Libros gratis para fomentar la lectura en el despacho de un profesor gallego

Si eres de los que tienes muchos libros y no sabes qué hacer con ellos, atento a la iniciativa de este profesor universitario gallego que decidió repartir algunos de sus libros entre sus alumnos o aquellos interesados en la lectura. La experiencia fue de lo más positiva.

libro gratis

La RAE define el mecenazgo como la “protección o ayuda dispensadas a una actividad cultural, artística o científica”. El mecenazgo viene de lejos, ¿quién no ha oído hablar de los mecenas del Renacimiento que tanto hicieron por las artes y las letras de entonces y de las que todavía disfrutamos ahora?

Mecenas aparece en el diccionario como la persona que patrocina o protege a artistas e intelectuales y adquiere o promueve sus obras. Pues bien, hoy te voy a presentar a un mecenas muy particular, se trata de un profesor universitario coruñés, que primero hizo de mecenas comprando libros, que también son obras de arte, y ahora ha vuelto a hacer de nuevo mecenazgo regalando algunos de esos libros con el fin de que otros puedan aprovecharse también de ellos y promocionar así la lectura, otra obra de arte.

Este profesor de Educación de la Universidad de A Coruña, Víctor Arufe, nacido en Santiago de Compostela en 1979, decidió anunciar, a través de las redes sociales, el reparto de 50 de los libros que almacenaba en su despacho con sus alumnos o aquellos interesado en la lectura.

Publicó el anuncio en Facebook, Twitter, Linkedin e Instagram como “una buena manera de compartir conocimiento y estimular la lectura entre los jóvenes universitarios“. Un mercadillo gratuito de libros para aligerar su despacho y también para hacer más felices a sus alumnos y que los estudiantes con ganas de leer escogieran los que quisieran en la Facultad de Ciencias de la Educación en el Campus de Elviña.

La convocatoria tuvo tal éxito que los estudiantes contactaron con él para que les reservase un ejemplar o para que se lo enviase a sus domicilios (vaya confianzas), pero los primeros que llegaron a su despacho, el lunes señalado a las once de la mañana, fueron los que pudieron elegir entre las 50 obras que decidió compartir con sus alumnos.

El original mecenas anima a otros docentes a hacer lo mismo: “Yo, como todos los profesores, acumulo un montón de libros que se quedan en un segundo plano y me da pena, por eso busco aligerar la vida al máximo posible y si puedo contribuir a la felicidad de otra persona, mucho mejor”, “sería bueno que todos los profesores hicieran algo así, porque los despachos están siempre abarrotados de libros y estoy seguro de que la mayoría de profesores no los tocan”.

“A ver si contagiamos un poquito a otros profesores y que suelten ejemplares que están cogiendo polvo”, añade Arufe, es una “buena manera de contribuir por parte de los profesores a la economía de los estudiantes”. Pero reconoce que le ha costado desprenderse de algunos porque se les había cogido cariño, pero con su gesto solidario esos libros “tendrán otra oportunidad”.

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