Demasiado caro, un relato humanista de León Tolstoi

León Tolstoi es, junto a Dostoievski, la máxima figura de la literatura rusa. Con el tiempo, además, desarrolló un ideario presidido por el ascetismo social. En Demasiado caro, presenta con humor una parábola crítica de los sistemas penales.

Las dos grandes figuras de la literatura rusa de fines del siglo XIX son, indiscutiblemente, Fiodor Dostoievski y León Tolstoi. Ambos pertenecen a lo que se ha llamado ‘Realismo espiritual’, caracterizado por plasmar hondas inquietudes humanas en moldes realistas.

Pero entre ambos existen igualmente profundas diferencias. Probablemente la más importante sea la solución que proponen a esas preocupaciones. Si en Dostoievski pasa por un cristianismo de tipo moral, en el segundo se orienta más bien a una suerte de ascetismo socializante, un igualitarismo que, probablemente, nace de una culpabilidad de clase.

Foto de un monumento a León Tolstoi

Medallón conmemorativo de Tolstoi en Donezk (Ucrania)

Porque en aquella Rusia pseudo-esclavista –la servidumbre no fue abolida hasta 1861-, León Tolstoi (Iásnaia Poliana, Tula, 1828-1910) pertenecía a la aristocracia terrateniente y pudo contemplar de primera mano la mísera vida de los campesinos. Quizá por ello, con el tiempo, desarrolló una ideología igualitaria que le llevaría a vivir en las mismas condiciones que sus servidores e incluso a pretender legarles sus tierras, algo que impediría su familia.

De este modo, Tolstoi se encomendó a educar a aquéllos y a desarrollar en sus escritos –al margen de sus dos grandes obras, Guerra y paz y Ana Karenina– una especie de catecismo social ilustrativo de sus ideas que, con el tiempo, le haría ser considerado en medio mundo como una suerte de mesías laico.

Sin embargo, no hay nada de laicismo en las tesis del pensador ruso sino más bien una interpretación del cristianismo primitivo, basado en la pobreza y en la solidaridad de los seres humanos.

Hay pocos temas de contenido social que no haya tocado Tolstoi. En el cuento titulado Demasiado caro, aborda un tema de candente actualidad en su época y que fue abordado por no pocos filántropos: la cuestión del castigo a los delincuentes.

Con indudable ironía, el escritor ruso cuenta una supuesta historia acaecida en el Principado de Mónaco: un reo de muerte no es ejecutado por el simple hecho de que traer un cadalso y un verdugo resulta muy costoso. Se piensa entonces en reemplazar la pena por la prisión perpetua pero también resulta caro. Así va desgranándose el relato hasta llegar a un sorprendente final.

Pese al humor que subyace en todo el texto, la intención de Tolstoi es muy seria: pretende ser una parábola destinada a hacer pensar al lector sobre la dureza e inhumanidad de los castigos que entonces se aplicaban al delincuente y el magistral estilo del autor ruso lleva el relato con mano maestra hasta su desenlace.

Podéis leer el relato aquí.

Fuente: El Taller Literario.

Foto: Medallón a Tolstoi: Jacky R en Wikimedia.

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