El Ángel más Tonto del Mundo, Christopher Moore

Josh pide a Dios que Santa Claus resucite, puesto que acaba de ver cómo le mataban, pero el ángel que es enviado a cumplir su misión es bastante inepto: consigue resucitar a todos los muertos del pueblo convertidos en zombies.

el-angel-mas-tonto-del-mundoChristopher Moore (Toledo, Ohio 1957) es un licenciado en Antropología con una experiencia profesional dilatada (no en su carrera, sino en diversos trabajos) cuya primera novela fue “Practical Demonkeeping” (1992), y que con “El ángel más tonto del mundo” consigue mantener una sonrisa permanente en la cara del lector. Además de la popularidad alcanzada gracias al boca a boca, la obra ha ganado el Quill Book Award, y al autor se le empieza a comparar a otros grandes escritores con ironía como Terry Pratchett o Mark Haddon.

La localización de la obra es un pequeño pueblo californiano, Pine Cove, cuyos habitantes son tan peculiares como los de cualquier población americana de menos de 5000 personas. Lena Márquez es una agente inmobiliaria de treinta y cinco años cuya experiencia sentimental como esposa del constructor menos escrupuloso del lugar ha terminado francamente mal. Mientras está vestida de Mamá Noel en el aparcamiento del supermercado tratando de conseguir dinero para el Ejército de Salvación, aparece Dale Pearson y éste golpea a Lena con una bolsa de hielo. Las señoras que están en el gimnasio femenino llaman a Theophilus Crowe, el alguacil del pueblo. Cuando este hace acto de presencia la trifulca se resuelve, pero Dale no lo olvidará tan fácilmente.

Theo, un ex drogadicto de buen carácter, es el marido de Molly Michon, la Nena Guerrera de Allende la Frontera, una ex actriz de culto de serie B que tiene que medicarse porque cree que su personalidad real es Kendra, la guerrera a la que interpretaba en su juventud. También encontramos a Mavis Sand, que regenta el Cuerno de Caracol, el típico barucho americano en el que los clientes se pasan las horas muertas pegados a sus cervezas y viendo cualquier programa que pongan en la tele. Mavis no tiene pareja ni pelos en la lengua, y su mayor logro es organizar la fiesta de Navidad para solitarios del pueblo junto con sus amigas Molly y Lena.


Cuando la noche siguiente al incidente del supermercado la ex mujer de Dale (que va vestido de Santa Claus) mata a éste accidentalmente, no tardan en aparecer testigos del homicidio, y uno de ellos ayuda a Lena a enterrar el cadáver en el bosque de pinos que rodea la iglesia parroquial. Se trata del piloto de la DEA Tucker Case, que junto a Roberto, su murciélago de la fruta filipino, ha llegado recientemente al pueblo y necesita con desesperación encontrar a una mujer a la que amar. Contra todo pronóstico Lena y Tuck se hacen inseparables a pesar de que ella está muy nerviosa por la muerte de Dale, pero el piloto, con un saber estar y un golpe de suerte sorprendentes, consigue que Theo no los detenga por el homicidio, entre otras cosas, porque le ha pillado una plantación de tres kilómetros cuadrados de marihuana.

Y es que Theo y Molly se quieren hacer mutuamente regalos muy caros, pero no tienen dinero, y mientras Molly deja de comprar sus antipsicóticos, Theo vuelve a cultivar maría para poder obtener un dinero extra. Personajes esperpénticos con los que rápidamente simpatizamos, porque ¿quién no ha hecho locuras por amor?

Joshua Barker es el típico niño de siete años. Su mayor preocupación la noche de autos es que su madre se va a enfadar por llegar tarde y Santa Claus no le va a dejar la videoconsola que “necesita”. Por eso se lleva el disgusto de su vida cuando ve que una mujer le corta el cuello a Santa a una semana vista de Navidad. Todo lo que se le ocurre es correr a casa y rezar fervorosamente para que el viejo gordo que reparte regalos a los niños americanos vuelva a la vida. Y sus plegarias son escuchadas. Raziel pierde una partida de cartas con otro ángel y le toca hacer realidad el deseo de Josh.

Lástima que Raziel sea un ángel tonto, pero tonto, tonto, o sea, tonto de remate. Para empezar destruyó un par de ciudades por equivocación en la antigüedad; hizo la Anunciación a un Jesús adolescente, porque llegó diez años después de lo que le correspondía; le cuenta a Samuel, el amigo judío de Josh, que el Milagro de las Luces no fue tal, sino que alguien se coló en el templo; y para rematar la faena, resucita a todos los muertos que descansan en el cementerio de la iglesia de Pine Cove, ¿qué más se puede pedir?

christopher-mooreEl libro me ha gustado mucho. He leído críticas en las que lo describen como una patochada, y es cierto, es un poco tonto, pero yo no esperaba encontrar un ensayo sobre la realidad fetichista de los coleccionistas de adornos navideños, o algo así. Entretiene, y mucho, por lo que sencillamente, hay que disfrutar de las paradojas que escribe Christopher Moore y dejarse de análisis metafísicos. Si realmente los quieres, es cierto, este no es tu libro. Pero para los que pretendan encontrar un relato sin complejos, con un lenguaje desenfadado y quedarse con una sonrisa en los labios, es perfectamente válido.

Uno de los problemas que me imagino han tenido los lectores descontentos es que en la contraportada se habla del parecido con El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon. Evidentemente se parece como un huevo a una castaña. El curioso incidente es una novela fantástica que deja un poso tremendamente profundo, pues además de los problemas a los que se enfrenta el protagonista inmerso en su síndrome de Aspergen, su situación llega a ser desesperada en muchos momentos. En El ángel más tonto del mundo, lejos de hacernos recapacitar sobre el entorno en el que viven los enfermos mentales, lo que se narran son las locas aventuras de los chalados de Pine Cove, y aunque no sea un libro sensible ni nos invite a pensar en los muertos vivientes, me ha parecido muy divertido y en muchas ocasiones he soltado la carcajada.

Fotos: (genuinamente) Reina de los Mares

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