Don Manuel de la Revilla, de Armando Palacio Valdés, el crítico criticado

Manuel de la Revilla fue, junto a Clarín, el más temido crítico literario de su tiempo. Por ello, resulta singular este artículo de Palacio Valdés en el que el novelista analiza al crítico en una suerte de inversión de papeles no exenta de ironía y algún que otro valapalo.

Con toda probabilidad, fue Manuel de la Revilla, junto a Leopoldo Alas, ‘Clarín’, el más temido crítico literario de la segunda mitad del siglo XIX, hasta el punto de que los escritores trataban por todos los medios de estar a bien con ellos.

Sin embargo –o quizá a causa de ello- se vieron envueltos en innumerables polémicas (no sólo de índole literaria) y se granjearon no pocas enemistades aunque también duraderas relaciones de camaradería.

Foto de Avilés (Asturias)

Una calle de Avilés, donde el novelista asturiano pasó su infancia

Por todo ello, no deja de resultar singular este texto dedicado por Armando Palacio Valdés (Entralgo, Laviana, 1853-1938), reputado novelista, al crítico Revilla, pues viene a significar algo así como una inversión de papeles: el crítico criticado.

Nacido en la Asturias rural, Palacio Valdés conservó siempre el apego a la tradición. En el conflicto entre aquéllos que defendían la Revolución Industrial como portadora del progreso y quiénes propugnaban la conservación de las formas de vida tradicionales y consideraban que aquélla traería la destrucción de éstas, el novelista se alineó siempre entre los segundos. Incluso escribió una narración un tanto maniquea en este sentido: La aldea perdida.

Es ésta, probablemente, su obra más famosa pero Palacio Valdés fue en autor prolífico que incluso tuvo sus veleidades naturalistas en novelas como La espuma o El señorito Octavio, reconocida precisamente por ‘Clarín’ como ejemplo de la escuela zolesca.

Como Pérez Galdós, Palacio Valdés ambienta muchas de sus narraciones en el Madrid finisecular pero, si el escritor canario se ocupa preferentemente de las clases populares, el asturiano se centra con mayor frecuencia en las aristocráticas.

Por otra parte, la cuestión religiosa es básica en la narrativa de Palacio Valdés. Defensor del catolicismo, ello no obsta, sin embargo, para que fuese crítico con algunas actitudes y conductas del clero que consideraba poco cristianas.

Como decíamos, el artículo que el novelista asturiano dedica a Manuel de la Revilla, que se incluye en el volumen de ensayos Los oradores del Ateneo, es un análisis de la personalidad, el pensamiento y la conducta de este temido crítico literario.

Con evidente ironía, Palacio Valdés aplica la estrategia del ataque seguido de varios halagos, con lo que la crítica se realiza igualmente pero aparece velada por éstos. Así, lo define como un filósofo pero luego señala que es capaz de defender una cosa y su contraria, lo llama ignorante pero dice que sienta cátedra o lo califica como iletrado pero señala que crea teorías.

En suma, se trata de un divertido texto en el que el temido crítico, pese a todo, sale mejor parado que las víctimas de sus escritos.

Podéis leer el texto aquí.

Fuente: Ayuntamiento de Laviana.

Foto: Avilés: FreeCat en Flickr.

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