Las fresas, un Emile Zola desconocido

Emile Zola fue el creador del movimiento narrativo conocido como Naturalismo, que se proponía desentrañar, a través de la observación, los mecanismos ocultos que rigen la conducta humana y, en último término, a la sociedad. Sin embargo, Las fresas es un relato meramente descriptivo y muy lejano a aquellas tesis.

Dos escritores ha habido en las letras francesas que se propusieron novelar la historia de toda una generación a lo largo de una serie extensa de obras relacionadas entre sí y cuyos personajes se repiten.

El primero fue Honoré de Balzac con su Comedia humana, vasto mosaico de la Francia revolucionaria y napoleónica, por el que circulan, a lo largo de las casi cien novelas que lo conforman, unos cuatro mil personajes, algunos históricos y otros ficticios.

Foto de la casa de Zola en Médan

Una vista de la casa que Emile Zola poseía en Médan

Y el segundo fue Emile Zola (París, 1840-1902), un escritor autodidacta y oriundo de Italia que, sin embargo, revela en sus obras un conocimiento de la sociedad francesa que muy pocos hubieran podido igualar.

Su creación lleva por título Los Rougon-Macquart. Historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio y es más modesta que la balzaciana: consta de unos veinte volúmenes y doscientos personajes, cifras nada desestimables por otra parte.

Pero, además, Zola crea una nueva forma de novelar, una teoría narrativa completa a la que bautiza con el expresivo nombre de ‘Naturalismo’ y que será seguida por autores de todo el mundo (ilustre ejemplo, si ir más lejos, es Guy de Maupassant).

Basado en las ciencias experimentales tan en boga en su época, el Naturalismo pretende ser, en último término, una intensificación del Realismo. Si éste se proponía retratar, con técnica fotográfica, la realidad, el movimiento creado por Zola pretende ir más allá.

Se trata de estudiar profundamente la misma vida social. El novelista recorrerá los distintos ámbitos en que ésta se desenvuelve –incluyendo los más bajos como prostíbulos o guetosobservando y tomando notas que luego transcribirá de forma aséptica.

Con ello pretende realizar una tarea similar a la del científico, aplicando estas técnicas al estudio social, para lograr así explicar los mecanismos ocultos que mueven la conducta de las personas y, en último término, a la propia sociedad.

Por todo ello, no deja de resultar sorprendente este relato breve titulado Las fresas y que forma parte del volumen Nuevos cuentos a Ninon, publicado en 1874. Y llama la atención porque en él no se aprecia nada de lo expuesto por Zola en su famosa teoría.

Se trata más bien de un cuento en el que nada ocurre, predomina absolutamente la descripción de la Naturaleza exuberante de la primavera. Un paseo por el campo de dos enamorados se convierte en la excusa perfecta para este ejercicio literario.

Sin embargo, un escritor tan fuertemente realista como Zola no podía evitar un guiño humorístico final al lector. Se trata, en suma de un hermoso juguete literario.

podéis leer la obra aquí.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Casa de Zola en Médan: Vitruve en Flickr.

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