La reinvención de los cuentos

Los cuentos tradicionales de toda la vida no acaban de morir. Desde el increíble Pulgarcito hasta la bella Cenicienta. Pero cualquiera diría que siguen siendo los mismos de siempre. La versión original de Pinocho mostraba a un niño que aplastaba y mataba con la mano a su compañero. La malvada reina del mundo de Blancanieves acababa bailando con zapatos de hierro ardiendo hasta caer muerta y la mismísima Cenicienta se cortaba el dedo gordo del pie en un intento desesperado de ponerse su elegante zapato de cristal. Y más de lo mismo con otros relatos que se habían ido transmitiendo oralmente con escenas vinculadas al sexo, al dolor y a la muerte.

Los cuentos

Caperucita roja, un cuento arquetípico.

Pero hoy nadie conoce los cuentos así. Los hermanos Grimm y Charles Perrault son los autores de todos esos cambios que se han producido y transmitido por escrito hasta la actualidad. Dos intelectuales que decidieron reescribir las historias que cientos años antes que ellos habían venido sobreviviendo gracias a la tradición oral. Y cada una de ellas encontró su lector preferido en el mundo de la infancia de millones de niños.

Sin  embargo, hoy, el espectáculo cinematográfico vuelve a reinventar las historias. El morbo como comodín supera en creces a la inocencia y a la bondad, así que ese es el valor añadido que la gran pantalla ha decidido colocar a esos títulos tradicionales que han acabado convertidos en películas. ‘La Bella y la Bestia’, ‘Blancanieves’ y ‘Peter Pan’ ya dieron ese salto de la ficción a la realidad. Pero ahora se busca algo más. Así lo demostró hace poco el estreno de ‘Caperucita Roja’, de mano de la directora Catherine Hardwicke (famosa por las películas de la saga ‘Crepúsculo’). La niña feliz vestida de rojo se convierte en la película en una mujer atractiva, seducida por el lobo e inmersa en un escenario de terror.  El estreno de esta iniciativa se recibió entre aplausos. Ahora este tipo de cuentos pueden encontrar en el cine un nuevo público que habían perdido: la juventud, los adolescentes y los adultos.

Pero hay que preguntarse si tiene sentido todo esto. Agarrar historias, cuentos, relatos y cambiarlos a nuestro antojo para conseguir un hueco en el taquillazo de la semana. El morbo puede llegar a la gran pantalla de muchas formas: ya estoy esperando con ansia que inventen la primera parte de ‘Los tres cerditos’, por si alguno de ellos desvela su nueva faceta de ladrón o acaba transformándose en vampiro para acabar con el lobo feroz. Sería igual de absurdo que si el ‘Señor de los Anillos’, ‘Millenium’ y otras películas orientadas a un público adulto intentaran entrar en los contenidos de Walt Disney para explotar un nuevo mercado, y para ello cambiaran el argumento y la escenografía de la forma más conveniente.

Continuamente con gestos amables como éstos se van dañando los cimientos de nuestro legado cultural. Con fines puramente comerciales, trastocan, trabucan y tergiversan nuestra herencia histórica. Hay cosas que es mejor dejarlas como están, por insignificantes que resulten. A este paso, Caperucita acabará dentro de cien años transformada en una streeper, aunque solo sea por eso de que el sexo vende mucho más. Y así es como los cuentos siguen y siguen y no acaban de morir.

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