‘Poema X’, de Pablo Neruda

A la Generación del 27 pertenecen también otros poetas y prosistas que, aunque no suelen incluirse, compartieron con sus integrantes inquietudes, influencias y amistad. Este es el caso de Pablo Neruda, una de las cimas de la poesía hispanoamericana contemporánea. Aunque su producción es muy amplia, creemos que el gran poeta se halla presente, sobre todo, en su poesía amorosa, a la cual pertenece este Poema X de sus ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’, y en sus cantos a las tierras y gentes de Hispanoamérica.

La Generación del 27 no sólo esta compuesta del grupo de poetas que todo el mundo identifica como miembros –Lorca, Alberti, Aleixandre, Cernuda, etc-, sino que también pueden incluirse en ella otros autores, poetas y prosistas, que compartieron amistad, influencias e inquietudes literarias con ellos.

Pablo Neruda

Pablo Neruda

En este sentido, no creemos cometer ningún error histórico-literario si sumamos a los anteriores a poetas hispanoamericanos como César Vallejo o Pablo Neruda. El caso de éste último es aún más evidente, pues, si repasamos su trayectoria, encontraremos un paralelismo casi absoluto en ella con los poetas citados.

Pablo Neruda, seudónimo de Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (Parral, 1904-1973), es, además uno de los más grandes poetas de la lírica hispanoamericana contemporánea. Ejerció la carrera diplomática, que lo llevaría por diversas latitudes, entre ellas, Madrid, donde fue Cónsul entre 1934 y 1938. Asímismo, desempeñó una importante actividad política desde las filas del Partido Comunista chileno. Ésta última le llevaría a protagonizar una rocambolesca huída, al ser perseguido por González Videla -antiguo aliado-, a través del lago Huishue y el paso de Lilpela, hacia Argentina.

Pero, actividades políticas al margen, Neruda es un extraordinario y precoz poeta. Su primer libro, ‘Crepusculario’, apareció en 1923, cuando contaba sólo diecinueve años. Se trata de un libro iniciático, muy influído aún por el Modernismo, en el que el autor todavía no presenta una voz propia. Ésta se revelará en su siguiente publicación: ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’, un libro bellísimo aparecido al año siguiente y al que pertenece el Poema X que aquí presentamos.


Sus constantes viajes le ponen en contacto con las vanguardias literarias en boga. Neruda halla especial acomodo en el Surrealismo, a través del cual puede bucear en su alma e insertar imágenes de gran audacia. A esta etapa pertenece una gran obra, ‘Residencia en la tierra’ (1935), con la cual el vanguardismo hispanoamericano encuentra una de sus cimas más señaladas. Son poemas desolados, que presentan al hombre como una criatura perdida en un mundo caótico. El lenguaje es imponente, repleto de metáforas alucinantes e imágenes oscuras. El poeta no podía seguir por ese camino de desolación sin riesgo de ver mermada su salud mental.

Temuco, donde el poeta pasó su infancia

Temuco, donde el poeta pasó su infancia

Por ello, Neruda busca salida en el activismo político. Aunque no desdeña del todo las técnicas surrealistas, a partir de entonces cultivará una poesía de combate que, en ocasiones, cae en lo panfletario. No obstante, el ‘Canto general’ (1950), la obra primordial de este periodo, también presenta poemas excepcionales, como ‘Alturas del Macchu Picchu’, mágnífico canto a las tierras y las gentes del continente americano.

En concordancia con esta evolución, su lenguaje va haciéndose más sencillo y el tono de su obra, mucho más optimista, contrasta con el de su etapa surrealista. Ahora canta realidades simples –el aire, el pan, el vino- y sensaciones básicas, como la alegría. Fruto de ello son sus ‘Odas elementales’ (1957). Su obra, tras sumergirse en los abismos surrealistas, ha vuelto -podría decirse- a la vida.

Posteriormente, Neruda ya no abandonará estas líneas temáticas, alternando el compromiso social y político, más suavizado, con el tono más personal. Creaciones hermosísimas de entonces son, por ejemplo, sus ‘Cien sonetos de amor’ (1959), el conocido ‘Memorial de Isla Negra’ (1964) o ‘Fulgor y muerte de Joaquín Murieta’ (1967).

Lago Maihue, en Futrono, donde Neruda se refugió de la persecución de González Videla

Lago Maihue, en Futrono, donde Neruda se refugió de la persecución de González Videla

Sin duda, como decíamos, el poeta chileno es una de las cimas de la poesía en castellano del siglo XX. Su obra es muy abundante y, por tanto, es inevitable que presente altibajos, pero sus creaciones y su renovación de la lengua poética han servido de faro a las generaciones posteriores.

Como sucede con casi todos los poetas, cuando adoptan el tono combativo y político, su calidad se resiente. Por ello, a nuestro juicio, donde encontramos al verdadero Neruda, al extraordinario poeta, es en sus cantos a las tierras y las gentes de América latina y en sus composiciones amorosas. Sus sonetos y, sobre todo, los ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’ son de lo más hermoso que se ha escrito en la poesía castellana contemporánea.

Éste último libro, aparecido en 1924, asombra por su calidad, que no se corresponde con un poeta de veinte años. Es muy difícil que, con esa edad, el lírico posea ya una voz personal. Normalmente, un poeta tarda en hacerse: debe recorrer múltiples lecturas, realizar ensayos e, incluso, -por qué no- incurrir en semejanzas sospechosas con sus modelos, para llegar a lograrla. Pero, en efecto, aunque alberga aún reminiscencias del Modernismo, Neruda presenta ya esa voz propia. Es un bellísimo libro de amor apasionado, unas veces exultante, otras amargo, pero siempre muy humano. El lenguaje es sencillo, aunque original, sobre todo en lo que respecta a las metáforas e imágenes.

Son versos que han llegado a generaciones enteras y sucesivas. Si alguien oye ‘puedo escribir los versos más tristes esta noche…’ –inicio del poema número veinte-, inmediatamente le suena conocido, si no por lecturas, sí por interpretaciones de diversos cantautores que lo han versionado.

Casa de Neruda en Isla Negra

Casa de Neruda en Isla Negra

El poema número diez, aunque no tan popular, es también hermosísimo. En el, Neruda canta a la amada ausente, relacionándo la separación con la tristeza del crepúsculo, momento del día en que el Sol cae y llega la oscuridad. Como el día, el poeta ha estado a la luz de ella y, con su marcha, se ha sumido en la oscuridad. Entonces se pregunta dónde estará y con quién y su añoranza se exalta.

Como decíamos, el lenguaje es sencillo, de una claridad diáfana, opuesta a los versos oscuros de otros poetas, y humanísimo. Con él alternan metáforas excepcionales‘a veces como una moneda se encendía un pedazo de sol entre mis manos’– y la reiteración del término ‘crepúsculo’ identifica el sentir del poeta.

Sin duda, en esta breve composición Neruda ha sabido condensar de modo impecable una historia. Ya decíamos que, a nuestro juicio, lo mejor del poeta chileno se halla en sus poemas sentimentales y esta obrita es claro ejemplo de ello.

Fotos: Pablo Neruda: Cantus en Wikipedia | Temuco: Carlos Yo en Wikipedia | Lago Maihue: Bacruz en Wikipedia | Casa de Isla Negra: Angus en Wikipedia

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