‘Esperando la felicidad’, de Coen Simon

El provocador filósofo holandés indaga en todo lo relativo a ese estado de bienestar con una mezcla de rigor y amenidad.

Coen Simon

Hoy día, los filósofos distan mucho de ser como los clásicos. Aristóteles o Platón nos contaron su concepción del mundo y del ser humano sin preocuparse demasiado de buscar la amenidad (aunque no por eso carecen de ella). Sin embargo, los pensadores actuales se encuentran muy próximos a los escritores de ficción en el sentido de que tratan de involucrar al lector en sus propias obras, haciéndolo partícipe de ellas, y también en el de que albergan intenciones literarias.

De hecho, no son pocos los que combinan la redacción de ensayos filosóficos con obras de ficción dramáticas o narrativas en las que, de paso, exponen igualmente sus tesis. Jean Paul Sartre fue un buen ejemplo de ello y, en España, lo es Fernando Savater.

Aunque no escribe ficción, también el pensador neerlandés Coen Simon (1972) trata de dotar a sus obras de altura literaria y amenidad, mientras reflexiona en ellas sobre temas actuales u otros que pertenecen a la misma esencia del ser humano. A los primeros pertenecen las opiniones vertidas respecto a la institución de la monarquía, a los derechos de los animales o a la neurociencia, un tanto provocadoras y que han levantado cierta polémica. Y es que, para prosperar en el mundo intelectual, no hay como exponer tesis que levanten revuelo y, si además se domina el medio televisivo ?como sucede con Simon-, mucho mejor.

Ahora la editorial Ariel nos trae su último libro, ‘Esperando la felicidad’. Llega precedido por la obtención del Premio Sócrates el pasado año por parte del filósofo holandés y, como su propio título indica, constituye una indagación sobre ese estado de bienestar. Podríamos decir que la idea clave de la obra es que no es ver cumplidos nuestros anhelos lo que da sentido a nuestra vida sino el deseo mismo de conseguirlos. Por tanto, según el autor, la felicidad reside en esa espera.

Dicho con otras palabras, sería el deseo el verdadero motor de nuestra vida. Y, para demostrar su tesis, Simon nos habla de su propia familia, de sí mismo y de la cotidianeidad, confiriendo al relato un tono ameno. Al mismo tiempo, nos advierte de que, si bien esa espera por la felicidad a veces puede vivirse como una tortura, deberíamos aprender a valorarla más, puesto que es ese anhelo de lograrla lo que conforma nuestro día a día. En suma, se trata de una obra que combina el rigor y la amenidad a partes iguales.

Fuente: Editorial Ariel.

Foto: Mararie.

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