El debate del libro digital: enésima parte

De vez en cuando se reaviva el debate sobre libros digitales versus libros de papel: todo el mundo sabe (o cree saber) que son el futuro, pero el arranque con las ventas no llega, editoriales y distribuidoras empiezan a tomar tímidamente posiciones pero sin grandes aspavientos y, eso sí, todo el mundo habla mucho.

Al libro digital le falta un último empuje que pronto llegará

Parece que no sólo con los lectores electrónicos, sino sobre todo con los móviles y las tabletas, los libros electrónicos acabarán imponiéndose. Lo harán por comodidad, precio, accesibilidad, ubicuidad… toda una serie de ventajas. Algunos dicen que el secreto está en el contenido, que éste es la clave y, claro, eso es lo que ofrece el libro electrónico.

Quizás sí que tienen razón. Pero un libro es mucho más que contenido. Es el objeto, el tacto del papel, el olor de la tinta, el envejecimiento, el formato, el peso, los colores, el ruido, lo que un libro electrónico no lo tiene. El libro objeto acusa el paso del tiempo, se asocia a sensaciones, a momentos, a un tiempo concreto cuando vas leerlo, quizás es un concepto un poco fetichista del libro, pero hay que tenerlo en cuenta: no sólo nos gusta el contenido, nos gusta el objeto, lo físico.

Y esto no cambiará con los años. Hay libros, además, que no hacen mucho reproducir en un dispositivo electrónico: grandes formatos, diseños, colores, páginas dobles, desplegables … podría argumentarse que son trucos de la industria editorial, y quizá lo son, pero embellecen el objeto.

El libro impreso no morirá. Y el libro electrónico arrancará, está claro. Convivirán ambos, con usos diferentes, a veces complementarios. Quizás disminuirá el libro de bolsillo, el de consumo rápido y edición barata, quizás los ensayos de tirada corta será más económicos hacerlos en electrónico, pero los libros-objeto seguirán siendo físicos. Y no minimizamos la posibilidad de que la ubicuidad y el multi-uso de un dispositivo como las tabletas permitan aumentar la base lectora o incluso contribuya a la venta de libros físicos.

Falta que la industria del ramo ponga imaginación y busque nuevas fórmulas, utilice su conocimiento y opte por un nuevo papel: filtrar autores y libros, ofrecerles, poner criterio y jugar con su conocimiento para sacar provecho. Aferrarse al viejo mercado y las viejas prebendas y maneras de hacer aguantará sólo durante un tiempo: aplicar el funcionamiento del mundo físico al digital no acaba de funcionar, porque las reglas son diferentes.

Foto: Andrew Mason

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