversidad originaria y a un cierto carácter trovadoresco, que consigue gracias a unos versos llenos de ritmo y musicalidad.

Los cuentos suelen funcionar como una especie de parábola que debe enseñarnos una lección. Roald Dahl realiza un parodia de los postulados morales y anula el estatuto victimista de princesas y niñas desvalidas. El episodio de Caperucita Roja es de lo más ilustrativo: la niña acaba matando al lobo con un tiro en la cabeza y haciéndose un abrigo con su piel, sin que ningún cazador valiente venga en su ayuda. Cenicienta reniega de un príncipe posesivo que corta las cabezas de sus hermanas y pide al hada un compañero honrado… casándose así con un productor de mermerlada. Blancanieves, por su parte, se convierte en el ama de llaves del edificio donde viven unos enanitos adictos a las apuestas de caballos. Con tal de mejorar sus finanzas, roba el espejo mágico de su madrastra para que les prediga el caballo ganador. Sin principe y forrados de dinero, vivieron felices y comieron perdices.

Roald Dahl en 1954

Roald Dahl en 1954

Los géneros clásicos de los cuentos populares son revisitados por Roald Dahl para dotarlos de un realismo crudo acorde con los tiempos actuales. La violencia de género, el capitalismo y el consumo, el homicidio… son algunos de los temas que recorren el texto. La sátira nos muestra que, ni aquellos que tradicionalmente eran buenos lo son tanto (en reaidad, son peor), ni los malos son tan malos. Así, Caperucita roja es una psicópata francotiradora, Cenicienta pasa de los hombres, Blancanieves se hace rica en las apuestas y la madre de Juan el de la habichuela mágica es de todo menos maternal.

Foto del autor por Lybrary of Congress en Wikipedia

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