Los cañones de agosto, de Bárbara Tuchman o cómo estalló la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial venía fraguándose desde la derrota francesa de 1870 frente a Prusia. Pero, en unos días de agosto de 1914, todo se precipitó de forma irremediable. En ‘Los cañones de agosto’, Bárbara Tuchman analiza esas fechas de forma pormenorizada y magistral.

Desde finales del siglo XIX, concretamente desde la Guerra Franco-Prusiana de 1870, era un hecho más o menos asumido que habría un nuevo enfrentamiento armado, pues los galos se tomarían la revancha de aquella humillación. Es más, en los años finales de esa centuria, todas las naciones europeas se preparaban para un conflicto bélico (es lo que históricamente se conoce como “carrera de armamentos”). Sin embargo, resulta sorprendente ver con cuanta ligereza  los gobiernos de los distintos países se embarcaron en una contienda de imprevisibles consecuencias.

Se trata de la Primera Guerra Mundial o, como se la llamó entonces, la “Gran Guerra” (denominación que perdería todo su sentido tras la de 1939-1945, aún más dura y sangrienta) y la mejor obra sobre aquellos días en que estalló el conflicto es ‘Los cañones de agosto’, publicada en 1962 por la periodista e historiadora norteamericana Bárbara Tuchman (Nueva York, 1912-1989) y que le supondría el Premio Pulitzer.

'Los cañones de agosto' se centra en los días en que estalló la Primera Guerra Mundial

'Los cañones de agosto' estudia los días en que estalló la "Gran Guerra". En la foto, trincheras de ese conflicto.

Con anterioridad, había parecido ‘La torre del orgullo’, una suerte de complemento de aquélla, pues se centra en las causas del estallido de la Primera Guerra Mundial, pero que no la iguala en calidad. Porque, a lo largo de sus páginas, ‘Los cañones de agosto’ parecen trasladarnos a 1914, tal es el grado de conocimiento de la época de Tuchman. Y no sólo de los acontecimientos históricos, sino también por saber describirnos el ambiente que se vivía en las distintas naciones: sus pueblos se enardecían con la idea de la guerra, las gentes se alistaban en masa de forma voluntaria, en una suerte de locura colectiva de trágicas consecuencias.

Desde 1870, Europa se había dividido en dos bloques de alianzas. Por un lado, las potencias centroeuropeasAlemania, Italia y el Imperio Austro-Húngaro– y, por otro, los aliados –Gran Bretaña, Francia y Rusia-. De este modo, si uno de ellos era agredido o declaraba la guerra a otro, se desencadenaría una reacción en cadena que los llevaría a todos a entrar en el conflicto. Y la llama que encendió la mecha fue el asesinato en Sarajevo del Archiduque Francisco Fernando, heredero del trono austríaco.

Tuchman nos va relatando todos estos movimientos, al tiempo que hace hincapié en la torpeza de los gobernantes de todos los países implicados, que irresponsablemente transformaron un problema diplomático en una guerra brutal. Como ella señala, bien es cierto que todos creían que sería un conflicto rápido pero ello no les exonera de su responsabilidad. En suma, ‘Los cañones de agosto’ es una obra magnífica.

Fuente: Novilis.

Foto: Timitrius.

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