Una gran escritora que no quiso darse a conocer por su nombre

Prefirió que sus libros tuvieran la firma de su esposo

Una escritora que prefirio vivir ocultandose

María de la O Lejárraga, nació en San Millán de la Cogolla, 1874 y murió cien años después en Buenos Aires. Si quizá no te resulta familiar su nombre, quizá el de alguna de sus obras sí, como: Cuentos breves (1899), La mujer ante la República (1931), Una mujer por caminos de España (1952), Viajes de una gota de agua (1954) o Fiesta en el Olimpo (1960).

El nombre que acompañó sus novelas y ensayos fue el de su marido: Gregorio Martínez Sierra. La obra de esta mujer formó parte de las pioneras de la Edad de Plata de la literatura española, que comprende desde 1900 hasta la Guerra Civil.

Reconocimiento a la gran escritora

En vista de que la escritora y feminista no estuvo nunca en la portada de sus libros y en las palabras de reconocimiento por su gran capacidad literaria, la editorial Renacimiento se ha dado la tarea de rescatar Viajes de una gota de agua, esta colección de cuentos infantiles publicada en su exilio en Argentina.

Asimismo, Juan Aguilera Sastre e Isabel Lizarraga Vizcarra, quienes tienen amplia experiencia sobre la Edad de Plata, estarán a cargo del estudio introductorio y rescate de “Cómo sueñan los hombres a las mujeres” y “Tragedia de la perra vida y otras diversiones”. Teatro del exilio entre 1939 a 1974.

La razón de por qué ocultó su nombre

La primera vez que la autora publicó una obra con su nombre, toda su familia tuvo una reacción desfavorable, la incomprensión, los señalamientos y las críticas que recibió María Lejárraga por su obra “Cuentos breves” (1899) de sus seres queridos hicieron que no quisiera volver a aparecer.

Así que el protagonismo que tuvo su marido en aquella época fue cosa acordada por ambos. Ella se libraría de los prejuicios familiares y podría seguir haciendo lo que tanto amaba que era escribir y su marido, Gregorio Martínez Sierra, por su parte manejaría la dirección de las obras y recibiría el reconocimiento en los estrenos.

Gregorio Martínez Sierra era quien se llevaba el crédito. De hecho él era quien daba los discursos feministas que escribía su esposa ante la sociedad, incluso en su libro Cartas a las mujeres de España se anima a la libertad e independencia femenina. Por esta razón muchos sabían que quien estaba detrás de sus obras era su esposa, quien llegó a ser diputada socialista en la Segunda República.

Muerte de Gregorio Martínez Sierra

El convenio con su esposo marchó bien, incluso cuando este le rompió el corazón cuando se separaron ya que él se enamoró de la actriz Catalina Bárcena con quien tuvo una hija. La desdicha vino realmente cuando murió en 1947, pues la hija una vez muerto su padre exigió los derechos de autor.

En el exilio

Estando en el exilio no la estaba pasando muy bien, su situación económica era difícil, esto la llevó a finalmente usar su nombre en sus publicaciones, María Martínez Sierra (conservando los apellidos de su marido). En su obra “Gregorio y yo” cuenta sobre su colaboración.

Esta época fue la más difícil de su vida, no solo su obra estaba prohibida en España, sino que tampoco pudo volver a acceder a los escenarios españoles. Aunado a esto, uno de los cuentos que escribió, lo decidió enviar con su traductora en 1951, Collice Portnoff, a Walt Disney.

Controversia sobre su obra

Era el relato de Merlín y Viviana, un perro que se enamora de una gata muy coqueta, con el fin de ver si le podría interesar para alguna película. Pero a los dos meses se lo regresaron diciéndole que solo se aceptaban obras encargadas. Lo curioso del asunto es que pocos años después, en 1955, se estrenó La dama y el vagabundo, algo similar. Sin embargo ella no hizo ningún tipo reclamo.

Sobre el asunto los autores del estudio argumentan que son obras diferentes, con muy poco parecido y que para el momento en que ella la realizó ya se estaba trabajando con anterioridad. Sin embargo, María Lejárraga difiere ya que para ella fue una apropiación de su obra.

Se habla también de una proyección autobiográfica en sus obras. Era quizá su forma de exteriorizar todo lo que callaba, sobre lo que vivía en su vida personal. En especial con lo sucedido entre su marido y Catalina. Aprovechaba que la actriz interpretaba sus obras y su marido infiel la dirigía.

Un ejemplo de esto está la historia de Merlín, el perro atontado, que de acuerdo a Juan Aguilera e Isabel Lizarraga podría tratarse de Gregorio, quien era manipulado y sometido, por haber caído en las garras de una gata frívola que le ofrecía un amor caprichoso. Son varios los aspectos negativos que rodeaban a Viviana la gata, por lo que podría interpretarse que se había inspirado en Catalina.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...