Jane Austen, ahora con zombies

La novela ‘Pride and Prejudice and Zombies’ de Seth Grahame-Smith toma el texto original de Jane Austen introduciendo zombis y espadas ninja. Al mismo tiempo, ‘Jane bites back’ transforma a la escritora en una vampiresa contemporánea. Los clásicos vuelven de la tumba con tufillo a serie B.

Orgullo, prejuicio y zombis

Orgullo, prejuicio y zombis

Cada tiempo tiene sus monstruos y está visto que a nosotros nos han tocado en suerte los zombis. Otras eras tuvieron gigantes radioactivos, alienígenas hieráticos vestidos de licra plateada y vampiros con olor a cripta. Ahora que los vampiros son adolescentes que ni muerden ni chupan nos volvemos hacia los zombis suplicando un poco de genuino y atávico terror. Y cumplen en todas sus variantes: política con zombis (’28 semanas después’), españolada con zombis (‘REC’), zombis con comentario social (‘El amanecer de los muertos’) y hasta un Día del orgullo zombi para reconocer su labor.

Natural que llegara el día de los clásicos literarios con zombis. No me refiero a novelas contemporáneas que traten el género y que con el tiempo serán considerados clásicos (‘Soy leyenda’ de Richard Matheson sería mi apuesta particular), ni se trata de discutir si los muertos vivientes que aparecen en Poe, Maupassant, Walpole o Bécquer entran en la categoría de “zombis”. No, hay quien piensa que los zombis son como el ketchup, que para ciertos paladares pega con todo, y han decidido que la manera de amenizar las tediosas lecturas escolares es salpicarlas con sesos, tripas y cadáveres que caminan.

La elegida para el experimento, a la altura del de Frankenstein, es la pobre Jane Austen y su obra ‘Orgullo y Prejuicio’. La editorial independiente Quirk books va a publicar un extraño libro titulado ‘Pride and Prejudice and Zombies’. Según la editorial, el libro contendrá el 85% del texto original de Auster. El resto serán referencias a zombis introducidas por el guionista de televisión Seth Grahame-Smith. Se nos ofrece un aperitivo (caníbal) del tono de la novela parodiando el famoso incipit del original:

Es una verdad universalmente reconocida que al zombi poseedor de cerebros le hacen falta más cerebros.


De este modo veremos como asoman, entre bailes de salón y complejas conversaciones de dobles y hasta triples sentidos, espadas ninja que chorrean entrañas putrefactas. La motivación de Grahame-Smith, según cuenta, es “acercar el texto” a los lectores que lo encuentran aburrido, lo cual suena a mala excusa para justificar que se ha divertido un rato versionándolo a su gusto. Lo más curioso es que hay académicos que han saltado a la palestra a terciar sobre el engendro, y no ha faltado quien lo defienda.

Por ejemplo Brad Pasanek, especialista en literatura del XVIII de la Universidad de Virginia, asegura que el subtexto zombi ya está presente en el original de Auster. Los personajes, exceptuando a la protagonista, se encuentran frecuentemente rodeados de personas que no son completamente humanos, como máquinas que no paran de repetir las mismas cosas una y otra vez. Todos esos personajes entrando y saliendo de escenas, siempre frustrando a los protagonistas. Es un panorama abarrotado pero extraño. ¿Qué les pasa a esta gente?

En honor a la verdad no le corresponde a Grahame-Smith la primacía en traer a Jane Austen de vuelta a la vida. Primero se publicará ‘Jane Bites Back’ de Michael Thomas Ford, en la que la autora victoriana camina entre nosotros convertida en vampiresa. Tras trabajar una temporada como librera de incógnito, decide vengarse de todos los que están haciendo dinero a sus expensas invirtiendo los roles (como no podía ser de otra manera) y clavándoles una estaca en el corazón.

El cine también colaborara en el diabólico injerto del horror con los clásicos literarios con ‘Pride and Predator’. Viene de la productora de Elton John, Rocket Pictures, y el argumento es evidente: el belicoso alienígena al que se enfrentaba Schwarzie en los ochenta aterrizará entre la familia Bennet. Parece uno de esas bromas de Internet en las que se monta un trailer falso juntando dos películas distintas que no pegan ni con cola. En este caso, para bien o para mal, la película amenaza con realizarse.

En España tuvimos una experiencia parecida con una serie de la Editorial 451 que revisitaba los clásicos literarios. El primer tomo está dedicado al Cantar de Mio Cid y en él Antonio Orejudo ponía al guerrero a luchar contra marcianos en lugar de reyes de taifas. Rodrigo volvió la cabeza y con lágrimas en los ojos miró su casa por última vez. Vio las puertas con el dispositivo de seguridad desconectado y las antenas parabólicas sin cables coaxiales. Hacía esfuerzos por ser positivo, pero los presagios no le ayudaban: a la salida de Vivar se le había cruzado una corneja eléctrica por la derecha y luego, entrando en Burgos, otra por la izquierda.

Confesémoslo: no hay nada más divertido que versionar los clásicos. Es una manera de sobrevivir a las sesiones de Lengua y Literatura a la vieja y rancia usanza. Pasarte la clase imaginando un Cid matando orcos como Aragorn o descuartizando zombis con una motosierra no te daba las mejores notas, pero te inculcaba, de un modo indirecto, el gusto por la literatura. Luego creces y descubres que puedes y quieres leer los clásicos por lo que son, sin adulteraciones. Es divertido volver a jugar de vez en cuando, pero sinceramente, tanto zombi empieza a oler a muerto.

Imagen | Paper Cuts (NY Times)

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