A Sangre Fría: Historia de una magnifica novela, mas no un buen reportaje (Segunda parte)

A Sangre Fría es un relato real que muestra uno a uno los detalles usuales de una investigación policial y el escape de los homicidas. A partir del tercer capítulo se narra, recién, la forma cómo fueron asesinados los integrantes de la familia Clutter a partir del proceso judicial al que son sometidos los inculpados.

A Sangre Fría es una novela que cuenta la historia del asesinato de una familia ocurrido en un apacible y alejado pueblo del estado de Kansas. Holcomb, como se llama ese pueblo, tenía entre sus pobladores a una familia distinguida, religiosa y acomodada de apellido Clutter. Ellos, sin saberlo, pasan sus últimos días dentro de la rutina.

Foto: Historia de los Medios de Comunicación

Es así como se inicia la obra, con la descripción del lugar y la presentación pormenorizada de cada uno de los futuros victimarios. Pero por otro lado, en bloques separados y alternados, se narra la forma en la que dos ex presidiarios planean el asesinato de los Clutter.

Por un lado hay un relato costumbrista, que pinta uno a uno los detalles de la trama, con referencias a las costumbres y formas de vida; pero por otro hay un road history, es decir, un relato de carretera, de viaje, que da cuenta de la forma de ser de los asesinos en desplazamiento hacia la escena del crimen. Ambas partes en un momento de la historia se juntan para desencadenar una nueva trama: la búsqueda de los culpables.



A partir del segundo capítulo se desarrolla una doble trama, por un lado los oficiales, en especial el teniente Alvin Dewey, investigan, sacan conclusiones para dar con los responsables de la muerte; pero por otro es el lector el que inicia un largo recorrido de conocimiento de los asesinos, pero esta vez más profundo, casi psicológico.

A Sangre Fría es un relato real que muestra uno a uno los detalles usuales de una investigación policial y el escape de los homicidas. A partir del tercer capítulo se narra, recién, la forma cómo fueron asesinados los integrantes de la familia Clutter a partir del proceso judicial al que son sometidos los inculpados.

Capote escribió estas tres partes durante dos años, tiempo en el cual fue buscando un buen final para su obra. Sin embargo, nunca lo encontró. Es recién a partir de las sentencias a muerte que él descubre el mejor fin para su obra: la desaparición de los asesinos. De una u otra forma es un final casi perfecto, redondo, y que busca “el ajusticiamiento”.

Cuando publica A Sangre Fría, Truman Capote ya era un escritor conocido en la literatura norteamericana. Había publicado varias novelas cortas de gran aceptación por la crítica, pero sobre todo una decena de reportajes de innovador estilo. Luego de enterarse del crimen, una necesidad comenzó a gobernar toda su energía e ingenio. Los mismos que después reflejaría en su libro.

En principio, Capote quería que el reportaje fuese breve. Había pensando reflejar la reacción de una pequeña ciudad ante un horrendo crimen. Pero al ser capturados los asesinos, su relato cambió completamente de sentido. Ya había escrito la mitad del reportaje, pero sintió que debía explayarse en la vida de los asesinos, como lo había hecho con la familia Clutter.

De esta manera,  convencido de su propósito, visitó durante mucho tiempo a los presidiarios, para después internarse por completo en la Costa Brava, España, a escribir su postergado libro. Fue allí donde por primera vez, Capote concibió lo que realmente quería mostrar en A Sangre Fría: la historia de una familia buena y decente, asaltada y asesinada por motivos que quedaban fuera de su conocimiento y de su control.

Años más tarde, con el éxito de las ventas, Truman Capote explicaría la verdadera motivación por la que dedicó seis años de su vida y ocho mil dólares en investigación en esta majestuosa obra: la ausencia, hasta entonces, de un periodismo como forma artística.

No es cierto que el libro A Sangre Fría sea el iniciador del Nuevo Periodismo. Los estudios señalan que no existe un consenso sobre el origen exacto del género. Algunos estudios señalan que esta nueva tendencia comenzó con Norman Mailer, cuando publicó el reportaje Superman comes to the supermarket en 1960. Otros, convienen en afirmar el inicio con el reportaje Joe Louis: The king as a middleage man que Gay Talese publicara en 1962. Mientras los apasionados de Tom Wolfe lo nombran fundador de la no ficción con el extravagante There goes (varoom! Varoom!) that kandy-kolored (thphhhhh!) tangerine-flake stream-line baby (rahghh!) around the bend (brummmmmmmmmm…), publicado en 1963. 

Sin embargo, la exorbitante publicidad de A Sangre Fría creó en el imaginario colectivo la idea de que Truman Capote era el creador del nuevo estilo. Cuando el mérito de su obra sólo consistió en publicar una historia real en formato de libro, a diferencia de sus predecesores que lo hicieron en diarios y revistas. Por lo demás, A Sangre Fría no aporta nada nuevo al periodismo narrativo. Además, Truman Capote cometió un error que acabó desprestigiando la obra como una muestra verídica de la realidad: inventó la escena final, cuando Alvin Dewey se encuentra en el cementerio con la mejor amiga de Nancy Clutter.

Truman Capote le confesó esa mentira a su biógrafo Gerald Clarke, quien también sería el confidente de la relación íntima que el autor de A Sangre Fría tuviera con Perry Smith, uno de los asesinos de los Clutter. Affaire que le sirvió para conseguir información sobre el personaje, desvaneciendo la frontera entre un periodista y el entrevistado, y cambiando el rumbo de la historia. A Sangre Fría sólo puede considerarse una extraordinaria novela, más no un ejemplo del buen reportaje. Si hay una regla con la que el periodista no puede jugar es con la verdad y Truman Capote faltó completamente ese condicionante.

Mejor sería encaminarse en el modelo que Gay Talese desarrolló por esos años y seguir la senda de los periodistas posteriores al nuevo periodismo o los “nuevos nuevos” periodistas, como los llamó Robert S. Boyton, que en su libro The New New Journalism (2004) desentraña los maniqueísmos de la era Wolfe-Thompson-Mailer.

Foto: Periodismo Digital
Foto: Fantastic Fiction

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