El viejo en el puente, de Ernest Hemingway, alegoría del sin sentido de la guerra

Si ha habido un grupo de escritores vinculados biográfica y temáticamente a la guerra, ese ha sido la Generación Perdida norteamericana y, en especial, Ernest Hemingway, que, en El viejo en el puente, nos ofrece una alegoría de la sin razón de todo conflicto bélico.

 

Si ha habido un grupo de escritores que han tratado con profusión el tema de la guerra, éste ha sido la llamada ‘Generación Perdida’ norteamericana, marcada a fuego por ella.

No es de extrañar, pues prácticamente todos ellos vivieron personalmente la Primera Guerra Mundial, muchos pasaron por la Guerra Civil española y aún algunos estuvieron en el conflicto que se desarrolló entre 1939 y 1945.

Foto de Ernest Hemingway

Ernest Hemingway

De esta suerte, los Dos Passos, William Faulkner, Steinbeck o Scott Fitzgerald muestran, en alguna de sus obras, la cruel realidad de la guerra. Pero, de todos ello, quién posee verdadera obsesión por este tema es Hemingway, cuya personalidad, además, se prestaba a ello.

Porque Ernest Hemingway (Oak Park, Chicago, Illinois, 1899-1961) fue un vigoroso carácter que parecía necesitar hallarse cara a cara con la adversidad para descubrirse a sí mismo.

No es casual que estuviera presente en todas las grandes guerras de la pasada centuria ni que sus personajes sean hombres solitarios que luchan contra fuerzas superiores (basta pensar en el anciano pescador de El viejo y el mar).

Todas sus criaturas son seres heridos por la vida que buscan, mediante la intervención en hechos heroicos, redimirse de un destino adverso. Pero se trata de una lucha desigual de la que, habitualmente, salen mal parados.

Y qué mejor escenario para mostrar lo mejor y lo peor del ser humano que las guerras. Es por ello que muchas de las narraciones de Hemingway se desarrollan en ellas. No sólo las extensas, como Adiós a las armas o Por quién doblan las campanas, sino también muchos de sus relatos breves.

A éstos últimos pertenece El viejo en el puente, ambientado en la Guerra Civil española y que, pese a su brevedad, constituye una extraordinaria alegoría de la tragedia y el sin sentido que supone para la población cualquiera de estos conflictos.

El narrador, un soldado, se encuentra con un anciano que se dedicaba a cuidar de sus animales y ha sido obligado a abandonarlos para huir del frente que se aproxima. Ha dedicado toda su vida a cuidarlos y ahora, exhausto por la caminata, no tiene mayor preocupación que preguntarse qué será de ellos.

Es significativo que, cuando el soldado le pregunta en qué bando está, el anciano responde que él tiene setenta y seis años y no tiene bando, frase simbólica que expresa a las claras la intención del autor: en las guerras, la población civil no es partidaria ni de soldados ni de supuestos revolucionarios, tan sólo quieren que la tragedia se acabe y poder regresar a su vida normal. En suma, una pequeña obra maestra.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: El Poder de la Palabra.

Foto: Ernest Hemingway: Antonio Marín Segovia en Flickr.

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