Las Moradas del Castillo Interior

Los consejos espirituales de carácter didáctico que Santa Teresa de Jesus inicia con Camino de Perfección encuentran su culminación en el libro Las moradas. A los 62 años y en un momento de su vida más que delicado, donde la Inquisición la mira bajo el velo de la sospecha, Teresa recibe el encargo de escribir unos consejos para el monjas del Monasterio de la Encarnación. De nuevo, reivindica la oración como medio para elevar el alma.

Retrato de Santa Teresa en el Museo San Pío V, Valencia

Retrato de Santa Teresa en el Museo San Pío V, Valencia

Dicen que Las moradas es la mejor obra de Santa Teresa de Jesús. En un artículo precedente ta habíamos hablado de Camino de Perfección, un compendio de consejos para las monjas carmelitas. Con 62 años Santa Teresa se embarca en Las moradas, prácticamente obligada por el Padre Gracián y bajo la atenta mirada de la Inquisición, que empieza a estar más que descontenta con sus obra progresistas. Como en Camino, se trata de una obra que versa sobre las tribulaciones de la vida mística, sus deberes y obligaciones, siempre con un marcado carácter didáctico.

En este manuscrito, articulado en siete moradas, ahonda un poco más en los peligros del alma y en qué hacer para evitarlos. Al hacer referencia al castillo se está refiriendo al alma, aclarando en el capitulo primero que la llave para llegar a ella no es sino la oración. Así, ésta serviría para dejarnos llevar y abrir nuestros corazones a Dios. De nuevo, consejos para poder desentrañar los entresijos del alma y alcanzar el camino hacía la iluminación del ser. Por consejo del Padre Gracián escribe los mandatos que parecen necesitar las monjas del Monasterio de Nuestra Señora del Carmen respecto a la oración, puesto que supuestamente “mejor se entienden el lenguaje unas mujeres de otras”.

Ya en la introducción Santa Teresa explicita su declaración de intenciones. En primer lugar deja claro su descontento al verse obligada a escribir ese libro en medio de un período complicado de su vida. En 1577 se encontraba Teresa en Toledo, donde empezaría a escribir, para luego trasladarse al Convento de Ávila, en el que pasaría un año. Allí había ido a parar después de la propagación de calumnias y comentarios deshonrosos hacia su persona, librándose de ser mandada a un convento en América. Muchas críticas le valieron por su estatuto de mujer “andariega”, pero ella permaneció con las monjas de la Encarnación, que la hicieron priora, durante un año. Una vez en Sevilla, Santa Teresa recibió la llamada de la Inquisición por supuestas faltas morales, denuncia de la que finalmente se libraría.

El éxtasis de Bernini

El éxtasis de Bernini

Así, en medio del tumulto, Santa Teresa de Ávila tuvo tiempo de extraerse de las aflicciones de la vida física para escribir la que muchos consideran su mejor obra. Como un modo de extraer la frustración que llevaba dentro, la Santa ofrece una serie de valiosos consejos para el alma aclarando, por si acaso, que si en algo ofendiera a la Iglesia Católica, ello sería “por ignorancia y no por malicia”.

Retrato por Carlos M en Arte y fotografía

El éxtasis de Santa Teresa por RaSeLaSed en Flickr


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