El raquero, de José María de Pereda, la Cantabria del pasado

José María de Pereda es uno de los grandes novelistas del Realismo español. Pero, más valor aún que sus narraciones, lo tienen, probablemente, sus cuadros de costumbres, magníficas descripciones de los tipos y los hábitos de su tierra cántabra, como sucede con El raquero.

Debemos agradecer a los escritores del siglo XIX el habernos legado escenas costumbristas de un pasado que no volverá. Gracias a ellas, conocemos mejor cómo era la vida en su época y a una serie de curiosos tipos sociales que la modernidad ha enviado al olvido.

El costumbrismo, además, constituye el germen de la gran novela realista de aquella centuria: a los primitivos cuadros que mostraban los hábitos de la sociedad se les proporcionó, con el tiempo, un mínimo hilo argumental que fue adquiriendo relevancia hasta conformar verdaderos relatos.

Foto del Paseo de Pereda

Una vista del Paseo de Pereda, en Santander.

En este trayecto y en lo que a la literatura española respecta, dos figuras tienen verdadera importancia: Mariano José de Larra con sus artículos de costumbres y Ramón de Mesonero Romanos con sus Escenas matritenses.

Tras ellos, se erige otra figura más dotada para la narrativa –sin olvidar a ‘Fernán Caballero’– y con un indudable encanto para describir la vida de su tierra. Se trata del cántabro José María de Pereda (Polanco, 1833-1906), en cuya dedicación al costumbrismo, probablemente, hallamos algunas de sus mejores creaciones, pues sus novelas extensas se pierden con frecuencia en la afirmación de las tesis del autor y dejan a un lado, en buena medida, el encanto de lo natural.

Porque los cuadros de costumbres de Pereda van un paso más allá que los de los anteriores cultivadores. A la presentación de tipos y hábitos de las tierras santanderinas, el escritor añade una trama que los sitúa a medio camino entre el ensayo y el cuento. Y a su valor contribuye, además, no poco la calidad literaria del autor cántabro.

Se trata de escenas de la vida de su tierra que se sitúan tanto en la montaña como en la capital y que Pereda recogió en diferentes volúmenes como Tipos y paisajes o Escenas montañesas.

A éste último pertenece El raquero, verdadero relato breve protagonizado por un curioso personaje que pululaba por los muelles santanderinos en tiempos pretéritos dedicado a ‘distraer’ pequeños utensilios que encontraba en los barcos. Estos infelices muchachos, producto de la miseria social, guardan, curiosamente, un gran parecido con los pícaros que protagonizaran las novelas picarescas de los siglos XVI y XVII y, en este sentido, bien puede considerarse el texto perediano como una reminiscencia de ese género.

El protagonista es ‘Cafetera’, hijo de un humilde pescador –el tío Magano– que, falto de gusto por el trabajo, sobrevive cometiendo pequeños hurtos en las embarcaciones del Muelle de las Naos. Como es inevitable, un día comete un robo más grave y da con sus huesos en la cárcel. Cuando salga, ya nada será lo mismo.

Pereda es un excelente escritor y borda el cuadro de costumbres, hasta el punto de que este texto constituye una verdadera pequeña obra maestra.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Biografías y vidas.

Foto: Paseo de Pereda: Tomás Fano en Flickr.

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