Las Ficciones de Borges

Jorge Luis Borges, argentino de cuna, es uno de los más importantes escritores de la literatura latinoamericana del siglo XX. Ficciones está considerado como uno de los ejemplos más destacados del género del relato corto; exactamente son 16 relatos, en los que el autor muestra su completo dominio del lenguaje. La publicación se divide en dos partes que se encabezan de sendos prólogos en los que el propio Borges de manera rápida describe cada uno de los relatos. Los siete primeros se recogen en El jardín de senderos que se bifurcan de 1941, mientras que el resto, nueve relatos más, se incluyen en Artificios, de 1944.

FICCIONES

En el primero, destaca el relato que lleva el mismo título del grupo El jardín de senderos que se bifurcan, que partiendo de una obra histórica, la Historia de la Guerra Europea, de Liddel Hart, nos narra “la ejecución y todos los preliminares de un crimen, cuyo propósito no se comprenderá, me parece, hasta el último párrafo”. El hecho histórico parte de un espía, Yu Tsun, que al mismo tiempo es el protagonista, y debe transmitir el nombre de una ciudad a los oficiales alemanes. Atormentado por el capitán Richard Madden, que lo persigue implacablemente, decide comunicar su mensaje matando al sabio sinólogo Stephen Albert, porque su apellido es igual al nombre de la ciudad que los alemanes tienen que atacar. El asesinato lo recogen los periódicos ingleses al día siguiente y los alemanes reciben el mensaje. Pero la magia literaria de Borges no termina ahí porque detrás de esta sencilla historia, se esconde la figura de un astrólogo chino, Ts’ui Pên, bisnieto del protagonista, que ha escrito un libro extraordinario: El jardín de senderos que se bifurcan, que viene a significar la esencia misma del mundo, en donde el tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros distintos.

El resto de los relatos del primer grupo son fantásticas: La lotería en Babilonia, donde el autor reflexiona sobre el azar y el determinismo; La biblioteca de Babel; Pierre Menard, autor del Quijote, un relato que trata la figura del escritor francés que escribió varios capítulos iguales a los originales de Cervantes, al parecer sin haber sido copiados; Tlön, Uqbar, Orbis Tertius y Examen de la obra de Herbert Quain, “son notas sobre libros imaginarios”. Por último, quizá más accesible a la comprensión, aunque una verdadera reflexión metafísica, Las ruinas circulares vienen a contar que el sueño es la verdadera realidad. En el relato, un hombre sueña con otro hombre al que idealiza, pero al despertarse su creación desaparece y el propio protagonista descubre que él es también un producto imaginario del sueño de otro soñador.

Artificios se compone de nueve relatos. Funes el memorioso, La muerte y la brújula y El sur, este último, según recoge el prólogo en palabras del mismo Borges, “acaso mi mejor cuento”, son los tres más conocidos de la serie. Borges, también hace referencia en el prólogo al “censo heterogéneo de los autores -influencias obvias- que continuamente releo”: Schopenhauer, De Quincey, Stevenson, Mauthner, Shaw, Chesterton o Léon Bloy.

Funes el memorioso, “una larga metáfora del insomnio”, narra la historia de un hombre, Ireneo Funes, que tras sufrir un accidente adquiere la capacidad de recordarlo todo, una capacidad que le destina a intentar escribir la historia de su vida, pero sin éxito, porque ello le requiere más tiempo del que dispone: “pensó que en la hora de su muerte no habría acabado aún de clasificar todos los recuerdos de la niñez”. “Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: mis sueños con como la vigilia de ustedes”, puntualiza el protagonista en uno de los fragmentos del texto.

El “cronométrico Funes” nos sumerge en la reflexión más profunda acerca del propio lenguaje y de su abstracción filosófica (platónica), así de cómo el tiempo y el espacio como delimitadores de conceptos y situaciones. “Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos”.

En La muerte y la brújula, Borges, nos relata la historia de tres crímenes que son acompañados a cada uno de un mensaje análogo: La primera, segunda, última letra del Nombre ha sido articulada. El protagonista, Erik Lönnrot no logró impedir el último crimen, pero en cambio lo previó. Será el mismo la punta que falta, la cuarta letra del Tetragrámaton (el Nombre de Dios) en una historia premeditada y dispuesta desde su inicio.

En el cuento que cierra la serie, El sur, Dahlmann decide ir al sur tras sufrir un accidente donde se golpea la cabeza, y allí terminará batiéndose en duelo con un vándalo. El protagonista siente que su muerte no puede ser tan absurda y por ello recrea un nuevo universo en el que el su muerte está en juego, está en sus propias manos. “Sintió, al atravesar el umbral, que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto y acometiendo, hubiera sido una liberación para él, una felicidad y una fiesta, en la primera noche del sanatorio, cuando le clavaron la aguja. Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado”.

La lectura de Borges se convierte en una aventura de idas y venidas, de largas reflexiones y de constantes mezclas entre lo real y lo soñado, de intromisión del espacio y del tiempo y de una cascada de matices filosóficos que es aconsejable, para la mente inexperta de los novatos, un paseo inaugural por las influencias, biografía y filosofía de Borges.

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