Andrómaca, la tragedia clásica de Jean Racine

Francia vivió en el siglo XVII un renacer del clasicismo que, en literatura y especialmente en teatro, se plasmó en el cultivo de la tragedia. Sus dos principales autores fueron Pierre Corneille y Jean Racine. Entre las obras de éste último se encuentra Andrómaca, cuyo trasfondo trágico se sitúa en las consecuencias de la Guerra de Troya.

La Francia del siglo XVII vivió un renacer del clasicismo, especialmente en lo referente a la literatura y, dentro de ésta, al teatro. Se recuperan los temas de los grandes trágicos griegos –Esquilo, Sófocles– y las formas externas de aquellos dramas. Fueron dos las grandes figuras que capitanearon este renacer: Pierre Corneille y Jean Racine.

retrato de Racine

Retrato de Jean Racine

Si bien fue el primero quién inició el camino, corresponde a Racine (La Ferté-Milon, 1639-1699) su perfeccionamiento. Aunque estaba destinado a seguir la carrera religiosa, pronto optó por otra más rentable: integrarse en la Corte como panegirista del Rey Luis XIV, trabajo por el cual recibió una pensión que le permitió dedicarse a la literatura.

Sus primeras obras fueron estrenadas por la compañía de Molière, pero no debió quedar muy satisfecho de la labor de éstos, pues las siguientes fueron encargadas a otro grupo teatral. Ello motivó la enemistad entre ambos.

El teatro de Racine está constituido prácticamente en su totalidad por tragedias. Todas ellas muestran un esquema común: la pasión de los personajes mueve la trama, que suele centrarse en dos jóvenes cuyo amor es imposible por pertenecer a grupos rivales o por imposición del Rey. Formalmente, su estructura es sencilla y ajustada a las normas clásicas y los argumentos se extraen de la antigüedad.

Todos estos ingredientes se hallan en Andrómaca, estrenada en 1667 y que supuso la consagración definitiva de su autor. Su asunto procede de Eurípides y también había sido tratado por Virgilio en la Eneida y por el cordobés Séneca.

Foto de una obra de Racine

Representación de una obra de Racine

Durante la Guerra de Troya, Aquiles dio muerte a Héctor y ahora los griegos temen que el hijo de éste y de Andrómaca, Astianacte, quiera vengarlo. Por ello, envían a Orestes para que reclame a Pirro, rey de los troyanos, que le entregue al muchacho. Ante esta posibilidad y para salvar a su hijo, Andrómaca se ofrece a casarse con Pirro, que está enamorado de ella. Su idea es suicidarse inmediatamente después para seguir siendo fiel a Héctor. Pero Hermione, que a su vez ama al Rey, despechada, pide a Orestes que lo mate. Cuando éste ejecuta el magnicidio, los acontecimientos se disparan.

Como vemos, la fuerza trágica de la obra nace del propio devenir de los acontecimientos, que a su vez son impulsados por los sentimientos de los personajes. Ello se ve reforzado por la indudable capacidad dramática de Racine, dando lugar a una composición que ha resistido el paso del tiempo y aún hoy se estudia como ejemplo de tragedia perfecta.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Retrato de Racine: Descendance en Wikimedia | Obra de Racine: Conservatory Theater en Flickr

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