Entrevista a Alicia Banderas, autora de Pequeños tiranos

Agresividad, manipulación, falta de responsabilidad, escaso autocontrol, egoísmo, poca tolerancia a la frustración… son algunas de las conductas que exhiben cada vez más los niños y los adolescentes en la sociedad actual. En Pequeños Tiranos (Planeta 2010), la psicóloga Alicia Banderas se vale de su amplia experiencia en el programa de televisión «Escuela de padres… en apuros» y hace un análisis del comportamiento de éstos y su repercusión en la educación de sus hijos.

Agresividad, manipulación, falta de responsabilidad, escaso autocontrol, egoísmo, poca tolerancia a la frustración… son algunas de las conductas que exhiben cada vez más los niños y los adolescentes en la sociedad actual. En Pequeños Tiranos (Cúpula, Planeta 2010), la psicóloga  Alicia Banderas se vale de su amplia experiencia en el programa de televisión «Escuela de padres… en apuros» y hace un análisis del comportamiento de éstos y su repercusión en la educación de sus hijos. Ilustrado con numerosos casos prácticos tratados por la autora, Pequeños tiranos ofrece al lector las claves del problema, las técnicas y las estrategias de la psicología para aplicarlas de forma sencilla y efectiva.

En Leergratis hablamos con la autora sobre su libro y sobre las calves para manejar a estos adolescenbtes y nuños problemáticos.

Leer gratis: Pequeños tiramos es un título muy representativo de la realidad que quiere transmitir, aunque no siempre sabemos muy bien  de que estamos hablando cuando usamos esta expresión. ¿Qué se entiende realmente por un pequeño tirano?

Alicia Banderas:  Bueno, hay que tener en cuenta que no todos los niños que son rebeldes son tiranos. Las pistas o cnsejos que puedo darte para reconocerlo, se podrían resumir de la siguiente forma:

Los que yo defino como pequeños tiranos, son niños que  se muestran incapaces de percibir el daño que causan a los demás, entre ellos, a sus padres. Es decir, muestran falta de empatía. No hay cabida para la pena, ni la compasión. Por lo general, son niños que actúan con agresividad, violencia, amenazas, y que  manipulan y desafían a sus padres pero no tienen ningún remordimiento de conciencia ni culpa tras el daño que les ha causado. La culpa es siempre de los demás.
Los niños tiranos mienten y se comportan de un modo vengativo. No tienen lágrimas de vergüenza, ni piden un perdón sincero por sus maléficas acciones. Muestran una crueldad poco acorde con la edad que tienen hacia sus padres, hermanos, compañeros, animales… Se sienten mejores a través del poder y de someter a los demás, sobre todo a al más débil, a su victima, que pueden ser sus padres (sobre todo su madre). Así creen que se ganan atención y respeto, una falsa autoestima, a través de la violencia de la que a veces llegan hasta disfrutar haciendo daño.



Otro punto importante para reconocerlos es que son niños que no entienden el sentido de la amistad real, simplemento no saben qué es eso. Se juntan con otros niños como compañeros de andanzas, pero no hay ningún vínculo de cariño que le una a ellos.

En cuanto al cumplimieno de las normas, los tiranos suelen transgredirlas. Los castigos apenas surten efecto porque no sienten miedo ni ansiedad ante estos. Es más, no atienden cuando se les llama la atención por sus malas conductas. Cuando son pequeños, cogen rabietas desproporcionadas para conseguir lo que quieren y por mucho que los padres intenten calmarles y entrar en razón, de poco vale, puesto que , al no aceptar ni respetar la autoridad de sus padres, tampoco cren que estos tengan derecho alguno a reprenderles.

De hecho, los niños tiranos no buscan la aprobación de sus padres. Esto hace, por ejemplo que se revelen contra el cumplimiento de las tareas que otros niños usan como elemnto de aprobación y valoración paternal como ordenar o recoger sus cosas … Sienten gran ansia por conseguir lo que se proponen sin anticipar las consecuencias y llevándose por delante a quien sea.  El caso más claro es el de un  niño que viene y te dice , refiriéndose a su madre;  “la insulté porque no me dejaba dormir en casa de un amigo.  Es decir, para los tiranos ,”el fin justifica los medios”. Se muestran impulsivos y con escaso autocontrol, saltan ante cualquier nimiedad que los enfurece y además son niños caprichosos que no toleran la frustración y qiue lo quieren todo y lo quieren ya.

LG: Asusta pensar que puede llegar a habr niños así… La pregunta es ¿Qué hace que un niño se convierta en un pequeño tirano? Quiero decir que, es obvio, que cualquier padre intenta hacer siempre aquello que es mejor para su hijo, ¿en qué estamos fallando?

AB: Como dices, está claro que un niño,  de la noche a la mañana;  no se convierte en un niño tirano, lo que sí es lógico es que muestre su rebeldía según va creciendo, rebeldía que tiene que ser bien canalizada y manejada por su padres. Pero hay niños con escasa empatía, es decir, que no perciben el daño que causan, ni tienen culpabilidad cuando se portan mal. Estos niños, de temperamento difícil, si son educados en base a un estilo permisivo, a un “todo vale” o “me tienes harta, haz lo que quieras” desencadena un explosivo que termina dando rienda suelta a toda su tiranía.
Es importante dejar caro en este punto que, por supuesto, los padres intentan hacer lo mejor para sus hijos, pero en nombre del amor también se cometen fallos como concederles cosas sin apenas esfuerzo y que no se han ganado.

Además, en los últimos años, estamos viviendo una tendencia de los padrews hacia el sentimiento de culpabilidad. Sienten que no pueden  conciliar la vida familiar con la laboral y cuando llegan cansados y no han visto a sus hijos en todo el día, no quieren discutir ni reprender les por los malos comportamientos. En otras ocasiones, la sobreprotección les lleva a no delegar responsabilidades acordes con la edad del niño, y terminan viviendo en un mundo de algodones, y cuidado! Esto lo hacemos en nombre del amor, quizá la mayor muestra de amor es ponerles límites, aprender a decirles “no” y establecer normas en casa.

LG: En su libro presenta casos muy ejemplificativos de lo que pasa en  muchos hogares.  Me llama la atención, por ejemplo, el casi de Omar, un niño que tiene  a su madre completamente esclavizada. ¿Cómo se revierte una situación así?

AB:  Par evitar que esto suceda los padres demos ser conscientes de que hay que tomar las riendas, aunque nos cueste. Frecuentemente, hay padres y madres que normalizan la agresividad, se introducen en un círculo vicioso de gritos, amenazas e insultos como forma de relacionarse y son tratados por sus hijos con violencia. Hay que darse cuenta de que esa forma de relacionarse es muy peligrosa y hay que ejercer tolerancia cero ante las primeras faltas de respeto. Uno tiene que cambiar el rol, el padre o madre es la autoridad en casa. En casos tan extremos como el de Omar hay que pedir ayuda porque ellos actúan echándote un pulso mayor cuando te rebelas y gobiernas con firmeza y autoridad. Pero si unos padres continúan en el papel de víctima y siguen permitiéndolo, esto será el alimento para que sus hijos sigan retándoles, amedrentando, desafiando y llegando incluso a la agresión física (igual de importante que la psicológica). Estos adolescentes, normalmente tienen un temperamento agresivo e impulsivo difícil de manejar, por lo que supone un mayor reto para estos padres, que con esas mismas acciones en otro hijo podría haber servido para tener una muy buena relación.

LG: Pero,  ¿qué pasa por la cabeza de un niño para llegar a comportarse de ese modo?

AB: En la cabeza de estos chicos y chicas con estos indicadores hay una forma distorsionada de ver el mundo y de percibir su entorno. Piensas erróneamente que “la culpa siempre es de los demás” y se muestran fríos y egocéntricos. Para conseguir lo que desean y por su ansia en lograr lo que se proponen hacen “lo que les venga en gana” y “el fin justifica los medios”, capaces de ignorar o llevarse por delante a amigos, hermanos, profesores, o a sus propios padres, con tal de salirse con la suya.

LG: Otro de los casos que presenta es el  de Alba, una niña a la que sus padres critican constantemente por su mal comportamiento. ¿Dónde está la frontera entre una reprimenda y el llegar a auto convencer a un niño de que es malo?

AB: Para que un niño obedezca no hay que amenazarle ni hacerle sufrir, ni avergonzarle o acomplejarle. Tenemos la manía de hacer sentir mal a la gente para que cambie y  esto es un error. En mi opinión hay que elogiar los buenos comportamientos y reprender los malos. También hay que utilizar el diálogo, hablar con tu hijo, porque detrás de un niño que se porta mal hay muchas cosas que observar. Portarse mal es la inflamación visible pero la causa está en el interior, que es la verdadera “infección”.

LG: En los últimos meses hemos visto en las noticias varios casos de padres a los que se les ha apartado de sus hijos, o que han sufrido un proceso judicial por utilizar el famoso “cachete”. Hay quién piensa que lo estamos llevando todo demasiado a los extremos… ¿Cuál es su opinión en este sentido? ¿Está justificado el cachete en algún caso?

AB: Creo que la sentencia fue desproporcionada y se sacó de quicio. Aunque yo no soy partidaria de pegar ni del castigo físico. Si tu pegas cuando te sientes frustrada, le estás enseñando a tu hijo que cuando el se sienta frustrado, pegue. Los niños aprenden por imitación. De hecho, mi experiencia me dice, que los padres que utilizan el cachete o castigo físico, al final no lo ejercen de manera aislada, sino como una herramienta educadita habitual y a mí esto me parece peligroso e imprudente.

LG: Me pongo en la piel de una madre que no es capaz de conseguir que su hijo le obedezca…¿Qué se siente en una situación así? ¿Qué le dicen cuando llegan a su consulta?

AB: Los padres suelen sentir mucha impotencia y frustración, pero también culpabilidad que queda reflejada en frases como “¿qué he hecho yo para que mi hijo me trate así?”, indefensión “Yo no me merezco esto”. Normalmente la verdadera realidad de lo que sucede en sus hogares te la cuentan en la segunda o tercera sesión. Primero, comentan que su hijo no les hace caso, se salta las normas, que ha bajado el rendimiento en los estudios, porque se avergüenzan de lo que les está pasando. Mi primera actuación va encaminada en eliminar la vergüenza y disminuir la culpabilidad, ya que desde la culpa no ven salida y se encuentran hundidos y no se puede ejercer la autoridad, intento cambiarla por responsabilidad ya que esto si lleva a la acción sin sentimientos negativos.

LG: Si el proceso es duro para los padres, tampoco para los hijos debe de ser fácil asumir que su comportamiento debe cambiar… ¿Cuál es el proceso que sigue, como experta en este tipo de problemas, para lograr la cooperación de los menores?

AB: Es una intervención ardua y difícil. Lo que hago es ganarme su confianza, no les juzgo y trato de ponerme en su piel para saber qué les lleva a pensar así. A partir de ahí, intento que conecten con el dolor ajeno (generar empatía poniéndose en el lugar de la otra persona), les ayudo a pensar en otras alternativas para comportarse de otra manera. Les enseño habilidades de comunicación y relación, así como a que sus actos no les salgan gratuitos, esto lo hago con la ayuda e intervención de sus padres. También pacto con ellos que hagan actividades que les motiven, pero sobre todo, en las que se sientan poderosos y válidos pero nunca a través de la violencia.

LG: Usted no es nueva en la psicología ¿ha notado mucho cambio en la conducta de niños y adolescentes desde que comenzó a ejercer?

AB: Hace aproximadamente diez años que comencé a ejercer y he notado un cambio en el estilo educativo que ha pasado del autoritarismo “por que yo lo digo!” al permisivo “haz lo que quieras”, se ha manejado imprudentemente esta libertad. Ahora para ganarse la confianza de sus hijos quieren ser amigos, en vez de padres. Un padre o una madre nunca puede ser amigo de sus hijos para eso ya se los sabe buscar ellos.

LG: Muchas veces se habla de la influencia que pueden estar ejerciendo los medios de comunicación en todo este proceso. Ciertamente, los mismos dibujos animados han cambiado, quiero decir que yo recuerdo mi infancia hablando de Heidi y Marco o de la Abeja Maya y no de Pokemon que luchan unos contra otros, por no hablar de los programas que, inadecuadamente, se exhiben sin pudor en horario infantil ¿Cuál es su opinión en todo este asunto?

AB: La agresividad se aprende por imitación pero eso no quiere decir que aunque la aprendan luego lleguen a  actuar  con violencia. Ejercer la violencia depende de más variables, unas que son personales y otras del entorno, más que del hecho en sí de observar modelos violentos en los medios o en sus juegos. Aún así, claro que influye pero no determina.
Es cierto que para un niño habituado a ver violencia, a veces no sepa diferenciar lo que es agresivo de lo que no. Esa línea es muy delgada, y sobre todo, no suelen estar acompañados de los padres para filtrar esa información y decirles lo inapropiado de estos modelos agresivos para poder cuestionarlos.

LG: Después de ver tantos casos de menores que acaban manipulando a sus padres y a sus amigos, ¿no se siente uno un poco defraudado con la sociedad que tenemos?

AB: Yo soy muy optimista porque veo cómo con ayuda (que es lo que hace falta) las familias salen adelante. Y porque estos casos  extremos no son los habituales, tan sólo son los que mayor ruido hacen y mayor escándalo social provocan. Hay chicos y chicas estupendos con un gran sentido de la responsabilidad y solidaridad, y estos son los más.

LG: Finalmente, qué aconsejaría a un  padre o madre que crea que su hijo está empezando a convertirse en un pequeño tirano?

AB: Que no caiga en el error de pensar que cuando madure pasará todo. Plantearse retomar su autoridad. No hay que dejarlo pasar, si no se frena, va a más. Si uno no puede solo tiene que pedir ayuda a un psicólogo, al médico de familia, a Servicios sociales, etc.

LG: Muchas gracias por responder a  nuestras preguntas y mucha suerte con Pequeños Tiranos.

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