Una cita siniestra

Uno de los libros de culto e imposibles de encontrar «La generación del 50: un mundo dividido» es el libro más polémico del escritor peruano Miguel Gutiérrez

En el Perú hace algunos años se libró una de las batallas más feroces contra el terrorismo del movimiento comunista Sendero Luminoso. Fueron años de miedo y furia. Paralelamente a ello se desarrollaba creativamente el entorno literario peruano. A los autores consagrados como Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro o Alfredo Bryce Echenique se les sumaba un nuevo grupo de talentos literarios como Edgardo Rivera Martínez o Miguel Gutiérrez. Sin embargo, a pesar del tremendo talento literario de este nuevo grupo, nunca llegó a alcanzar la notoriedad de los consagrados por el boom latinoamericano de mediados del siglo XX

En el grupo de literatos que surgió posteriormente al grupo del boom uno de los más talentosos fue y es el magnífico Miguel Gutiérrez. Un talento mayor que hace preguntarse a muchos porque no tiene la fama de Vargas Llosa por ejemplo. El talento lo avala a Gutiérrez y las escasas celebraciones de sus obras (pocas veces mencionadas pero unánimemente reconocidas por su calidad) hicieron correr el rumor de que se trataba de una conspiración de los grupos consagrados para no verse opacados por el talento de los nuevos. Esto se convirtió en un secreto a voces en el mundo literario peruano. Incluso hace poco se volvió a avivar el debate gracias a una serie de artículos críticos de la literatura peruana publicados en el diario Perú21. Como era de esperarse Gutiérrez participó en la polémica.

La tesis de la conspiración propone básicamente que los consagrados de la literatura peruana provienen de las clases burguesas acomodadas de Lima. Este grupo supuestamente se dedica sistemáticamente a elogiarse y, también, se aboca a la tarea de menospreciar a nuevos literatos que provengan de otro sector social. Curiosamente tanto Gutiérrez como Rivera Martínez son provincianos además de provenir de la clase media baja.



Otro factor que refuerza la idea de ser un literato saboteado por los grupos dominantes es uno de sus libros más celebrados: «La generación del 50: un mundo dividido». El autor de la novela «La violencia en el tiempo», es también un destacado crítico y ensayista que cuenta en su producción con uno de esos libros malditos y prohibidos que toda generación necesita tener. Se trata del libro de crítica y ensayo literario titulado:

El libro es una minuciosa e inteligente crítica a los más importantes autores peruanos de los años 50, en los que a pesar de reconocer la calidad literaria de algunos monstruos de las letras como Vargas Llosa o Eielson no se reprime algunas críticas sobre la obra de los mismos. Al más famoso escritor peruano lo llama vanidoso y resentido con respecto a la izquierda. Una frase de Gutiérrez refiere lo siguiente » la egolatría- siempre infantil- es tolerable cuando detrás de ella, existe un verdadero talento, cristalizado en obras producto de un trabajo indesmayable, como es el caso de MVLL» o esta frase más certera «… en cuanto a la personalidad VLL es un hombre de notable egolatría y de grandes rencores» Sostiene posteriormente que Mario Vargas Llosa utilizó la Revolución Cubana para promocionar su obra inicialmente (simpatizar con el socialismo cubano provocaba simpatía intelectual en aquella época) para luego, cuando la Revolución Cubana le fue incómoda, renunciar a ella y despreciarla. Todo con el fin de conseguir un más amplio público para sus novelas.

Uno de los puntos que más preocupan a Gutiérrez es el tema del compromiso social. Acusa a los intelectuales de la generación del 50 de un pobre sentido de solidaridad nacional. Los coloca del lado de intelectuales partidarios de la lucidez y el escepticismo. Cita a Basadre (el gran historiador del Perú) con su comentario acerca del intelectual libre que no debe comprometerse con una ideología y que debe guardar siempre una posición crítica frente a cualquier sistema social o político.

Todo lo escrito hasta la mitad y un poco más del libro puede dar la razón a aquellos que piensan que Gutiérrez fue silenciado por una conspiración de un pequeño grupo de literatos elitistas que no toleraron una crítica tan dura a sus más altos representantes y que se vieron golpeados en su ego ante las terribles afirmaciones de Gutiérrez. Para decirlo claramente, aunque no estaba de acuerdo con muchos de sus juicios, si consideraba que sus críticas eran coherentes y finalmente respetables desde cierto punto de vista. Sin embargo, me parecía increíble que el ego de un grupo de poder hubiera podido silenciar un libro tan interesante y que hayan propiciado el encarcelamiento del escritor. Las siguientes páginas del libro me sacaron de esa idea preconcebida. Entendí al momento de leerlas el verdadero motivo de la confiscación del libro y el silencio incómodo que se ha hecho sobre uno de los más grandes escritores peruanos.

Miguel Gutiérrez en las páginas finales del libro «La generación del 50: un mundo dividido» hace un breve recuento de la historia del partido comunista peruano, la importancia de que el intelectual asuma un compromiso político inscribiéndose en un partido y, para estremecimiento de cualquiera, una historia resumen del ascenso al poder del partido comunista peruano por parte de Abimael Guzmán. Todo contado con una evidente simpatía al líder terrorista. Lo califica en el libro de líder natural y hombre con una asombrosa inteligencia. Es notoria la simpatía de Gutiérrez por el movimiento que tantas muertes causó en el Perú.

Recuerdo que en mi época escolar desperté un día sobresaltado por escuché un gran sonido que estremeció mi casa y rompió los vidrios. Ya en la calle descubrí que el local del partido gobernante ubicado en la esquina de mi manzana había volado en pedazos. Al pobre vigilante lo buscaban por el lugar de la explosión, esperaban quizás encontrar un brazo o un dedo que hubiera permanecido intacto.

Sin embargo, para Gutiérrez, Guzmán es un ser impecable que está destinado a hacer la revolución en Perú. Un gran hombre con el que es inevitable simpatizar. La parte final de ese libro es reveladora de esa admiración. Gutiérrez coincide con Guzmán en una reunión universitaria. Gutiérrez aprovecha en interrogar al héroe comunista. Hablan por un momento y Gutiérrez le confiesa a Guzmán su admiración por su inteligencia y le pregunta si puede dar el gran salto (en otras palabras si puede empezar la guerra interna). El líder de una de las revoluciones más sangrientas le responde «¿Y usted qué cree?»

Años antes de una guerra que causó tantas muertes, uno de los mejores escritores peruanos se encontró con el líder indiscutible de aquella organización y conversaron tranquilamente sobre un tema que decidió tantas vidas humanas. Al llegar a este punto me quedé estremecido y entendí el verdadero motivo del silencio acerca del magnífico escritor.

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