Alba de Federico García Lorca, el espacio de la nostalgia

‘Alba’, de Federico García Lorca es un poema que divide el tiempo en el campo en un presente de separación de la amada y un pasado de efímero gozo. La amada está identificada al espacio, al punto que vuelve en mera vastedad el escenario para el yo poético solo en su presente de nostalgia.

Federico García Lorca

Federico García Lorca

En un poema se pueden oponer significados de entidades que corresponden al ánimo del yo poético, el cual oscila entre luz y oscuridad, según dé cuenta de gozo o pérdida. En el poema ‘Alba’ de Federico García Lorca, el estilo del romancero nos divide dos tiempos en la enunciación del poema, un presente de separación donde la amada ha huido, o en otra lectura podría estar muerta, y el pasado común a los amantes como un alba o una luz que le falta llegar a ser amanecer, a concretarse en la claridad del día. Lo que se valora positivo está a punto de desdibujarse, pues predomina el peso de la pérdida y se instala el sema de la oscuridad en el poema.

La esperanza no tiene la potencia en este poema para competir con la desilusión, por ello el yo poético se siente solo en el campo, aún entre el paisaje, lo que llega a vislumbrar es la aurora, para caer de nuevo en el presente de soledad. El campo en el pasado ha constituido el terreno de la arcadia porque estuvo vinculado al gozo y la recreación del Eros, en cierta forma está idealizado hacia atrás porque en el presente de conflicto el deseo es infinito. El deseo para satisfacerse requiere de agentes externos al yo poético, de un curso de solución que desborda sus posibilidades de acción.

El alba como luz tenue
En el poema falta concretar un presente que lleve al yo poético a sentirse en un continuo de amanecer, pues la separación de su amada lo ha dejado sumido en la oscuridad. El sema de luminosidad es su anhelo, su motivo de conflicto y en él se proyecta para dividir el presente del pasado. No hay futuro viable porque no hay cercanía con la amada, esto da espacio al lamento del presente y la nostalgia del pasado que se desdibuja conforme el yo poético se define más en la ausencia del Eros. La felicidad es una potencia tenue en el poema, no depende ni siquiera de la actuación del yo lírico, es un significado de claridad que se va a identificar con un deseo de cambiar el orden del presente, desde el pesar ante el conflicto.

El paisaje, un valor supremo en el romancero se hace mínimo al yo poético, se le simplifica porque está solo con él. Fuera de este elemento, el yo enunciador es carne que necesita las miradas de su amada, pues la necesidad de vitalidad y de afirmarse en el continuo del Eros serían la solución a su conflicto. También el espacio del campo se ha identificado a su amada perdida, si no está ella no se recupera el escenario a plenitud y queda para él como una vastedad donde no sabe qué hacer.

El campo es un escenario de placer, de grandeza en el romancero, pero también de pérdida cuando sus posibilidades de función para el Eros y el yo poético se correlacionan estrechamente a una amada ausente. El presente de pérdida del amor y soledad va desdibujando un pasado especial para que en el ánimo del yo lírico predomine la oscuridad y la esperanza sea un alba tenue que no se concreta en amanecer.

Leer Alba de Federico García Lorca aquí

Foto: Lorca por Ferb1 en Wikipedia

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...