Silueta de artista, una breve venganza de Marcel Proust

El francés Marcel Proust es uno de los principales renovadores de la novela en el siglo XX. La monumental En busca del tiempo perdido, sin embargo, tardó en ser valorada, por lo que no es de extrañar que el autor se tomase venganza de la crítica literaria en Silueta de artista.

Desde tiempos inmemoriales, el escritor y el crítico literario se han llevado mal. El primero, aunque alcanzara éxito, se consideraba invariablemente maltratado por el segundo y éste, que creía tener más talento que aquél, en ocasiones le reprochaba su triunfo.

Conocidas son las constantes batallas con la crítica que mantuvieron autores como Enrique Jardiel Poncela, Pedro Antonio de Alarcón –éste incluso llegó a abandonar la literatura en los últimos años de su vida- o el mismísimo Benito Pérez Galdós en su faceta de dramaturgo.

Foto de unos libros de Proust

Volúmenes de las obras de Proust

Por ello no es de extrañar que un escritor como el francés Marcel Proust (Auteuil, París, 1871-1922), que no vio reconocido su talento hasta la publicación de su magna obra En busca del tiempo perdido –incluso el primer volumen de ésta, Por el camino de Swann, fue publicado a su costa-, tomase cumplida venganza de la crítica literaria en este breve artículo titulado Silueta de artista.

Y es que Proust, excepcional novelista y una de los principales responsables –junto a James Joyce, Kafka y unos pocos más- de la revolución que sufrió la narrativa en el siglo XX, debía por fuerza considerarse maltratado por los analistas de la literatura.

En cualquier caso, la posteridad ha sabido reconocer en la monumental En busca del tiempo perdido una de las más extraordinarias creaciones de la literatura francesa e incluso de la universal.

Esta colosal unidad narrativa, compuesta de siete obras, es una suerte de autobiografía de Proust en la que, como en su vida, no ocurren grandes hechos sorprendentes. Lo fundamental de ella es la profundización psicológica en los personajes y, sobre todo, su preocupación filosófica por el paso del tiempo, que parece no fluir. El autor ejercita una constante búsqueda en sus recuerdos, que con frecuencia aparecen adornados con extraordinarias descripciones de la Naturaleza.

En Silueta de artista, como decíamos, Proust toma venganza de los teóricos de la literatura en la persona del crítico teatral. Con indudable sentido del humor, ridiculiza sus frases hechas, sus reseñas cortadas siempre por el mismo patrón y su gusto por inmiscuirse en la vida de los artistas. Todo ello como medio de suplir su escaso talento y con intención de llegar algún día a «ingresar en la Revue Dramatique».

Se trata, en suma, de un juguete irónico en el que Proust revela una mordacidad desconocida en él –desde luego, totalmente alejada del tono pausado de sus novelas- y, por tanto, un rasgo de su carácter poco mencionado.

Podéis leer el artículo aquí.

Fuente: El Poder de la Palabra.

Foto: Libros de Proust: LWY en Flickr.

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