El Galán Fantasma de Calderón de la Barca

Resulta sorprendente para el lector ver cómo un mismo escritor es capaz de escribir obras de impresionante hondura dramática y comedias hilarantes. Sin embargo, éstos sucedía con Calderón de la Barca. El galán fantasma corresponde a las segundas, concretamente al género de comedias de capa y espada, piezas llenas de enredos y amoríos con desenlaces felices.

No deja de resultar extraordinario, a ojos del lector, el hecho de que un mismo literato pueda escribir los mayores dramas y también excelentes comedias. ¿Cómo pueden crearse obras de la hondura trágica de La vida es sueño o los autos sacramentales y, a la vez, enredos cómicos tan graciosos como, por ejemplo, Casa con dos puertas mala es de guardar?.

Foto de la casa de Calderón

Casa en que vivió Calderón de la Barca, en Madrid

Sin embargo, todo esto era capaz de hacerlo Calderón de la Barca, el más grande autor, junto a Lope de Vega, de nuestro teatro clásico. Y no deja de resultar curioso que ambos genios fueran como el haz y el envés de una moneda: al Lope mundano, vital, comunicativo y, por qué no decirlo, un poco ególatra, se opone el Calderón introvertido, discreto y volcado en sus trabajos intelectuales. No obstante, ambos cultivaron el mismo modelo teatral: la Comedia Nueva patentada por el primero.

Si Lope fue el iniciador del género, Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681) es su último representante de gran talla. Tras él, sólo quedaran algunos seguidores de mucho más baja calidad. Militar, secretario al servicio de nobles y, más tarde, sacerdote, legó una obra abundante y de excepcional calidad.

La producción cómica calderoniana se circunscribe a lo que se conoce como comedias de capa y espada, cuyo extraordinario éxito entre el público se explica por la combinación de intrigas amorosas, incontables lances y enredos, misterios y todo ello aderezado por conceptos como el honor o la sátira social.


A ella pertenece El galán fantasma, que pone en escena las aventuras de Astolfo, enamorado de Julia y acosado por ello por el duque, quién también la pretende. Para librarse de esta persecución, que pone en peligro su vida, el joven, herido por su contrincante, decide fingirse muerto. Entonces, comienza a visitar a su amada a través de un túnel secreto que da al jardín de la vivienda de ésta. Todos creen que quién visita a la muchacha es un fantasma, hasta que, tras un sin fin de peripecias y aventuras, el ardid es descubierto.

Foto de un monumento a Calderón

Busto en honor a Calderón de la Barca, en la fachada de la Biblioteca Nacional (Madrid)

Todo ello se desarrolla con la acostumbrada maestría técnica de Calderón, cuyo teatro se caracteriza, probablemente más que por ninguna otra cosa, por su perfección formal: ningún cabo queda suelto y ello no es nada fácil en obras con tantos enredos y lances.

Hoy, las cuestiones políticas o las convenciones sociales del siglo XVII nos importan poco, pero la risa es atemporal y, cuando una comedia es de calidad, la provoca por mucho tiempo que haya pasado desde su creación. Y muy pocas obras teatrales hay de la talla de las de Calderón.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Casa de Calderón: Carlos Viñas en Flickr | Busto de Calderón: Carlos Viñas en Flickr

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