La copa de Verlaine por Emilio Carrere

Emilio Carrere Moreno empleó varias maneras de difundir y acomodarse a las letras, siendo esencialmente un decadentista, empezó su vida poética haciendo cortas publicaciones en semanarios. La influencia de los poetas malditos, caló en su vida iniciando el decadentismo latinoamericano y fue en el año de 1918 que se aventuró a publicar una de sus principales obras; La Copa de Verlaine.

Emilio Carrere Moreno es el nombre completo de este autor español, madrileño de nacimiento, y que vio la luz  un 30 de abril de 1881. En su vida empleó varias maneras de difundir y acomodarse a las letras; fue un entonado y apasionado poeta, un carismático periodista y un representante colosal de la narrativa española. Es considerado como uno de los integrantes de la corriente denominada como el Decadentismo Modernista. La copa de Verlaine es la obra célebre de este autor amante de las malas juntas.

Se entiende por Decadentismo al grupo de escritores y poetas argumentados por artistas y filósofos de su tiempo, cuya semilla del pensamiento se  desarrolla en Francia, a fines del siglo XIX. El argumento principal de esta corriente fue la de golpear a la moral y a los modales de la burguesía tradicional, bajo la tentativa de suprimir y distorsionar lo tradicional, resaltando la individualidad heroica y sumergiéndose en las más oscuras sensaciones de la sensibilidad humana.

Entre los principales inspiradores de esta corriente se encuentra la obra completa y poética de Boudelaire, principalmente. Los poetas maditos de Francia fueron quienes sentaron las bases para esta corriente, tildada de decadentismo principalmente por la vida bohemia e insana de sus cardinales representantes. La bohemia, la mala vida, las compañías insanas, las relaciones amorosas poco tradicionales, y el quiebre a la moral, fueron las principales razones para tildar a Boudelaire y su grupo de poetas malditos.

Rimbau y Verlaine también son ejes imposibles de dejar de lado como parte de las influencias para el Decadentismo español. El pensamiento profano, tentador de las ideologías oscuras y vagas de la  verdadera visión del hombre a partir de sus emociones. A todo esto se suma las características del Modernismo, que por su parte busca sobretodo la belleza poética, resalta la sensibilidad, se centra en la reflexión de las sensaciones, la capacidad onírica y el sonido como expresión de la musicalidad en los versos. Lo que resulta de ambas corrientes, es una poesía estilística donde predomina la forma, con temas bastante oscuros y de constante tentativa a la moral tradicionalista.

Sobre el autor, Emilio Carrere, hay mucho que contar, hijo de un reconocido abogado, abandonado y recogido para vivir con su abuela y con su padre luego, no paso mucho tiempo al lado de su madre, debido a que esta falleció cuando apenas tenia un mes de nacido. Lo primero que aprendió fue a pintar, luego siguió por la vida del teatro para terminar  trabajando, gracias a su padre, en el Tribunal de Cuentas.

Su vida poética la empezó haciendo cortas publicaciones en semanarios, acudiendo con frecuencia a tertulias poéticas y disfrutando de compañías artísticas de renombre  como el pintor de cuadros Julio Romero de Torres. Fue recién en el año 1902 que logra publicar su libro primero llamado Románticas, un conjunto de poemas influenciados temerariamente por famoso Bécquer.

Portadas de novelas de Emilio Carrere – imagen obtenida de Wikipedia, autor: ERREKA.

Después de eso la influencia de los poetas malditos llegó a su pluma, especialmente por el concepto de la vida bohemia. Emilio Carrere publicaría luego su versión del modernismo en La corte de los Poetas, florilegio de rimas modernas, donde  se ve reflejado su incansable apego al pensamiento de Rubén Darío, personaje iniciador del Modernismo latinoamericano. Fue en el año de 1918 que se aventuró a publicar una de sus principales obras; La copa de Verlaine.

La copa de Verlaine es una novela que se compone de 25 relatos, 25 pequeñas historias que cuentan y enfatizan al mismo tiempo, la vida malsana y perturbada de los personajes a quien  Emilio Carrere admiraba. Precisamente la primera de las historias toma el nombre de la obra, La copa de Verlaine,  ahí el autor cuenta la historia de un tal Pablo Verlaine, un viejo poeta consumido por el alcohol, un beodo con una prodigiosa pluma, capaz de escribir cientos de poemas, pero maldecido por su horrorosa y desafortunada forma de vivir.

Lo de desafortunada vida puede significar un calificativo impuesto por el mundo externo, porque el poeta Verlaine se sentía compensado con las monedas que los hombres le lanzaban en las cantinas o casas de citas donde acostumbraba pasar la mayor parte del tiempo, luego, acariciado por el poder del alcohol y la lujuria, amaba implacablemente en sus versos. Gustaba lanzar las monedas conseguidas leyendo sus versos, a los muchachos cercanos a su hogar. En el relato el autor intenta explicar la poderosa  magnificencia de un poeta, la vida desordenada y desalineada que llevaba y que, de alguna manera, era parte de su espíritu creador de poeta, un mal necesario para poder aligerar la pluma y versar sin compromiso.

Panorámica de la Madrid de Carrere – imagen obtenida de Wikipedia, subida por Gryffindor.

La composición de la narrativa es bastante onírica, hace referencia a sirenas y dragones, es claramente sensitiva en su finalidad. Cada párrafo busca la estética condensada en la simplicidad total, aquella simplicidad que al ser tanta, se vuelve compleja, bella. La historia finaliza con la comprensión de un poeta glorioso, interminable en su talento, pero muy mal comprendido por la gente y bastante dañado por los días que le tocó vivir.

En las siguientes historias Emilio Carrere desarrolla el mismo pensamiento, intenta con mucha fortuna, desenterrar el mundo al que están condenados los poetas y narradores de su corriente literaria, hace referencia a poetas oscuros como Allan Poe en la historia titulada La última copa de Edgard Poe, también hace referencia a otros personajes literarios como Nerval.

En todas las 25 historias es un eje narrativo la bohemia,  el alcohol, la sensación de incomprendidos y de  fatalismo. Una versión casi impecable a la verdadera vida de los poetas malditos y demás escritores que reflejaron en vida y obra la correspondencia con su vida desordenada y tétrica. Por eso las historias se desarrollan siempre en las noches, en lugares lúgubres y faltos de vida. Porque la decadencia, para bien o para mal, los acompaña indefectiblemente.

La ultima copa de Verlaine es una obra deliciosa para la lectura, expresa una visión decadente de quienes fueron en su época y para la eternidad, los malos ejemplos de vida y las mejores expresiones de la poesía estética.

Enlace de interés:

Pueden leer el libro «La Copa de Verlaine» en la Web del Proyecto Gutemberg.

Créditos:

Imagen 1: Retrato de Emilio Carrere – imagen obtenida de la Web Madrid Pedia.com, autor: Alfonso Contet.

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