Los relatos que traspasaron la barrera de las Generaciones

merlin.jpgEs interesante el poder compartir, aquellas vivencias que formaron parte de nuestra niñez, ¿Quién?, no ha experimentado años atrás, el interés porque personas de mas edad nos contaran aquellas leyendas, cuentos, mitos, que en muchas ocasiones nos mataban de miedo, pero que escuchábamos con tanta atención, para no perdernos ni una palabra de aquel relato que nos cautivaba desde la primera palabra.

Uno de los conceptos mas acertado se refiere a que son: Narraciones o relatos de sucesos fabulosos, a veces con una base histórica, que se transmiten por tradición oral o escrita.

Pero lo realmente agradable de toda esta descripción, es que son relatos que traspasan las barreras de las generaciones, estas leyendas o cuentos nos han mantenido atados a un fuerte cordón umbilical, haciéndonos sentir parte de una cultura propia y no solo nos permite pasar generaciones, sino barreras culturales, limítrofes y hasta de idioma.

Nuestros recuerdos nos obsequian una parte muy importante de nuestras vidas, la convivencia con aquellas personas, abuelos, bisabuelos, que sentándonos en sus regazos, disfrutaban creando para nosotros, los primeros cuentos de suspenso y en algunas ocasiones de terror.

Me encantaría en esta ocasión, el relatarles una de las muchas leyendas que Quito, capital de Ecuador, las han hecho parte de su cultura, no hay persona que viva en Quito, que no conozca de esta cultura oral, que a permitido una conexión directa entre el Quito Antiguo con el Quito Contemporáneo.

EL ATRIO DE SAN FRANCISCOsanfrancisco.jpg

Corrían tiempos de la Colonia. Un indio llamado Cantuña se comprometió a construir el atrio de San Francisco. A punto de ir preso por no haber cumplido su palabra, el pobre indígena pidió ayuda a Dios.

-¿De qué medio se valió?

De la oración. Rezó piadosamente. Luego salió de su casa, envuelto en una ancha capa, y tomó el camino de la construcción. En ese lugar de entre el montón de piedras, vio que salía un hombre vestido de rojo. Era alto, de barbilla puntiaguda y nariz aguileña.

Soy Luzbel, dijo. No temas, buen hombre. Te ofrezco entregar concluido el atrio antes de rayar el alba. Como pago por mi obra quiero tu alma. ¿Aceptas mi propuesta?

Aceptada, respondió Cantuña. Pero al toque del Avemaría no debe faltar una sola piedra, o el trato se anula.

De acuerdo, agregó Satanás.

Firmado el pacto, miles de diablillos se pusieron a trabajar sin descanso. Cerca de las cuatro de la mañana, el atrio estaba a punto de ser terminado. Pronto el alma de Cantuña pasaría a poder de Luzbel. Pero los diablillos no alcanzaron a colocar todas las piedras. Todavía faltaba una. Por eso Cantuña salvó su alma.

Entonces Luzbel montó en cólera y desapareció con sus obreros del infierno. Desde su partida tenemos el hermoso atrio de San Francisco. Es tan grande y precioso el atrio, que los quiteños han inventado esta agradable leyenda.

Si deseas conocer más de estas famosas leyendas Quiteñas: www.library.thinkquest.org/C005463F/leyendas

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