Salvette y Bernardou, de Alphonse Daudet, el naturalista amable

Alphonse Daudet, genial creador de Tartarín de Tarascón, representa, dentro del Naturalismo, una versión mucho más amable que la de otros discípulos de Zola. Especialmente sus relatos breves, como este Salvette y Bernardou, combinan la crudeza con la ternura de un modo bellísimo.

En una época en que el Naturalismo de Emile Zola regía la vida intelectual de Francia y algunos seguidores llevaban las tesis del maestro hasta extremos ridículos e incluso soeces, otros autores, más independientes, aplicaban estas ideas  revestidas de su innato talento.

Entre éstos últimos, cabe citar a Guy de Maupassant o Joris-Karl Huysmans, verdaderos discípulos aventajados del maestro. Y, junto a ellos, a un meridional que se ganaba la vida como periodista y secretario personal del duque de Morny -influyente personaje del Segundo Imperio– y que estaba dotado de gran sensibilidad.

Foto del castillo de Tarascón

Castillo de Tarascón, de donde era el famoso personaje de Alphonse Daudet

Su nombre era Alphonse Daudet (Nimes, 1840-1897) y, entre otras creaciones, nos ha legado la mejor versión francesa del Quijote cervantino. Se trata del sin par Tartarín de Tarascón, un rudo provenzal de alma noble y espíritu aventurero y hedonista que protagoniza toda una trilogía de novelas y constituye uno de los personajes más populares de la literatura universal.

Menor valor tienen otras de sus narraciones extensas como Jack, Safo o El nabab, al igual que sus poesías de salón y sus intentos teatrales, como La Artesiana (popularizada por la música de Georges Bizet).

Sin embargo, sus cuentos no desmerecen a los relatos tartarinescos. Se agrupan en dos volúmenes: Cuentos desde mi molino reúnen historias de su Provenza natal con tintes costumbristas y típicos; por su parte, Cuentos del lunes engloba un grupo de relatos que tienen como marco la Guerra Franco-prusiana de 1870 y sus consecuencias.

A éste último pertenece Salvette y Bernardou, en el cual nos presenta a dos soldados galos cuyo nombre da título al texto y que se encuentran heridos y prisioneros de los alemanes en un hospital de Baviera.

Es Navidad y Bernardou, que está más grave, añora su Provenza natal. Para contentarlo, su camarada Salvette canjea el único vale de dinero que posee con el usurero Augustus Cahn con objeto de prepararle una cena navideña al estilo de su tierra.

El Naturalismo de Daudet, duro por la temática y tierno por los valores de los personajes, brilla en este bello relato que muestra la crudeza de la guerra pero también el valor de la camaradería y la lealtad.

En una época en que los excesos de algunos discípulos de Zola habían llevado a la narrativa poco menos que a la altura de una sala de disecciones, se agradece el estilo de Daudet, mucho más humano y repleto de ternura. Ello nos hace calificarlo como naturalista amable.

Podéis leer el cuento aquí.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Castillo de Tarascón: Wolfgang Staudt en Flickr.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...