‘Vidas imaginarias’, las peculiares biografías de Marcel Schwob

Aunque hoy día no es demasiado conocido, el escritor francés Marcel Schwob ha ejercido influencia en grandes autores posteriores. Entre ellos, André Gide, William Faulkner y, sobre todo, Jorge Luis Borges, quién confesaba que, para escribir su ‘Historia universal de la infamia’, se había inspirado en las ‘Vidas imaginarias’ de Schwob.

Una playa de Samoa

Una playa de Samoa, adonde Schwob peregrinó para ver la tumba de Stevenson

Algunos grandes escritores han pasado a la Historia de la Literatura como autores de segunda fila. Con frecuencia, ello se debe a que los manuales utilizan para clasificarlos criterios de popularidad, que son ajenos a la calidad literaria. Otras veces, coinciden vitalmente con genios que oscurecen su labor y quedan relegados a un plano secundario. Y algo de todo ello puede decirse que le ocurrió al francés Marcel Schwob(Chaville, Hauts-de-Seine, 1867-1905).

No muy conocido entre los lectores actuales, influyó sin embargo en autores de la talla de André Gide, William Faulkner, Roberto Bolaño o Georges Perec. El propio Jorge Luis Borges reconoció que el punto de partida para su narrativa fueron las ‘Vidas imaginarias’ del escritor francés y que “en todas partes del mundo hay devotos de Schwob que constituyen pequeñas sociedades secretas”.

Poseedor de una gran facilidad para aprender idiomas, se apasionó desde muy joven por jugar con las palabras, especialmente con las propias del argot. En 1884, descubrió a Robert Louis Stevenson, al que tradujo y que sería, desde entonces, su gran modelo. Incluso realizó un viaje a Samoa para visitar el lugar donde el autor de ‘La isla del tesoro’ estaba enterrado. Fruto de él sería un excelente libro de viajes en el que describe su trayecto a bordo del barco Ville de la Ciotat y los lugares por donde va pasando.

Carácter muy distinto tienen sus ‘Vidas imaginarias’, libro publicado en 1896. Viene a ser una recopilación de biografías de personajes reales al peculiar estilo de Schwob, es decir, mezclando hechos auténticos con otros fantásticos (algo que más tarde haría el citado Borges repetidamente en sus relatos). Además, el autor no se centra en grandes figuras de la Humanidad, pues, tal como señala en el prefacio, “el arte del biógrafo consistiría en dar el mismo valor a la vida de un pobre actor que a la de William Shakespeare”.

Un somero repaso a la nómina de biografiados nos da idea de su intención: Empédocles, supuesto dios; Eróstrato, incendiario; Lucrecio, poeta; Cecco Angiolieri, poeta rencoroso (contemporáneo de Dante, escribió numerosos versos en contra de éste); Pocahontas, princesa; Walter Kennedy, pirata analfabeto o señores Burke y Hare, asesinos. No hay, por tanto, deseo alguno de trazar la biografía de personajes destacados sino que lo que Schwob pretende es hablar de otros que, por su peculiaridad, le permiten fantasear a su gusto. Se trata, en suma, de una obra absolutamente original y muy bien escrita.

Fuente: ‘El País’.

Foto: Sarah/Rose.

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