Silverio Lanza, un ‘raro’ visto por Pío Baroja

Silverio Lanza fue, dentro de la literatura española, uno de esos autores que podemos calificar como ‘raros’. Aislado en su caserón de Getafe, su obra tiene dificil adscripción. Pío Baroja, amigo suyo, nos brinda en este texto una breve semblanza del escritor.

La época que abarca desde fines del siglo XIX hasta el primer tercio del XX fue pródiga en escritores excéntricos. El caso más conocido por su calidad literaria es, sin duda, don Ramón del Valle-Inclán, pero hubo otros muchos.

Entre ellos, ocupan lugar privilegiado aquéllos que escribían de día y bebían de noche pero nada o muy poco lograban publicar. Un grupo de autores sin público –y sin dinero- pero no faltos de talento que, en palabras de un acertado crítico, “vivieron su vida como quién hace de su capa un sayo”. Álvaro Retana, Pedro Luis de Gálvez, Ernesto Bark o Alejandro Sawa –inmortalizado por el propio Valle en Luces de Bohemia– son tan sólo algunos ilustres ejemplos.

Foto de San Sebastián

Una vista de la bahía de San Sebastián, ciudad natal de Baroja

Pero en este Madrid finisecular también hubo algunos escritores que suplieron sus gustos bohemios con rarezas o manías. Y entre éstos, uno de los más singulares es, sin duda, Juan Bautista Amorós y Vázquez de Figueroa, mejor conocido por su seudónimo: Silverio Lanza (Madrid, 1856-1912), a quién Pío Baroja retrata con gran amabilidad en este texto como buen amigo suyo que fue.

Y es que Lanza pertenecía a una aristocrática familia y muy bien podía vivir de las rentas, ya que aquélla poseía latifundios en el sur. Sin embargo, optó por seguir la carrera militar de su padre. No obstante, su estancia en la Marina duraría poco. Una depresión que le acompañaría toda su vida lo retiró de las armas.

Se dedicó entonces a escribir y no mal. Tenía gran preparación, indudable talento y agudeza crítica. Sin embargo, la polémica generada por una de sus obras y sus problemas anímicos le llevaron a abandonar Madrid y recluirse en un viejo caserón de Getafe. Desde entonces, se le conocería como ‘el Solitario’.

El gran novelista Pío Baroja (San Sebastián, 1872-1956) fue uno de sus amigos y en este breve ensayo nos brinda –como decíamos- una amable semblanza del escritor. Ello no deja de constituir una originalidad dentro de los escritos del vasco, a quién resulta extraño encontrar en otro texto que no sea una narración.

Porque Baroja es, probablemente, el más grande novelista, no sólo del Grupo del 98, sino de todo el siglo XX. Su extensa obra ha quedado como una profunda muestra del hastío vital, la abulia y el desengaño de toda una generación que vivió el Desastre del noventa y ocho pero sobre todo como una intensa reflexión acerca del sentido de la vida humana.

En el texto que dedica a su amigo Silverio Lanza, Baroja se concentra en sus cualidades literarias –a su juicio, excepcionales- y en la poca comprensión que la obra de aquél ha hallado entre el público y la crítica, no preparados para tanto talento. Sólo el tiempo, como ha ocurrido con Stendhal o Schopenhauer situará la creación de Lanza en su justa medida. No tenía razón Baroja pues hoy, sin dejar de reconocer sus cualidades, ‘el Solitario’ es tan poco conocido como entonces.

Podéis leer el texto aquí.

Fuente: IES Silverio Lanza.

Foto: San Sebastián: Innovacionweb en Flickr.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...