Porque recordar es volver a leer (Parte 1)

Esta vez nos ocuparemos del universo literario, intentando descifrar las mejores novelas escritas según la percepción de un libro anteriormente analizado, La Verdad de las Mentiras de Mario Vargas Llosa. Lo que haremos será un breve recuento de las mejores obras a opinión del gran escritor peruano intentando dar en síntesis, una mirada veloz pero importante de los títulos citados en su obra. Será una especie de ejercicio literario para retomar una posible lectura o descubrir alguna dejada de lado.

Esta vez nos ocuparemos del universo literario, intentando descifrar las mejores novelas escritas según la percepción de un libro anteriormente analizado, La Verdad de las Mentiras de Mario Vargas Llosa. Lo que haremos será un breve recuento de las mejores obras a opinión del gran escritor peruano intentando dar en síntesis, una mirada veloz pero importante de los títulos citados en su obra. Será una especie de ejercicio literario para retomar una posible lectura o descubrir alguna dejada de lado.

Dublineses, el Dúblin de Joyce (James Joyce – 1914)

Según Mario Vagas Llosa, lo que prevalece en la obra es la objetividad, entendida como el distanciamiento del narrador de todos los personajes de los cuentos; además, agrega, “su atractivo no es moral, ni obedece a consideraciones sociales: es ante todo estético.”

La señora Dalloway, la vida intensa y suntuosa de lo banal (Virginia Wolf – 1925)

En medio de una sociedad que experimenta la bonanza económica y los albores del exceso, surge la historia de Clarissa Dalloway, notable esposa de un diputado conservador, y sobre la cual gira la historia: un día de su vida, no más ni menos. Lo curioso de esta novela es la perspectiva desde que es narrada. Las voces de los personajes no son aquellas proferidas, sino lo que intuyen, piensan y, a veces, no dicen. Se crea un mundo inmaterial y hasta cierto punto banal. Será el suicidio de uno de los personajes lo que dote de crudo realismo y genialidad al relato.

Foto: Catálogo de las Bibliotecas Públicas de Navarra

Manhattan Transfer, capital de enjambre y la destrucción (John Dos Passos – 1925)

Mario Vargas Llosa afirma que la idea de John Dos Pasos era criticar al capitalismo; para lograr su objetivo, Nueva York se convirtió en  la  protagonista, un hormiguero vasto donde el bribón triunfa. Además, asevera Mario Vargas Llosa, John Dos Pasos necesita describir el todo, mas no las partes. Es así que las técnicas usadas en la novela están más cerca de la cinematografía que de las literarias. Es un “Collage”  trasladado al campo narrativo.

El lobo estepario, la metamorfosis del lobo estepario (Hermann Hesse – 1927)

La narración salta de lo objetivo a lo subjetivo, del realismo a lo fantástico. Harry Haller no puede aceptar el camino que el mundo está tomando, mas conoce a Amanda que le hace redescubrir los encantos de lo banal; “esta novela fue escrita con la intención de promover la vida y no para ermitaños y hoscos”, según Mario Vargas Llosa.

El viejo y el mar (Ernest Hemingway – 1952)

¿En qué momento la vida del hombre pierde la motivación? Esta obra maestra de Hemingway parece decirnos que nunca. Santiago, un pescador que lucha contra la edad y la soledad en medio del mar, se aventura de repente a dar caza al gigantesco merlín. “Le demostraré lo que puede hacer un hombre y lo que es capaz de aguantar”, dice Santiago. Su lucha contra la adversidad (el destino, la naturaleza, la humanidad) se ve representada por el triunfo ante el pez y la inquebrantable batalla contra los tiburones. La imagen de Santiago volviendo, enaltecido y derrotado, con la osamenta del merlín representa lo que dijo Faulkner sobre la obra: “el conocimiento de Dios”.

Foto: Judeofobia
El cero y el infinito (Arthur Koestler – 1940)

Este es uno de los tantos relatos que abordó el tema de la política socialista. La novela se convierte en una parábola, o un ensayo, de cómo ciertos militantes disconformes con el Partido son persuadidos, con el argumento de que la humanidad importa más que el individuo, de atribuirse el rótulo de traidores y así desvirtuar su inconformidad. La historia, cuenta Mario Vargas Llosa, confirma que la realidad fue distinta, quizá menos literaria, pero sí más cruel. Sin embargo, esa rectificación simbólica de la realidad esconde esa verdad inmanente que hay en cada novela.

El poder y la gloria, el derecho a la esperanza (Graham Greene – 1940)

Quizá la mayor disyuntiva de esta novela se de entre la razón y la fe. Protagonizada por dos personajes anónimos, fue tildada de novela católica, y quizá lo sea. Pero, aún así, no cae en el tópico de los creyentes buenos y de los ateos perversos, al menos no explícitamente. Se cuenta en el relato la persecución de las autoridades hacia los clérigos, pintando, en apariencia, al teniente como moralmente correcto y al cura como un ser defenestrado por sus concesiones carnales. Sin embargo, luego queda el sabor de haber visto al cura, glorioso y representando a los débiles, acatando estoicamente las penurias impuestas por el poder.

Santuario, el santuario  del mal (William Faulkner – 1931)

Si Faulkner hubiera podido criticarle algo a Vargas Llosa, sería el haber perdido el tiempo desmenuzando semejante abominación literaria. Sin embargo, para el escritor peruano, esta novela resume la maldad humana, esa inclinación natural hacia ella. Ambientada en el tópico faulkneriano de Mississippi, el relato trenza dos historias: una de brutal desenfreno contra Temple Drake, y otra de execrable injusticia contra Lee Goodwin. Personajes repulsivos circundan la historia, pero no la mancillan, la enriquecen y le otorgan sentido.

Foto: En Exclusiva

La condición humana (André Malraux – 1933)

Novela basada en la revolución producida en Shanghai en 1927, la historia trata de mitificar el hecho a través de personajes con ideales fuertes e inquebrantables, dotados de un heroísmo romántico. Al parecer se trata de una construcción maniquea, pero, según Mario Vargas Llosa, la pericia y economía literaria de Malraux hacen que la historia sea verosímil y no absurda. Su dosis de formalidad y valentía se ve exaltada por la figura del barón de Clappique, dotando al relato del elemento imprevisible y que también, junto a la indocilidad, forman la condición humana.

La Romana, ramera, filósofa y sentimental (Alberto Moravia – 1947)

La Italia que el libro finge representar es la del fascismo, pero todo desde el punto de vista de Adriana, una chica de 21 años ignorante, sencilla, ingenua y ramera. Según Mario Vargas Llosa, lo más rescatable del libro es la “galería de seres humanos que desfilan por sus páginas”.

Al este del Edén, elogio de la mala novela (John Steinbeck – 1952)

Según Mario Vargas Llosa, Al este del Edén es “una novela pésimamente construida que, sin embargo, se lee con la avidez y sobresaltos de las buenas historias”. El escritor intenta explicar por qué la considera una novela, dándonos algunas apreciaciones: el sirviente Lee ( personaje de  la obra), capaz de hablar de todos os temas con gran soltura, siendo siempre atinado, puede hablar de filosofía tanto como de arte y ciencias, es para Mario Vargas Llosa, el personaje más inverosímil de la novela; un personaje que no nos logra engañar. Otro defecto, señalado por Mario Vargas Llosa, es la “falta de coherencia en el punto de vista del narrador”.

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