‘Los hombros de la marquesa’, de Emile Zola, la conciencia de Francia

Al extraordinario nivel que poseía la narrativa francesa del siglo XIX, vino a añadirse un verdadero titán de la Literatura: Emile Zola, capaz de crear una nueva forma de escribir novela -el Naturalismo-, legar excelentes narraciones y, además, erigirse en conciencia de la nación. En ‘Los hombros de la marquesa’, denuncia las desigualdades sociales.

Emile Zola creó una nueva forma de novelar. En la foto, portada de su obra 'Thérèse Raquin'

Emile Zola creó una nueva forma de narrar. En la foto, portada de su novela 'Thérèse Raquin'

Podríamos decir que la narrativa francesa del siglo XIX tiene sus papeles perfectamente distribuidos. Si Flaubert representa el gusto exquisito y Stendhal los estertores del Romanticismo, Honoré de Balzac es la laboriosidad preconcebida, el gigante que se propone una obra ingente –su ‘Comedia humana’– y la lleva a cabo a costa, incluso, de su salud. Por si ello fuera poco, una pléyade de discípulos sigue su estela engrandeciendo aún más el panorama novelístico galo. No obstante, un titán de las letras estaba todavía por llegar.
Es Emile Zola (París, 1840-1902) y, no conforme con escribir una amplia obra literaria, crea una nueva forma de novelar y aún tiene tiempo para erigirse en conciencia de la sociedad francesa.

Hijo de un ingeniero italiano, durante su breve etapa como estudiante fue compañero del pintor Paul Cézanne, cuya amistad mantendría siempre. Su formación fue autodidacta. Muy influido por las teorías positivistas de Comte y, sobre todo, por la medicina experimental del doctor Claude Bernard y las ideas artísticas del crítico Hippolyte Taine, se propuso aplicar estas tesis a la narrativa. Éstos señalaban que la persona dependía, para su desarrollo como tal, de dos factores que la determinaban: la herencia genética y el medio social en que se desenvolvía. Ambos marcaban su conducta en la edad adulta. Eran ideas materialistas derivadas del mencionado Positivismo que Zola absorbió para concebir su forma de novelar añadiéndoles otras, propias también de la época.

Así, propugnaba que la narrativa, como la Ciencia, debía ser experimental con objeto de lograr una finalidad moral e incluso terapéutica. En consecuencia, el novelista tenía que ser mero observador impersonal que retratase lo que ve sin intervenir ni mostrar su opinión. Sin embargo, una vez presentados los hechos, se convierte en experimentador para interpretarlos y extraer conclusiones que sirvan para educar a la sociedad. Como ésta es muy amplia, todo cabe en la novela, desde los altos salones hasta sus ambientes más sórdidos y degradados, ya que en éstos últimos es donde mejor se aprecian los factores deterministas. Toda la teoría literaria de Zola se encuentra en su ensayo ‘La novela experimental’, aparecido en 1880.

Emile Zola sitúa en los Campos Elíseos el contraste entre la mendiga y la marquesa

Emile Zola sitúa en los Campos Elíseos el contraste entre la marquesa y la mendiga

Claro que, para entonces, ya había publicado varias obras de su corpus narrativo ‘Los Rougon-Macquart. Historia natural y social de una familia durante el Segundo Imperio’, un ambicioso proyecto que, al modo de la ‘Comedia humana’ de Balzac, se proponía contar la vida de una familia a lo largo de varias generaciones con objeto de mostrar el determinismo hereditario que se da en ella. No en balde, el escritor señalaba: “la herencia tiene sus leyes, como la gravedad”. Pero, además de toda esta ingente tarea, Zola tuvo tiempo para intervenir en los problemas de Francia como conciencia intelectual: es famosa su participación en el no menos conocido “asunto Dreyfus” -el caso del oficial judío acusado injustamente de espionaje-, que le supuso una condena judicial y revolucionó todos los estamentos galos.

Incluso se permitió escribir algunos relatos breves en los que el tono naturalista se halla bastante atenuado. Así ocurre en ‘Los hombros de la marquesa’, que forma parte del volumen ‘Cuentos a Ninon’ y en el que, no obstante, se sirve de una despreocupada aristócrata para hacer crítica de las desigualdades sociales. En pleno invierno, la única preocupación de la marquesa es si podrá ir a patinar. Sin embargo, ante la contemplación de una mujer pobre, una cierta conciencia se despierta en ella aunque, en vez de para el carruaje y darle dinero, tan sólo le arroja un ramo de lilas blancas que “costaba por lo menos cinco luises”. Fue Zola, en suma, un titán de la Literatura que se erigió en la conciencia social de Francia durante muchos años.

Fuente: Kirjasto.

Fotos: Cwasteson y Relampague.

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