Javier Tomeo, el escritor que imaginaba monstruos

Creador de una abundante obra literaria que ha sido relacionada, por lo absurdo y simbólico, con la del escritor checo Franz Kafka.

javier tomeo

El pasado día veintidós de junio murió en el Hospital Sagrado Corazón de Barcelona el novelista Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932-2013), sin duda uno de los más peculiares de la literatura española actual. Admirador de la obra de sus paisanos Luis Buñuel y Francisco de Goya, fue muchas veces comparado con Franz Kafka por lo singular de su mundo narrativo, tantas veces cercano al de ‘La metamorfosis’ del autor checo.

Claro que Tomeo decía, con su sentido del humor aragonés, que había tenido que leer a Kafka para saber quién copiaba a quién. En cualquier caso, figuras a medio camino entre lo absurdo y lo simbólico, como el “gallitigre” creado por el español, explican mejor que cualquier comentario la relación entre ambos autores.

Instalado en Barcelona desde hace muchos años, el éxito tardó en llegar a Javier Tomeo, probablemente nunca lo haya hecho, porque siempre fue un escritor de minorías, aunque profundamente fieles. Inicialmente, se ganó la vida redactando novelas de kiosco para la editorial Bruguera con el pseudónimo de “Franz Keller”. En 1967, apareció ‘El cazador’, libro con el que empezaría a ganar cierta fama, y, tras éste, ‘El unicornio’ y ‘El castillo de la carta cifrada’, todas ellas pobladas por criaturas extrañas y deformes, algo que el propio Tomeo justificaba diciendo: “El monstruo permite señalar defectos y moralizar; el lector, más que nunca, necesita hoy ser moralizado”.

Precisamente, el prestigio internacional le llegaría con la versión teatral de su novela ‘Amado monstruo’, representada en París con gran éxito. Tras ella, vendrían un buen número de obras ?fue un autor prolífico- tales como ‘El cazador de leones’, sobre un hombre que trata de conquistar a una mujer por teléfono pero ésta nunca responde, ‘Bestiario’, cuyo título habla por sí sólo, ‘Preparativos de viaje’, curiosa historia de un vendedor de sillones que se ve incapaz de cruzar las fronteras de un país imaginario llamado Benujistán, o ‘La mirada de la muñeca hinchable’.

Pese a sus técnicas deformadoras de la realidad, se aprecian en sus obras unos temas constantes: la soledad del ser humano, el amor, el sexo, el egoísmo o el miedo a la muerte. Nunca recibió grandes premios, quizá precisamente por el carácter minoritario y absolutamente original de su producción literaria, pero lo que nadie puede discutirle es justamente esa originalidad que lo convirtió en uno de los autores más peculiares de nuestra narrativa actual. Descanse en paz.

Fuente: ‘Heraldo de Aragón’.

Foto: Das Blaue Sofá.

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