A Sangre Fría: Historia de una magnifica novela, mas no un buen reportaje (Primera parte)

Si hay una obra que transformó del todo el panorama periodístico y literario en la década de 1960, esa fue “A Sangre Fría”. Sobre todo por el éxito comercial y editorial que supuso la novela: a menos de un año de su publicación vendió cerca de trescientos mil ejemplares sólo en Estados Unidos, según el New York Time Review.

Si hay una obra que transformó del todo el panorama periodístico y literario en la década de 1960, esa fue “A Sangre Fría. Sobre todo por el éxito comercial y editorial que supuso la novela: a menos de un año de su publicación vendió cerca de trescientos mil ejemplares sólo en Estados Unidos, según el New York Time Review.

Foto: Literaturame

Un año después fue llevada al cine por el famoso director Peter Brooks. Todo el mundo hablaba de A Sangre Fría y en ese éxito tuvo mucho que ver su autor, Truman Capote, que había hablado de esa «fundacional novela de no-ficción» mucho antes incluso de escribirla.

Hasta entonces se habían escrito no pocos textos de ese tipo. Se hablaba desde mucho tiempo atrás de los reportajes que Gay Talese publicaba en The New York Times y de la camada de autores, entre ellos Tom Wolfe y Norman Mailer, que publicaban relatos largos sobre temas reales.



Pero entonces, a finales e inicios de la década de 1960, no había un tema tan impactante como para ser narrado en todo un libro. Un crimen, la materia prima de las novelas de suspenso, fue el detonante que hacía falta para el nacimiento oficial del Nuevo Periodismo.

Nos referimos a la larga investigación que emprendió Truman Capote sobre el asesinato de la familia Clutter. Los críticos de la época, incluido Norman Mailer, decían que no podía haber una novela que utilizara como insumo la realidad. Se hablaba de una contradicción, pues la teoría literaria decía que una novela se basaba en hechos irreales, ficticios. Una novela real, en ese sentido, era una aberración.

Sin embargo, el libro de Capote, a diferencia de muchas obras que consiguen el reconocimiento en la posteridad, se convirtió en un éxito ni bien salió al mercado. La novela era (y es) un relato bastante minucioso, que envuelve al lector desde el inicio. El primer capítulo (Los últimos que los vieron) es posiblemente lo mejor que ha escrito Capote en periodismo. Tiene todos los detalles de la novela moderna. El sentido de lugar, es decir, la descripción del pueblo de Holcomb recrea casi al detalle el ambiente. De otro lado, la presentación de los personajes está muy desarrollada y habla de un trabajo extenuante por parte del autor.

Para quienes leen la obra es casi imposible no tener un sentimiento de cercanía con las víctimas del crimen y también con los asesinos. La tensión del relato se mantiene estable hasta el tercer capítulo, pues en el cuarto capítulo decae algo la calidad del texto.

Ahora es impensable hablar de Periodismo Narrativo sin mencionar a esa obra. Y es con razón: Truman Capote dedicó más de cinco años de su vida a su investigación y escritura . A pesar de que hay un debate moral por las ansias del autor porque se ejecutara a los asesinos, no se puede negar que era imposible un final en el que no se sepa el destino definitivo de los inculpados, en este caso su muerte. Capote cerró muy bien la historia de esa forma.

Ahora bien, hay algo que no puede dejar de mencionarse: A Sangre Fría no es un relato completamente verídico. En Truman Capote: La Biografía, Capote le dice a Gerald Clarke que inventó una parte de la novela: ese encuentro providencial entre Alvin Dewy y Susan Kidwell que le da el final al libro. El motivo de este pedazo de ficción es muy sencillo: Truman quería cerrar la obra con un detalle que creara la sensación de que el caso estaba cerrado y todo volvía a la tranquilidad, como al inicio.

Este último detalle no alcanza para desmerecer A Sangre Fría. El libro es mucho más que esa parte y está abierto al debate, incluso ahora, luego de más de 40 años de su publicación. Es por eso que se ha hecho este trabajo de análisis, que tiene como objetivo desentrañar todas las partes del texto y dar cuenta de todos los elementos que llevaron a Capote a escribir la novela.

El nombre completo de la novela es: «In Cold Blood: A True Account of a Multiple Murder and Its Consequences», es decir: «A sangre fría: Un relato real de un asesinato múltiple y sus consecuencias». Pero ha pasado a la posteridad simplemente como A Sangre Fría. Truman Capote utilizó una expresión coloquial para titular su novela. Pues “A Sangre Fría” connota inmediatamente a la premeditación y crueldad de alguien cuando comete un asesinato. En ese sentido, hay dos extractos de la obra fundamentales para comprender por qué el autor eligió ese título.

«Por Larsing circulaban varios asesinos u hombres que se jactaban de haber cometido asesinatos o de sus ganas de cometerlos; pero Dick llegó al convencimiento de que Perry era ese ejemplar único, el “asesino nato”, absolutamente cuerdo pero sin conciencia y capaz de llevar a cabo, con o sin motivo, los mayores crímenes con la máxima sangre fría». [A sangre fría, 78]

«La experta realización de los crímenes constituía una prueba suficiente de que por lo menos uno de ellos era dueño de una astucia y serenidad poco común». [A Sangre Fría, 140]

De aquí se concluye que la obra apuntaba a mostrar la frialdad, serenidad y astucia de los homicidas. Por lo cual Capote escondió siempre el verdadero título a los inculpados –con quines llegó a tener una relación bastante cercana- a pesar de la petición de ambos por saberlo.

La matanza de la familia Clutter ocurrió el 14 de noviembre de 1959 en Holcomb, un pueblo estadounidense ubicado en Garden City, capital del condado de Finney, en Kansas. En esos años el presidente de Estados Unidos era Dwight Eisenhower, un ex militar que gobernó en los inicios de una de las épocas de mayor tensión en el mundo: la Guerra Fría.

Este acontecimiento marcará en definitiva la inestabilidad de la URSS y Estados Unidos, claramente reflejados en problemas económicos, políticos y sociales. Justamente uno de los inconvenientes que se presentaron en este contexto fue el aumento de la delincuencia en el país norteamericano. Un documento de la FBI de esos tiempos informa de la estrategia que plantearon para afrontar estos actos criminales.

Al verse desesperados por esta situación, decidieron que la mejor forma de atrapar a los sospechosos era publicar una lista de fugitivos en los principales medios periodísticos. Se creó la denominación de los «diez más buscados», alcanzando una inmediata respuesta de la población: los criminales fueron detenidos gracias a que sus vecinos los reconocieron en la lista. Incluso en la obra se ve cómo había una recompensa lanzada por los medios de comunicación, sobre todo por el Kansas Star, en donde se dice que a cualquier persona que de información sobre ese caso se le otorgará una cantidad de dinero.

Foto: El Duende de Madrid
Foto: Crítica de Xeneros

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