Un artista del trapecio, el mundo surrealista de Franz Kafka

Franz Kafka es uno de los grandes novelistas contemporáneos. Su forma original de expresar la alienación del hombre moderno se logra mediante la contraposición de lo real con lo absurdo o lo fantástico. Buena muestra de ello es el relato Un artista del trapecio.

La alienación del hombre moderno ha sido expresada por muchos escritores de primera fila, desde Pirandello hasta Albert Camus, pasando por Aldous Huxley o Thomas Mann. De hecho, podría decirse, sin temor a equivocarse, que la corriente existencialista es la más importante de todas las que recorren la literatura del siglo XX.

Pero, si hay un autor que haya mostrado el absurdo de las formas de vida contemporáneas con fuerza y originalidad, éste ha sido el checo Franz Kafka (Praga, 1883-1924), cuya obra, escrita más como liberación personal que con intención de publicarla –prueba de ello es que ordenó quemar sus manuscritos-, constituye una de las más importantes de la literatura universal.

Foto de Praga

Una vista de Praga, ciudad natal de Kafka

Tal es la complejidad de ésta que se le han buscado explicaciones desde los más variados puntos de vista: el citado existencialismo, el origen judío de su autor, el Psicoanálisis o el Marxismo son tan sólo algunos de ellos.

Como quiera que sea, el hecho es que sus narraciones nos muestran al hombre sólo e indefenso ante una maquinaria superior que lo subyuga y destroza sin ni siquiera explicarle por qué.

Para lograr sus objetivos, el autor se vale unas veces de lo fantástico –como en La metamorfosis– u otras de lo absurdo –como en El proceso– pero el resultado es siempre el mismo: el mundo moderno avanza devorando a las personas, que son tan sólo un mero número, una pieza de su enorme maquinaria.

Esta sensación de anonimato se ve acentuada por el hecho de que Kafka ni siquiera individualiza a los protagonistas de sus novelas. En la primera de las obras citadas, sabemos que se llama Grégor Samsa pero, en El proceso, solamente se nos da su nombre de pila –Joseph K.-. Con ello se nos muestra que lo que les sucede a sus desgraciados personajes puede ocurrirle a cualquier persona.

En el relato titulado Un artista del trapecio, el escritor checo recurre también al absurdo y lo irreal para presentarnos estas inquietudes. El protagonista –otra criatura innombrada- es un trapecista que vive en su trapecio. No puede pasar mucho tiempo en el suelo porque enferma. De hecho, cuando el circo en que trabaja va de una ciudad a otra en ferrocarril, se le instala en la red de equipajes.

La gran fuerza trágica de este cuento reside, precisamente y como en tantas obras de Kafka, en el hecho de presentarnos una criatura que se comporta de forma absurda en un entorno totalmente real. Es una manera muy apropiada de mostrarnos la inadaptación del hombre a la sociedad moderna con absoluta originalidad.

Podéis leer el relato aquí.

Fuente: Kafka.org.

Foto: Praga: Josealoly en Flickr.

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