La joya de las siete estrellas, el terror de Bram Stoker

Bram Stoker es el típico caso, que se da con cierta frecuencia en la literatura, de autor al que su obra supera en popularidad: todos conocen Drácula pero menos al escritor irlandés. Sin embargo, escribió otras estimables novelas de terror, como La joya de las siete estrellas, sobre los misterios del antiguo Egipto.

La cabaña del tío Tom, Lo que el viento se llevó o El fantasma de la ópera son tres ejemplos de novelas cuya fama ha superado con mucho a la de sus creadores, cuyos nombres han quedado, para la mayoría, en el olvido.

A todos nos resultan conocidas estas obras. Sin embargo, muchos no sabríamos decir que fueron escritas, respectivamente, por Harriet Beecher Stowe, Margaret Mitchell o Gaston Leroux.

Foto de la casa de Bram Stoker en Dublín

Casa de Bram Stoker en Dublín

Aunque más popular que éstos, algo parecido le ocurre a Abraham Stoker (Clontarf, Irlanda, 1847-1912) y a su ya mítica novela, Drácula. Tal ha sido la difusión alcanzada por ésta obra que el nombre de su creador ha quedado en un segundo plano, por no mencionar el olvido en que se encuentran otros títulos de su bibliografía.

Aunque sus estudios eran científicos, Stoker estuvo, desde muy joven vinculado al teatro, para el que escribió varias obras e incluso llegó a representar a actores y dirigir algún coliseo, como el Lyceum Theatre de Londres.

Al tiempo, publicaba sus primeros relatos de misterio en la mítica revista Shamrock, donde también lo harían otros genios de la narrativa de terror. Sin embargo, no sería hasta 1897 cuando comenzaría a ser realmente conocido con la publicación de Drácula.

Stoker siempre fue muy aficionado al ocultismo y las sociedades secretas. Perteneció, junto a otros grandes de la literatura como William Butler Yeats o Arthur Machen, a la Gloden Dawn, una orden vinculada a los Rosacruces que se dedicaba a investigar y debatir sobre asuntos esotéricos.

Sin embargo, no está muy claro cómo entró en contacto con la historia del príncipe rumano Vlad Tepes o Vlad Draculea. Pudo haber sido a través del investigador húngaro Arminius Vámbéry, un oscuro personaje que también se dedicaba al estudio del ocultismo.

El hecho es que Stoker decidió recrear libremente la vida de aquel aristócrata rumano convirtiéndolo en un mito de la literatura universal y, a través de ella, también del cine.

Pero Stoker también tocó otros temas ocultistas en sus obras. Buena muestra de ello es la novela La joya de las siete estrellas, que se ocupa de los misterios del antiguo Egipto.

Tras un extraño suceso ocurrido en su mansión, el aristócrata Abel Trelawny, apasionado por la egiptología, concibe un descabellado plan: con la ayuda de su hija Margaret, el doctor Winchester, el abogado Malcom Ross y otros colaboradores, tratará de devolver a la vida a una antigua hechicera de la época de los faraones.

A medio camino entre el misterio y la aventura, se trata de una obra trepidante que no dejará indiferentes a los aficionados al género.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Bramstoker.org.

Foto: Casa de Stoker en Dublín: Dailymatador en Flickr.

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