Las hadas de Francia, de Alphonse Daudet o la muerte de la fantasía

En una época en que el Naturalismo de Zola dominaba el panorama literario, la obra de Alphonse Daudet supone una bocanada de idealismo entre tanta miseria física y moral. El creador del genial Tartarín de Tarascón nos ofrece una muestra de ello en Las hadas de Francia, simbólica crítica a la modernidad.

En un tiempo en que el Naturalismo creado por Emile Zola marcaba la pauta literaria en Francia y un buen grupo de seguidores –Joris Karl Huysmans, Henri Ceard, León Hennique o Guy de Maupassant– se esforzaban por superar los límites marcados por el maestro, un provenzal de aire bohemio y exaltada sensibilidad, aunque también influido por la corriente predominante, mostraba en sus obras la vertiente idealista de la vida.

Se llamaba Alphonse Daudet (Nimes, 1840-1897) y sus escritos suponen una bocanada de aire y sol meridional entre tanta miseria moral y física. Frente a los escenarios y personajes degradados que enseñaba el Naturalismo, los suyos representan valores como la nobleza, el candor, la solidaridad o la fantasía. Y la mejor muestra de ello es su más imperecedera creación: Tartarín de Tarascón.

Foto del castillo de Tarascón

Una vista del castillo de Tarascón, tierra del genial Tartarín y de Daudet

Extravagante y fanfarrón, esta suerte de combinación de Quijote y Sancho a la francesa que presume de haber cazado leones y haber derrotado a peligrosos bandidos en tierras lejanas constituye uno de los personajes más inolvidables de las letras galas e incluso de las universales. Prueba de ello es que, pese a haber aparecido en 1872, sus aventuras aún se leen con gusto y no resulta pasado de moda. Pero Daudet alcanzaría otros éxitos como las ‘Cartas desde mi molino’, que recrean la vida cotidiana de la Provenza rural narrada a un parisino, y los menos idealizados ‘Cuentos del lunes’, basados en el drama de la Guerra Franco-Prusiana de 1870 pero que, aún así, se esfuerzan en mostrar -dentro de la tragedia- la cara más amable de la realidad.

En esta línea se inscribe ‘Las hadas de Francia’, que nos presenta un curioso proceso judicial: la encausada es una anciana mujer que dice ser la última hada de su estirpe –las otras han ido muriendo- y cuyo alegato de defensa resulta una absoluta condena de la moderna sociedad urbana frente al idealizado mundo rural. Esa pérdida del idealismo es, en sus palabras, la que ha llevado a Francia al desastre de la derrota bélica ante Prusia.

No podía ser de otra forma. Un hijo de la soleada Provenza que había vivido durante años en el París de la especulación financiera tenía que ver con ojos críticos los derroteros que seguía el mundo moderno. Sin duda, entre tanta marea naturalista, las obras de Daudet constituyeron una bocanada de aire fresco y agradable que la literatura francesa precisaba urgentemente.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Wolfgang Staudt.

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