Cervantes, un genio desdichado

Uno se pregunta cuánto habrá de autobiográfico en el Quijote. Y, a juzgar por la vida poco afortunada de su autor, diríamos que bastante. Lo que es indudable es que un hombre que recorrió Italia, luchó en Lepanto contra los turcos -de los que luego fue prisionero cinco años- y pasó varias veces por la cárcel, acumuló experiencias suficientes como para luego transmitirlas a su obra maestra.

Al leer el Quijote, uno no puede dejar de preguntarse cuánto hay de autobiográfico en él. Y es que si el ilustre hidalgo manchego vive toda una serie de aventuras bajo su disfraz de caballero, no menos accidentada fue la vida de su creador, el genial manco de Lepanto.

Monumento a Cervantes en Toledo

Monumento a Cervantes en Toledo

Miguel de Cervantes y Saavedra nació en Alcalá de Henares en 1547. Eran sus padres Rodrigo de Cervantes, cirujano de escasa fortuna a juzgar por los distintos lugares a que hubo de emigrar, y Leonor de Cortinas. De su juventud se poseen pocos datos. Se sabe que estudio en Madrid, en el estudio de Juan López de Hoyos. La primera noticia cierta que se tiene de él es que, en 1569 y a causa de un duelo con un tal Sigura, hubo de huir a Italia, enrolándose en el sequito del Cardenal Acquaviva. Ello le permitirá conocer de primera mano el arte renacentista.

El hecho más glorioso de su vida es, indudablemente, la Batalla de Lepanto –calificada por él mismo como ‘la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes ni esperan ver los venideros’-, en la que Cervantes, a bordo de la galera Marquesa y enfermo de fiebres, participa heroicamente, recibiendo varias heridas, entre ellas la que le deja inmóvil la mano izquierda.

De regreso a España, con cartas de recomendación para Don Juan de Austria en las que se recomienda que se le conceda el grado de capitán, es apresado por los turcos y recluido en Argel, penoso cautiverio que durará cinco años y cuya experiencia incluirá en relatos de cautivos como el famoso que aparece en el Quijote.


Una vez conseguida la libertad, se casa con Catalina de Salazar y se instala en el pueblo toledano de Esquivias. En 1587 lo encontramos por los pueblos de Sevilla como recaudador de trigos para la Armada Invencible. Precisamente como recaudador de impuesto sufrirá breve cárcel debido a unas cuentas poco claras.

Siguiendo a la Corte, en 1604, se instala en Valladolid, donde protagoniza otro episodio oscuro. Don Gaspar de Ezpeleta es acuchillado en una pelea nocturna a las puertas de su casa. Aunque la intervención de Cervantes –que ya por entonces había escrito la primera parte del Quijote– no está clara, va a parar, junto a algunos familiares, de nuevo a la cárcel.

Casa en la que vivió Cervantes en Valladolid

Casa en la que vivió Cervantes en Valladolid

En 1606 retorna a Madrid, de nuevo tras la Corte. Se inicia su periodo más prolifico. En esos años, escribe la segunda parte del Quijote, las Novelas ejemplares, el Viaje del Parnaso y Los trabajos de Persiles y Sigismunda, entre otras obras.

El genial manco muere en 1616 tras una vida accidentada, cargada de aventuras y desdichas, cuyas experiencias, sin duda, contribuyeron no poco a su estoicismo y a la creación de sus extraordinarias obras.

Podéis leer una amplia biografía de Cervantes aquí.

Fotos: Monumento a Cervantes: Francisco Javier Martín en Flickr | Casa de Cervantes: Ángeldp en Flickr

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