El hombre de la multitud, Edgar Allan Poe y su terror psicológico

Pocos escritores ha habido tan capaces de sondear los recovecos de la mente humana como Edgar Allan Poe que, en ‘El hombre de la multitud’, parece plantearnos una inquietante cuestión de terror psicológico: ¿y si el hombre anónimo que pasa a nuestro lado fuera un asensino?

Indudablemente, las urbes modernas son gigantescas comunidades de millones de personas de todo tipo donde, aunque se desee fervientemente, es imposible estar físicamente solo a pesar de que, en un sentido psicológico y sentimental, sean los lugares donde mayor soledad se puede sentir. Por ello, resultaría muy sencillo para un asesino pasar desapercibido entre la multitud mediante el mero acto de mezclarse con ella.

En esta idea parece basarse el norteamericano Edgar Allan Poe (Boston, 1809-1849) para escribir su relato titulado ‘El hombre de la multitud’, un texto poco conocido del genial narrador y en el que lo terrorífico, tan propio de su obra, pasa a un segundo plano. Claro que esto es así entendiendo este rasgo como el miedo a lo sobrenatural porque, realmente, este texto nos remite a otro tipo de terror.

'El hombre de la multitud' es un relato de Poe sobre el terror psicológico

'El hombre de la multitud' plantea al lector una cuestión de terror psicológico. En la foto, busto de Poe

Se halla, en ‘El hombre de la multitud’, en efecto, de otro tipo de inquietud: la inseguridad que nace de verse rodeado de una muchedumbre de personas entre las que, por qué no, puede hallarse un asesino. El miedo a las grandes aglomeraciones de gente está definido por los psicólogos desde hace bastante tiempo: se llama agorafobia. Y, en este sentido, el genial Edgar Allan Poe, que inició el relato policiaco y también el de terror tal como lo conocemos modernamente, es de nuevo un pionero del estudio de la conducta humana.

En ‘El hombre de la multitud’, el narrador se halla en un café londinense –Londres era la ciudad más poblada de su tiempo; la localización del texto no es, por tanto, gratuita- observando pasar a la gente. De pronto, se fija en un anciano que despierta su interés a causa de su perverso rostro y a que parece llevar un puñal bajo su abrigo y decide seguirlo. Después de toda una noche tras sus pasos, comprobando su extraño pero nada delictivo comportamiento, abandona sus pesquisas y reflexiona acerca de lo que mueve su conducta: se niega a estar solo, probablemente, porque, entre la anónima muchedumbre, su torturada conciencia de criminal se distrae.

Además, quizá sea mejor para su perseguidor no poder discernir lo que se oculta en el fondo de esa persona. Por otra parte, como decíamos, se trata de una reflexión sobre la soledad pero, aunque no lo parezca, también es un relato de terror psicológico, pues nos deja un inquietante mensaje: ¿quién nos asegura que el que pasa a nuestro lado, entre la multitud, no es un sádico asesino?

Fuente: Poe Museum.

Foto: Chucka_nc.

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