Los filósofos en el figón, Estébanez Calderón y sus postales de Andalucía

Aunque el Romanticismo no mostró especial predilección por la novela, sí lo hizo por otro género en el que además se halla el germen de la narrativa realista posterior: el costumbrismo o cuadro costumbres. Uno de sus más ilustres cultivadores fue Estébanez Calderón, autor de unas ‘Escenas andaluzas’ a las que pertenece ‘Los filósofos en el figón’.

No puede decirse que el Romanticismo tuviese especial predilección por la novela. Al margen de las grandes narraciones históricas de Walter Scott en Inglaterra o de Alejandro Dumas en Francia, pocas obras destacan dentro del género. Los escritores románticos preferían la lírica y el teatro y, a la hora de cultivar la prosa, el relato breve y, muy especialmente, el costumbrismo o cuadro de costumbres, en el que curiosamente se halla el germen de la novela realista posterior.

Aunque no se inicia durante el Romanticismo, pues los elementos locales  ya tenían una importante presencia en la literatura anterior –pensemos, por ejemplo, en los entremeses o en los sainetes de Ramón de la Cruz-, es en esta época cuando el costumbrismo adquiere categoría de género literario autónomo. Ello se debe, en buena medida, a la mentalidad romántica con su exaltación del volkgeist o espíritu del pueblo y, por tanto, de las peculiaridades nacionales y regionales.

Foto de Málaga

Zona antigua de Málaga, ciudad natal de Estébanez Calderón

De esta suerte, podríamos definir el cuadro de costumbres como un texto breve de tipo ensayístico en el que el autor, apoyándose en una anécdota insignificante, muestra escenas y tipos curiosos de su tierra. Fueron muchos los escritores que se animaron a cultivar el género e incluso se realizaron colecciones como ‘Los españoles pintados por sí mismos’ que recopilaban estos textos. Imágenes inolvidables del Madrid romántico nos han legado Larra y, sobre todo, Mesonero Romanos.

Del mismo modo, en lo que respecta a Andalucía, este papel de retratista lo ejerce Serafín Estébanez Calderón (Málaga, 1799-1867) conocido como “El Solitario”, quién, además, fue una importante figura política de su tiempo: diputado, senador, consejero de Estado e incluso ministro. Por si ello fuera poco, poseía una vasta cultura que le permitió escribir sobre toros, flamenco, historia y ser un experto arabista. Sus cuadros de costumbres se hallan reunidos en el volumen titulado ‘Escenas andaluzas’ que se publicó en 1847.

A ellas pertenece ‘Los filósofos en el figón’, en el que nos presenta a los personajes habituales de un bar de la época, contraponiendo su sabiduría popular con la pedantesca de otro personaje, el Bachiller Górgoles. El lenguaje coloquial y la gracia y chispa andaluzas brillan en este texto de forma magistral otorgándole una luminosidad meridional y una amenidad extraordinarias que nos recuerdan, en cierta medida, al ‘Rinconete y Cortadillo’ cervantino. Además, de su lectura podemos extraer la consecuencia de que, aunque hayan pasado muchos años, las personas no hemos cambiado tanto.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Isla Bahía.

Foto: Gotardo.

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