La búsqueda del tercer ojo y la existencia de los duendes

La literatura de seres fantásticos y la relacionada con el mundo paranormal no deja de producir asombro e interés en el hombre moderno. El tercer ojo y los duendes son temas que atrapan al hombre moderno.

Hace unos días estuve conversando con mi Alex Rodríguez de Baranderilleros.com sobre la fuerte influencia del mundo paranormal en el supuesto “hombre moderno“. En esta época de avance científico impresionante, con laptops, scaners, chats, videoconferencias, rayos x, energía nuclear y tantos otros adelantos, resulta difícil creer que todavía existan personas que crean en premoniciones, aparecidos y demás fuerzas demoníacas. Pero lo cierto es que existen ese tipo de personas. Y lo más sorprendente es que existe una literatura especializada en dichos temas.

Quizás el éxito literario más conocido dedicado al mundo de lo sobrenatural sea el famosísimo “Caballo de Troya” de J.J. Bernítez. Claro que su historia de viajes en el tiempo parece más una historia de ciencia ficción y no una historia fantástica, pero lo que ubica a esa novela dentro de la categoría de historias sobrenaturales es que el autor afirma que su historia es cierta. Un gracia del autor indudablemente ya que en los prólogos de sus primeras ediciones afirmaba que su historia era una novela de ficción, pero ante las ventas millonarias y el descubrimiento de que la gente se tomaba en serio su fantasía, cambió su versión y ahora en todos los libros nuevos que publica, así como en las reediciones de su primer libro, asegura que su historia es cierta. Repito una broma que la historia de la literatura juzgará en su debido momento.

El asunto es que conversando con mi famoso amigo redactor Alex Rodríguez del blog barandilleros.com, discrepamos en algunas cosas. Lo que sucede es que Alex cree en el mundo sobrenatural y las manifestaciones de lo oculto. Algo que en mi opinión es dudoso por no decir absurdo. Producto de esas conversaciones recordamos la conocida biblioteca Ariel de esoterismo. Esta conocida colección aborda temas tan interesantes como el tercer ojo, telepatía, etc. Muchos hemos crecido leyendo estas fantásticas historias de hombres que pueden ver espíritus, brujas que realizan hechizos, el deja vu y etc. Alex, por supuesto, es un convencido de que estos fenómenos paranormales existen y guarda un silencio acompañado de una expresión de temor cada vez que menciono alguna de estas materias. “Es mejor no tratar esos temas, son peligrosos”, me suele referir mi esforzado amigo. Sin embargo en nuestras conversaciones siempre ha existido la cordial discordia sobre la veracidad de estos temas.



Pertenezco a la Logia del Strombo y por eso estos temas no me son ajenos. Muchas personas viven atemorizadas por visiones fantásticas de amenazas latentes provenientes de un mundo paralelo. No es broma. Uno puede encontrar este tipo de personas, incluso entre la gente más culta del mundo. Conocido es el caso de los presidentes de los Estados Unidos que consultan con brujas cada una de sus decisiones (por ejemplo el inefable Ronnie Reagan). Como yo pienso que todo lo paranormal es solamente un conjunto de patrañas, cada vez que me cruzo con alguien que cree en los fantasmas y cosas así, sé que me voy a divertir.

Recuerdo que en el colegio, cuando todavía estábamos en la niñez, Alex y yo teníamos un compañero de apellido Villarroel que creía en los duendes. Sus anécdotas provocaban el espanto en algunos compañeros de clases mientras que otros como yo se reían divertidos. Uno de los temas frecuentes del buen Villarroel era la presencia de duendes cerca de los árboles.

Los duendes, como se sabe, son los seres protectores del bosque y se ha escrito abundante literatura sobre ellos. Tienen leyendas abominables como la de ser creados por el diablo para ser sus espías. Igualmente existe una leyenda espantosa sobre ellos que relata que suelen robarse a las niñas pequeñas para hacerlas sus esposas. En esos casos las desfiguran hasta que las niñas adquieren la forma de duendes. Este mito absurdo, por increíble que parezca, tiene algunos adeptos entre gente de la ciudad. Un caso de Ripley, aunque usted no lo crea.

La literatura no ha sido indiferente a estos seres fantásticos, los tenemos en la obra de Shakespeare, Goethe o la obra de los hermanos Grimm. Regresando a la historia de mi buen compañero de colegio Villarroel, él en una ocasión nos comentó que una vecina suya había perdido a su hija y pensaba que los duendes se lo habían robado. A pesar de tener tan solo 8 años me rebelé a la explicación fantasiosa de mi amigo, le dije que quizás así la madre intentaba negar su negligencia por no cuidar bien a su hija (mi padres es abogado así que me ha contado infinidad de relatos criminales… el escepticismo es la marca de fábrica de mi familia) y que los secuestradores son muy hábiles para no dejar huellas (recordar el caso de la niña Madeleine McCann). Obviamente todos los que conversaban con Villarroel en ese entonces se inclinaron por la versión de los duendes (niños al fin). Tiempos fantásticos en los que la fantasía se enfrentaba a la realidad. Nunca me enteré que sucedió con la vecina de Villarroel, pero años después ya en secundaria hasta él había olvidado lo ocurrido. La memoria había puesto un feliz manto de olvido sobre algo demasiado sórdido para ser procesado en la niñez.

Sin embargo, estos temas fantásticos siempre seguirán deleitando a la humanidad. Tanto la búsqueda del tercer ojo, como la existencia de duendes serán parte de nuestra mitología contemporánea a pesar del paso del tiempo. Hay libros muy interesantes que informan a los lectores sobre la esencia de esos seres fantásticos conocidos como duendes. Tenemos por ejemplo El Libro de los Duendes, de Niall Macnamara. El libro es un cálido acercamiento a la “vida” cotidiana de estos engendros. También tenemos la biblioteca Ariel o la celebérrima biblioteca Edaf para temas de ocultismo. Hay mucho por leer y disfrutar en esos temas. Ya depende del lector tomar estos temas en serio o como un divertimento. Pero lo seguro es que su lectura será un rato agradable.

Finalmente, para mencionar nuevamente a la niña perdida de mi niñez, hace poco leí una noticia en la que comentaban de una mujer rescatada del sótano de su casa. Encerrada durante años por su padre en el terrible caso del monstruo de Austria. La odisea de la mujer incluía incesto e hijos con su padre. Quizás algo así sucedió con la niña amiga de Villarroel. La realidad es muchas veces más cruel que la fantasía y en casos así uno desea que existan realmente los duendes.

Foto 1 en flickr

Foto 2 en flickr

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