Meditaciones

En esta entrada revisamos el clásico Meditaciones de Marco Aurelio, un clásico infaltable para el espíritu que busca paz

Marco Aurelio

Marco Aurelio

Estamos en un mundo que cada vez marcha más aprisa, con una velocidad que en su torbellino arrastra consigo cualquier capacidad de análisis y autoanálisis. Muchas respuestas quedan en el aire o son parcialmente comprendidas. Muchas personas sienten que la vida les oprime pero parece no importarles y avanzan como autómatas hacia un destino incierto.

Bajo esta perspectiva, la calma y la serenidad serían dos herramientas de incalculable valor que nos darían lucidez y juicio entre tanto cambio, entre tanta ida y venida que nos plantea un mundo globalizado. Si sumo estos pensamientos a la historia de Marco Aurelio, el otrora emperador romano, pues obtengo un cóctel dulce de sabiduría que sacia la sed.

Si leemos Meditaciones, encontramos un oasis de paz en un contexto en que la lucha por el poder y por los intereses leves del ser también campeaban a diestra y siniestra. Su gobierno no fue fácil, tuvo que enfrentarse a numerosas injusticias, revueltas y hasta pestes que convulsionaron la Roma de su tiempo. Pero su fortaleza de espíritu y su temperamento equilibrado le permitieron mantener la seguridad del imperio.

Su éxito radicaba en darle una lectura rápida y eficiente al contexto en que se vivía, prácticamente se adelantó al psicoanálisis en varios siglos. Este hecho particularmente lo podemos apreciar en el siguiente extracto de su obra:


“Verás siempre las mismas cosas: personas que se casan, crían hijos, enferman, mueren, hacen la guerra, celebran fiestas, comercian, cultivan la tierra, adulan, son orgullosos, recelan, conspiran, desean que algunos mueran, murmuran contra la situación presente, aman, atesoran, ambicionan los consulados, los poderes reales. Pues bien, la vida de aquéllos ya no existe en ninguna parte”.

Marco Aurelio joven

Marco Aurelio joven

Al adentrarse en el núcleo mismo de la sociedad, sabía cómo se comportaba ésta y qué esperar de sus componentes. El mismo Marco Aurelio se refiere a esta suerte de don como un bien –cuyo gestor fue su bisabuelo- que tuvo sus fundamentos en una educación particular y no mezclado con el amasijo heterogéneo del resto de niños nobles. Finalmente, comparto un sabio pensamiento que extraigo de este clásico:

“Cada vez que alguien cometa una falta contra ti, medita al punto qué concepto del mal o del bien tenía al cometer dicha falta. Porque, una vez que hayas examinado eso, tendrás compasión de él y ni te sorprenderás, ni te irritarás con él. Ya que comprenderás tú también el mismo concepto del bien que él, u otro similar. En consecuencia, es preciso que le perdones. Pero aun si no llegas a compartir su concepto del bien y del mal, serás más fácilmente benévolo con su extravío”.

Imagen 1: Bibi-Saint-pol en Wikipedia
Imagen 2: Jastrow en Wikipedia

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