El hombre mediocre

El hombre mediocre, publicado en el año 1911 por el filósofo argentino José Ingenieros, divide al ser humano en dos clases: El hombre idealista y el hombre mediocre. Este último, que da titulo a su trabajo, es según el autor una persona ignorante que no es capaz de forjar ideales que lleven al progreso de la sociedad.

Se trata de una obra escrita por José Ingenieros, publicada en el año 1913. El escrito trata sobre la naturaleza del ser humano. En este ensayo el autor divide al hombre, principalmente, en dos grandes categorías bien diferenciadas: El hombre mediocre y el idealista. Puedes leer gratis aquí el hombre mediocre.

Ingenieros, hace una manifestación en este escrito de sus dos tipos humanos, y además se refiere a cada uno de estas dos categorías con la historia, la sociedad, y las ideas, entre otras cosas.

El escritor expresa que el ideal es un gesto del alma hacia alguna perfección. Un ideal es para él una idea que puede ser perfeccionada. Los ideales, representan la consecuencia más grande de la acción de usar la mente, de pensar. Los ideales marcan el progreso. La mediocridad es la incapacidad de tener esos ideales. Es la excesiva prudencia de los mediocres la que paraliza las iniciativas de cambio más fecundas.

José Ingenieros manifiesta en su trabajo que no existen hombres iguales, y los divide a su vez en tres tipos: ‘El hombre inferior, el hombre mediocre y el hombre superior, pero no ataca a los dos primeros, sino que detalla las características de cada uno y exalta al segundo y lo diferencia con el hombre idealista.



Según ingenieros el hombre mediocre es una persona incapaz de usar su imaginación para forjar ideales que le planteen un futuro por el cual luchar. Es una persona que se vuelve sumisa. Se convierte en parte de un rebaño o colectividad, a la que no le cuestiona las acciones, sino que sigue ciegamente. El autor presenta a este hombre mediocre como un ser es sumiso, manejable, ignorante, sin personalidad, contrario a lo considerado perfecto, cómplice y motor de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra amar. En su vida complaciente se vuelve vil y escéptico, un cobarde. Un hombre mediocre no acepta nuevas ideas, distintas a las que ya ha recibido por herencia. Ingenieros sostiene que los mediocres no se convierten en genios, ni héroes ni santos. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que, de esta manera, no se ponga por encima de él.

El autor también se refiere al hombre idealista. Lo expone como una persona capaz de usar su imaginación para crear ideales genuinos y se propone seguir ilusiones, ideales de perfección muy altos. En estos ideales deposita su fe, se propone de esta manera cambiar el pasado en favor del futuro. El idealista, se transforma, está en continua evolución, porque se ajusta a las variaciones de la realidad. Es un ser único y original que no se deja someter por dogmas sociales ni morales. Contribuye con sus ideales a la evolución social. Es un hombre soñador, culto, entusiasta y de personalidad única.

A diferencia del mediocre este puede distinguir entre lo mejor y lo peor y no entre el más y el menos. Sin los idealistas no habría progreso en una sociedad. El idealista tiene su propia verdad; no se mueve por juicios complacientes, sino según ideales más altos. El hombre idealista piensa por sí mismo, no busca el éxito, sino la gloria, ya que opina que el éxito es solo momentáneo.

El autor de esta obra es el escritor José Ingenieros, su nombre original era Giuseppe Ingegneri y fue un filosofo argentino. Estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires y se desempeñó como profesor de psicología experimental. Es considerado uno de los representantes mas fuertes del positivismo en Latinoamérica

En 1892, ya habiendo finalizado sus estudios secundarios, fundó el periódico La Reforma. Fue miembro del partido socialista y defendió la lucha de clases a la que consideraba una lucha por la vida. La simulación en la lucha por la vida, su tesis doctoral publicada en 1903 es una clara concordancia con la corriente darwinista.

En 1903 la Academia Nacional de Medicina lo premió por Simulación de la locura. Fue nombrado Jefe de la Clínica de Enfermedades Nerviosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires .

Tenía un marcado interés por los problemas psiquiátricos, criminológicos y psicofisiológicos. La influencia de las ideas positivistas de europeos como Spencer o Comte, fue el punto de partida a su labor filosófica de un positivismo de corte cientificista.

Se convirtió en un destacado miembro de la Cátedra de Neurología y en el Servicio de Observación de Alienados de la Policía de la Capital, del cual llegó a ser su director

En 1909 fue elegido Presidente de la Sociedad Médica Argentina y nombrado Delegado Argentino del Congreso Científico Internacional de Buenos Aires. Completó sus estudios científicos en las universidades de París, Ginebra, Lausana y Heidelberg.

En 1914 José Ingenieros se casa con Eva Rutenberg en la ciudad de Lausana, Suiza, aunque el noviazgo había comenzado en Buenos Aires. Tuvieron cuatro hijos, Delia, Amalia, Julio y Cecilia. Su mujer Eva Rutenberg murió joven, a los 30 años.

En 1918 se edita Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía donde el autor afirma la existencia de un “residuo inexperiencial fuera de la experiencia”, que no es algo sobrenatural, trascendental o absoluto, aunque tampoco algo incoherente o indescifrable. Durante la Reforma Universitaria iniciada en 1918 fue elegido Vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras, con amplio apoyo del movimiento estudiantil.

Además de dirigir su periódico bimestral, “Seminario de Filosofía”, combinó su pasión por la ciencia con una ética social. Comenzó hacia 1920 una lucha política, en favor del grupo progresista “Claridad”, de tendencia comunista.

Entre sus obras, de gran influencia en el pensamiento latinoamericano, destacan las siguientes: Simulación de la locura en la lucha por la vida (1903), Sociología argentina (1908), Principios de psicología genética (1911) y El hombre mediocre (1913). Su obra La evolución de las ideas argentinas (publicado en dos volúmenes 1918 – 1920) determina caminos para entender el desarrollo histórico como país. Murió a los 48 años el 31 de octubre de 1925.

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