Pobres gentes, de León Tolstoi, el novelista anacoreta

El novelista ruso León Tolstoi fue, durante muchos años, un referente moral para lectores de todo el mundo. Autor de Ana Karenina y Guerra y paz, dos de las más grandes obras de la literatura universal, es, sin embargo, en sus relatos breves donde mejor muestra sus tesis. Buen ejemplo de ello es el titulado Pobres gentes.

Es bastante frecuente que los escritores se conviertan en referentes intelectuales de la sociedad. Lo fueron, por ejemplo, Benito Pérez Galdós o Miguel de Unamuno en España y es famoso el caso de Emile Zola en Francia durante el ‘asunto Dreyfuss’.

Lo que ya no es tan habitual es que se erijan en referentes morales para sus conciudadanos. Y esto es lo que fue durante muchos años el ruso León Tolstoi (Yasnaia Poliana, Tula, 1828-1910) para lectores de todo el mundo, que veían en él a una suerte de profeta místico.

Foto del escritorio de Tolstoi en su casa de Moscú

Escritorio de León Tolstoi en su casa de Moscú

Y es que Tolstoi fue un personaje singular. Nacido en el seno de una acaudalada familia terrateniente, en un momento dado de su vida llegó a la conclusión de que el objetivo de su vida debía ser la redención de sus siervos.

Movido por este interés, fundó una escuela para los hijos de éstos en la que aplicaba técnicas pedagógicas de vanguardia aprendidas durante sus viajes a Alemania y Francia.

Incluso trató de renunciar a sus posesiones, lo cual le acarreó un serio conflicto familiar. Por entonces, Tolstoi era ya un anacoreta que se alimentaba frugalmente, vestía como sus vasallos y escribía textos místicos en los que exponía sus ideas.

Pero también se dedicaba a la literatura. Su periodo más fructífero en este sentido fue la década de 1860-70, en que publicó sus dos obras maestras.

La primera de ellas es Guerra y paz, un vasto mosaico de la vida rusa durante la época de las invasiones napoleónicas y una de las novelas más importantes de la literatura universal.

Y la segunda es Ana Karenina, una precisa crónica de la insatisfacción vital de una mujer que alberga enormes coincidencias con la Madame Bovary de Flaubert y con La Regenta de ‘Clarín’.

Ambas –especialmente en la segunda- son muestras de una suerte de realismo espiritual. Si Dostoievski era un maestro en el análisis de la psicología de sus personajes, podría decirse que Tolstoi lo era en el del alma de los suyos.

Pero donde el escritor expresa mejor sus inquietudes humanitarias es en sus relatos breves como el que lleva por significativo título Pobres gentes, ejemplo y denuncia a un tiempo de las míseras condiciones de vida de las clases bajas.

Es en ellas donde Tolstoi descubre, a pesar de su indigencia, las verdaderas cualidades humanas: la solidaridad, la ayuda al prójimo y la compasión, que se muestran mediante la conducta de una humildísima familia de pescadores.

Indudablemente, se trata de una fábula aleccionadora cuya moraleja es evidente: no hace falta tener mucho para dar a los demás sino que basta con repartir lo poco que se tiene.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: San Petersburgo.

Foto: Escritorio de Tolstoi: Pablo Sánchez en Flickr.

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