El mito del Andrógino en ‘El Banquete’ de Platón

‘El Banquete’, escrito por el filósofo griego Platón (ca. 428 a.C./427 a. C. – 347 a.C) es una narración que se sitúa, precisamente, en un banquete organizado por el poeta trágico Agatón con el objetivo de celebrar su victoria en las fiestas Leneas del año 416 a.C. Además de Agatón se encuentra presente Sócrates, mentor de Platón, Erixímaco y Fedro, entre otros. Tras acabar de comer, Erixímaco propone a los comensales que improvisen un elogio a Eros, pues Fedro lo ha tenido en mente durante toda la cena y desea iniciar mutuos discursos. De hecho, Fedro considera a Eros, dios del amor, el más admirable de todas las deidades.

retrato de platon

Retrato pintado de Platón.

La historia nos llega a través de un narrador de excepción, Apolodoro, que es el que traslada al lector cómo sucedió todo, aunque él lo sabe de segunda mano, porque se lo contó Aristodemo. De esta manera, los escritos de Platón toman forma de diálogo. Un vehículo, el de la oralidad, donde se exponen ideas filosóficas. En el primer grupo de escritos que se conocen de ‘El Banquete’, Platón incluye 35 diálogos y 13 cartas a través de los cuales, básicamente, se distribuye el diálogo entre Apolodoro y unos amigos, mientras a su vez éste les cuenta los discursos que hubo entre Sócrates, Albíades, Aristodemo, Erixímaco y Agatón sobre uno de los temas capitales de todos los tiempos: el amor.

El mito del Andrógino

La lectura de ‘El Banquete’ resulta sencilla y complaciente aún para aquel lector que no se encuentra familiarizado con la filosofía griega. No obstante, uno de los pasajes más bellos es el que conforma el Discurso de Aristófanes y que da lugar al llamado Mito del Andrógino.

Cuenta Aristófanes que en la antigüedad los seres humanos nos dividíamos en tres géneros. Además del masculino y el femenino, que son los que conocemos hoy, existía también el género andrógino. Los andróginos eran redondos y estaba unidos por el vientre, con cuatro brazos y cuatro piernas, dos caras en la misma cabeza y dos órganos sexuales. Como tenían el doble de todo, eran seres superiores dentro de la estirpe humana: más velones, más fuertes y más listos… lo suficiente como para intentar hacer daño a los dioses. Evidentemente, a Zeus no se le pasó esto por alto y decidió ser consecuente. Así, castigó a los andróginos partiéndolos por la mitad. Apolo, apiadándose de ellos, les curó de tal forma que adoptaron la forma de cualquiera de los dos géneros.

Sin embargo, los andróginos estaban incompletos, a cada uno de ellos les faltaba su otra mitad. Es por ello que pasan toda su vida buscando a “su media naranja” o, lo que es lo mismo, a otra persona que les complete. Es por ello que, cuando finalmente se encuentran, solo quieren fundirse el uno en el otro hasta tener la impresión de ser uno solo. Si esta no es la metáfora más bella sobre el Amor jamás contada. ¿Se os ocurre una mejor?

Foto / Abode of Chaos

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