¿Existió realmente el rey Arturo?

Las novelas sobre el rey Arturo y sus caballeros de la «tabla redonda» son conocidas en todo el mundo y han fascinado a generaciones enteras. Personajes como el mago Merlín, el caballero Lancelot o la reina Ginebra se hallan el la memoria de cualquier persona. Pero, ¿Existió realmente el rey Arturo? No nos es posible, desgraciadamente, dar una respuesta, aunque sí aportar algunos argumentos. Lo que sí debemos señalar es que los ingleses están seguros de ello.

Rey Arturo

Rey Arturo

La novela de caballerías tuvo enorme vigor e importancia en siglos pasados en toda Europa. Las hazañas de Roldán – o Roland – ,el Amadís, etc, ocuparon un sin fin de páginas. Tantas que un pobre recaudador de impuestos complutense escribió para parodiarlas una de las cumbres de la literatura universal : “Las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, en cuyo capítulo XLIX de la primera parte, por cierto, dice el caballero loco : “Y si es mentira, también lo debe ser que no hubo Héctor, ni Aquiles, ni la guerra de Troya, ni los doce pares de Francia, ni el rey Artús de Inglaterra, que anda hasta ahora convertido en cuervo y lo esperan en su reino por momentos….”

Generalmente, estos libros se agrupaban por ciclos. Y, de entre ellos, quizá el que más fama haya alcanzado sea el “Ciclo Artúrico”, es decir, el que narra las aventuras del rey Arturo y sus “Caballeros de la Tabla Redonda” – con Lancelot a la cabeza -, acompañados por la reina Ginebra y protegidos por el mago Merlín. Pero, dando por sentado que sí existe una leyenda artúrica de donde proceden estos relatos, cabe preguntarse : ¿existió realmente el rey Arturo?

El conocido anuario autorizado de la nobleza británica titulado “Debrett´s Peerageemparenta a la propia Reina de Inglaterra con el personaje. Por si esto fuera poco, los cuervos están especialmente protegidos en las islas, dado que existe la leyenda – que cita don Quijote –  de que el rey Arturo se convirtió en ese pájaro. Si visitamos la Torre de Londres veremos que allí abundan porque se les alimenta y cuida.

Apuntadas estas anécdotas, debemos apresurarnos a decir que estas son casi todas las “certezas” que tenemos de su existencia. Sí sabemos que, de haber transitado por este mundo, tuvo que hacerlo en fecha mucho más temprana de lo que cuentan sus narraciones. Nada por tanto de fastuosas cortes, caballeros magníficos y hermosas damas, como podría haber sucedido en los años finales de la Edad Media. La realidad es que su vida tuvo que desarrollarse en algún momento entre el año 450, en que los romanos abandonaron Britania y el siglo IX, en que aparece citado en un escrito y ya se le considera muy antiguo y difuso.


Pero las fuentes con que contamos hacen pensar, más bien, en un guerrero de estirpe romana o celta vinculado a los romanos – , que habría luchado contra los sajones que por entonces invadían las islas, y que habría muerto en combate hacia el año 540, cuando los celtas, vencidos, se retiraban hacia Gales y Escocia. Su recuerdo, como héroe popular, se conservaría entre sus compatriotas, que le fueron añadiendo rasgos fantásticos.

El Cáliz

El Cáliz

El principal culpable de que la mitología artúrica se haya extendido es Geoffrey de Monmouth, quién, en su historia de los reyes de Britania, recoge antiguas leyendas y las mezcla con sus propias lucubraciones para contarnos que el mago Merlín ayudó al monarca británico Uther Pendragon a seducir a la esposa del duque de Cornualles, de cuya unión ilegítima nació Arturo, en el castillo de Titangel, supuestamente ubicado en la costa norte de la zona. Este Arturo fue coronado rey con quince años y, acompañado de su mágica espada “Excalibur” y de un selecto grupo de caballeros, conquistó cuanto quiso. Posteriormente, instaló su corte en el castillo de Caerleon, situado en Gales. En la batalla de Camblam, Arturo dio muerte a su hijo bastardo Morded, que se había sublevado contra él, quién, también herido, fue llevado a la isla de Avalon, donde se le perdió el rastro, bien sea porque se convirtió en cuervo, bien porque entró en un largo sueño, del que regresará para recobrar su reino.

Es indudable que el relato de Monmouth daba forma a leyendas de tradición oral y, por ello, alcanzó enorme fortuna y difusión por todo el occidente europeo. Además, pronto se le añadieron nuevos ornamentos. Quizá el más conocido sea que el rey mandó construir una mesa redonda para resolver los problemas de abolengo de sus caballeros, pues, al ser redonda, ninguno precedía a otro. Hoy, se conservan varias “tablas” redondas, ninguna de las cuales presenta el más mínimo rigor histórico.

Pero a quién se deben los mejores adornos a la leyenda artúrica es, curiosamente, a un francés del siglo XII, Chrétien de Troyes. Él vinculó al rey con el Santo Grial, al presentarlo como obcecado por encontrarlo, le dio el boato y pompa de una gran corte y lo rodeó de galantes caballeros, el más famoso de los cuales es, sin duda, Lancelot. Éste alcanzó casi tanta fama como el monarca, hasta el punto de que muchos lectores dieron ese nombre a sus hijos – de hecho, nuestra isla de Lanzarote se llama así por haber sido descubierta por el navegante Lanceloto Malocello.

Encuentro del Santo Grial

Encuentro del Santo Grial

En 1.485, Thomas Malory, hoy Sir, pero entonces un bellaco que estaba en la cárcel por delitos comunes, escribió la versión oficiosa de la fábula : “La morte d’Arthur”. Él fue quién le dio al legendario rey la imagen de haber pertenecido al siglo XIII o XIV.

De la obra de éste último deriva el ingente caudal de estudios arqueológicos y medievalistas que los ingleses, tan suyos, han realizado, empeñados en encontrar la tumba de Arturo y el castillo donde supuestamente vivió.

Rey Arturo

Rey Arturo

Tal fue el fervor en las islas británicas por el rey Arturo que Enrique VII puso este nombre a su primogénito, el cual está curiosamente relacionado con España, ya que contrajo matrimonio con la princesa Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. Al poco, murió este Arturo y Catalina casó con el heredero, hermano del anterior, que fue, ni más ni menos, que el temible Enrique VIII. Esta unión tendría funestas consecuencias para la española, pero ese es otro tema.

Como quiera que sean las cosas, leyenda o realidad, el rey Arturo y sus camaradas Lancelot y los restantes caballeros de la tabla redonda, junto a Merlín y la reina Ginebra, han hecho pasar muy buenos momentos a generaciones enteras, primero en forma de libros y después en el cine, y, sólo por ello, merece nuestro respeto y admiración.

Imagen Rey Arturo: Liftarn en Wikipedia
Imagen Cáliz: FCPB en Wikipedia
Imagen Encuentro del Santo Grial: Cuchullain en Wikipedia
Imagen Arturo: PKM en Wikipedia

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